Si te interesa reflexionar sobre ciertos temas, dar tu propia opinión, conocer la de otros y debatirlas constructivamente, te invitamos a participar en este blog.
Elige el tema que te interese en la columna derecha, sección Temas tratados y escribe tu propia opinión.

~ Todos los temas están activos ~

Mostrando entradas con la etiqueta comunicación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta comunicación. Mostrar todas las entradas

¿Sirve para algo hablar?

La característica más notable que tiene la especie humana es la de hablar, es decir, la de comunicar la complejidad del pensamiento a sus semejantes. Sin el habla, no habría cultura ni civilización, ni tal vez inteligencia tal como la entendemos.
Sin embargo, a veces puede sorprendernos el hecho de que nuestras palabras no ejerzan efecto alguno sobre los demás, dándose el caso de repetir cientos de veces un mismo razonamiento o argumento a un interlocutor sin que este experimente el mínimo cambio en su posicionamiento inicial. Y esta peculiaridad de la mente humana no cambia en función de los conocimientos, experiencia o inteligencia del receptor. Entonces, es cuando nos preguntamos a nosotros mismos, ¿sirve de algo hablar?
______________
Para comentar este tema, vaya al final del artículo y pulse en comentarios.
Warrior:
Todos los animales se comunican bien con sonidos, gestos e incluso químicamente. El hombre es el único animal que habla, pero hasta la invención del lenguaje también lo hacía de esta manera, sin embargo es el lenguaje el que desarrolla el pensamiento y cuanto más profundo y complicado se hace más necesaria es la comunicación por medio del habla.
El hombre primitivo sólo con unas cuantas palabras podía cubrir sus necesidades, pues sus actividades se limitaban a la supervivencia. La cultura va ampliando el horizonte del hombre, descubriéndole nuevos caminos y consecuentemente la necesidad de tener un vocabulario más amplio para describir todo aquello nuevo que se le va desvelando. Todas sus experiencias, sentimientos y habilidades necesarias para su supervivencia las transmite por vía oral. Llega un momento en que con sólo la palabra no le basta, tiene que dejar constancia por algún otro medio que le permita transmitir con fidelidad lo que piensa y lo que sabe: por eso inventa la escritura.
Queda claro que el hombre habla para comunicar algo a otro hombre, por lo tanto las dos condiciones necesarias para hablar son que haya algo que comunicar y a alguien. Partiendo de estas premisas podemos considerar las dos partes de la comunicación: el que dice y el que o los que oyen. Debemos considerar también si lo que dice el que habla interesa a los que oyen y si lo hace con claridad, en el sentido de que expresa lo que quiere decir y si los que escuchan lo entienden.
Una de las dificultades de la comunicación es, precisamente, que no haya entendimiento entre las partes, bien porque el que dice no dice bien o el que oye no entiende. También hay que tener en cuenta que, a veces, se utiliza la palabra para comunicar temas que se escapan al lenguaje. ¿Cómo definir una sinfonía con palabras sin haberla oído? ¿Cómo hacerlo con un cuadro sin haberlo visto? ¿Cómo definir la belleza? Todos hemos oído la frase “no hay palabras para describir esto o aquello”
Como vemos ¿SIRVE PARA ALGO HABLAR? Es, como todo lo demás (parafraseando una película de Woody Allen) muy difícil de contestar pues hay tantos factores intervinientes que tendríamos que contestar DEPENDE.

La soledad


Los seres humanos somos sociales por naturaleza y esto significa que debemos reunirnos en grupos para sobrevivir y, en general, para optimizar y rentabilizar nuestras capacidades innatas.

La soledad continuada, por tanto, es un estado antinatural en el ser humano que suele producir insatisfacción y sufrimiento si no ha sido elegida libremente o efectos positivos si es el resultado de una decisión consciente.


En esta tertulia trataremos de comprender la soledad y, desde esa comprensión aportar soluciones para evitar o reducir sus efectos adversos y potenciar los positivos.
______________

Yack:
La vieja y probada fórmula que la Naturaleza emplea para obligarnos a cumplir sus deseos, que es lo mismo que decir nuestras obligaciones como seres vivos, consiste en administrarnos placer o dolor en función de nuestra conducta.

En su momento, la Naturaleza decidió que la especie homo sapiens debería organizarse en grupos sociales cohesionados y colaborativos porque así tendría más oportunidades de sobrevivir y prosperar. Una vez tomada la decisión, implementó en nuestro genoma una serie de mecanismos y habilidades que nos permitieran interactuar y comunicarnos eficazmente y, por último, unas pautas para producirnos placer y dolor en función de nuestra conducta comunicativa y social.

El ser humano no necesita conocer conscientemente el mandato de la Naturaleza que le exige comunicarse e interactuar con sus semejantes, porque ese conocimiento está implícito en sus genes y en lo más profundo de su mente y de su cultura. El ser humano, como el resto de los seres vivos, sólo tiene que seguir el instinto que le lleva a buscar el placer y a evitar el dolor y todo lo demás vendrá por añadidura.

Contemplando la soledad desde la panorámica que nos proporciona este modelo explicativo, es fácil deducir y comprender por qué el ser humano se siente desgraciado cuando vive en soledad y también por qué soporta tantas incomodidades e invierte tanto esfuerzo en procurarse compañía. También explica el hecho de que muchas parejas sigan unidas a pesar de que se detestan y sus existencias transcurren en una perpetua batalla. El dato que falta para comprender esas situaciones, aparentemente absurdas, es el mandato de la Naturaleza implícito en nuestros genes que nos impulsa a buscar la compañía humana y muy especialmente la de una pareja sexual, aunque esa búsqueda no sea, en sí misma, positiva para nuestra felicidad personal, sino más bien todo lo contrario. Y puesto que la Naturaleza no está interesada en nuestra felicidad personal sino en nuestra eficacia en cuanto piezas de ese complejo mecanismo que es la especie, se limita a infringirnos dolor cuando nos separamos de nuestra pareja o cuando quebrantamos nuestras relaciones con nuestros semejantes.

La plena satisfacción del instinto social en el ser humano necesita contar con una pareja del sexo contrario, de la compañía de sus propios hijos, de la aceptación de sus compañeros de trabajo, de la amistad de sus amigos, de la buena vecindad con las personas que viven a su alrededor, etc.

Y de la misma forma que no quedamos satisfechos comiendo un solo tipo de alimento, porque necesitamos una amplia variedad de nutrientes, también necesitamos mantener una buena relación con los distintos grupos humanos relevantes para el buen funcionamiento de la especie. Así, por ejemplo, en cada fase de nuestra vida sentimos con diferente intensidad la necesidad de una relación específica: cuando envejecemos la compañía de los nietos, cuando somos adolescentes, la de una pareja sexualmente atractiva, cuando somos pequeños, la de los padres, cuando adultos, la de los hijos y así sucesivamente. Uno o más buenos amigos pueden ayudar a combatir la sensación de soledad, pero no pueden suplir por sí solos a todos los tipos de compañía que necesitamos para que la Naturaleza apruebe nuestra conducta social y nos premie con la placentera sensación de la plenitud, en lo que a la asignatura de la sociabilidad se refiere.

En resumen, el malestar y la tristeza que produce la soledad, no siempre responde a necesidades objetivas y a causas reconociblemente lógicas, sino que es, en buena parte, el eco del mandato biológico y genético de mantener todos los tipos de relaciones que la Naturaleza ha previsto para el buen funcionamiento de la especie humana. Aunque en la sociedad actual, ya no resulta estrictamente necesaria la sociabilidad para sobrevivir, como ocurria en épocas pasadas, el mandato biológico sigue ahí, intacto, ajeno a los cambios e imponiéndonos su dolorosa servidumbre.

Como contraejemplo esclarecedor de la polimórfica necesidad de relación que posee la especie humana, debido a sus peculiares características, consideremos el caso de las especies cuyos miembros viven habitualmente en soledad. Estos animales, cuando llegan a ser adultos emprenden una vida en solitario y sólo buscan la compañía de una pareja del sexo opuesto en las épocas de apareamiento. Aunque no podemos saberlo directamente, sería legítimo conjeturar que estas especies solitarias sólo experimentarán la sensación dolorosa de “soledad” cuando llega la época de apareamiento. Cuando consigan una pareja, serán felices a pesar del coste que le supondrá el largo y costoso proceso de crianza que les espera. Sin embargo, estos animales no buscan pareja porque les sea rentable, sino porque sus genes le infringen dolor en tanto no cumplan el mandato de la Naturaleza que sólo está interesada, obviamente, en perpetuar la especie y no en procurar felicidad a los individuos.

Entrando ahora en el terreno práctico, nos preguntaremos qué razón hay para que algunos seres humanos se sientan solos aún estando en compañía. La explicación de ello, reside en que la Naturaleza no está interesa únicamente en que nos agrupemos como se agrupa una manada de antiíopes para defenderse o para resistir el frio. Dado que poseemos un gran cerebro y un avanzado sistema de comunicación, la Naturaleza nos exige que la comunicación sea eficiente, es decir, que interactuemos eficazmente con nuestros semejantes. Y sólo cuando lo logramos dejamos de sentirnos solos.

Si consideramos que la sociedad es un gran cerebro cuyas neuronas somos nosotros, necesitamos comunicarnos con las neuronas más afines, es decir, con aquellas que están especializadas en el tipo de información que nosotros transmitimos. De la misma que las neuronas en el cerebro no establecen conexiones arbitarias, sino siguiendo patrones complejos de eficacia, nosotros sólo somos recompensados cuando conseguimos establecer relaciones optimizadas y eficientes con las personas adecuadas.

El padre cuyos hijos no le prestan atención, ni obedecen sus mandatos, se siente solo ante ellos. El joven que no se relaciona bien con su grupo de amigos, se siente solo entre ellos porque no es capaz de interactuar eficazmente con el grupo. El trabajador que no hace bien su trabajo y que es ignorado en el seno de su propio grupo de trabajo, se siente solo.

En general, nos sentimos solos cuando no alcanzamos un nivel razonable de interacción eficaz con las personas que tenemos a nuestro alrededor. Y esa sensación penosa de soledad, es el castigo que recibimos por no hacer bien nuestro trabajo en el seno de la sociedad y también el acicate para que nos esforcemos por hacerlo mejor. Por lo general, las personas que tienen reducida su capacidad de relación, suelen sentirse solas en todos los ámbitos de la vida, aunque puede haber excepciones si poseen algún talento natural que, aliado con la suerte, les proporcionen un compañero idóneo para explotar sus peculiaridades personales. Por ejemplo, un aficionado compulsivo al cine, podría encontrar una pareja perfecta en otra persona que compartiera su compulsión. Sin embargo, los talentos exóticos rara vez encuentran rentabilidad en los ámbitos multicompañeros, como la amistad, el trabajo, los hijos, etc. salvo que el interesado se introduzca en grupos especializados, como clubes, foros, tertulias, etc. relacionados con su talento éxotico.

Llegados a este punto, conviene aportar algunas sugerencias a manera de soluciones prácticas de cara el tema que nos ocupa y para ello trataremos de responder a esta cuestión: Si la lógica y el sentido común no nos proporcionan, por sí solos, respuestas fiables a la hora de tomar decisiones en relación con la soledad, ¿qué respuestas nos aporta el modelo explicativo que hemos propuesto?
Desde este modelo, consideramos útiles las siguientes recomendaciones:

- Procurar tener relaciones eficientes en todos los ámbitos que nos sean propios, y no limitarnos al tipo de relaciones que nos sean más gratas en un determinado momento. Por ejemplo, podemos sentirnos irresistiblemente atraídos por una pareja sexual y abandonar una buena relación con nuestra pareja estable. A medio y largo plazo, puede ocurrir que seamos abandonados por la pareja más atractiva o perder el interés inicial hacia ella por efecto del paso del tiempo y quedarnos sin los beneficios de una pareja que proporciona una gama más amplia y variada de satisfacciones a largo plazo (compañera, madre, amiga, socia, etc.).
Un caso similar sería el de abandonar la relación con los amigos por una pareja sexual absorbente y cuando las emociones exacerbadas volviesen a su cauce, podríamos sentirnos solos en el ámbito de las relaciones con nuestros amigos.

- Procuremos buscar nuestras relaciones en los círculos donde predominen las personas que comparten nuestras habilidades, aspiraciones o ideologías. Si, por ejemplo, se es aficionado a la fotografía, introducirse en un club o foro de fotografía nos permitirá una interacción más eficiente con los demás en la que el intercambio de información sea más fluido y la colaboración más eficaz. Si la interacción con los demás es positiva y constructiva, se habrá conseguido el objetivo de la sociabilidad (intercambiar información relavante) y seremos recompensados por ello. Por el contrario, si nos relacionamos con personas de otro estatus social, con otros trabajos y aficiones, la interacción positiva será mucho más difícil de lograr y solo lo conseguirán aquellas personas con una gran eficiencia comunicativa.

- Procurar que las personas que se relacionan con nosotros reciban auténticas satisfacciones cada vez que entran en contacto con nosotros, en especial aquellas que nos resulten más rentables en términos de satisfacción. Esto significa que hemos de recapacitar sobre lo que hacemos mal, sobre lo que la otras personas prefieren, y planificar nuestras citas para que resulten experiencias gratas a nuestros acompañantes, como un prestidigitador se prepara a conciencia antes de presentarse a su auditorio para hacerles pasar un buen rato.

En esta tarea nos ayudará mucho grabar nuestros encuentros, nuestras conversaciones, nuestras interacciones con los distintos grupos con los que nos relacionamos y a partir de ese material, identificar qué es lo que hacemos mal y cómo podríamos mejorarlo.

El tiempo y esfuerzo que inirtamos en este trabajo de automejora, no será baldío sino la mejor inversión para el futuro. De la misma forma que un prestidigitador dedica buena parte de su vida a prepararse para sorprender y divertir a los demás, el esfuerzo de preparación de la relación nos ayudará a ser mejores prestidigitadores de la relación y los beneficios colmarán con creces todas nuestras expectativas y recompensarán ampliamente nuestra inversión en esfuerzo de estudio y preparación.

Tengamos en cuenta, que pese a lo sencilla que pueda parecer, la relación humana es la actividad más compleja y dificil que realizamos y de su eficacia depende directamente nuestra felicidad y plenitud mental.

- Evitar agotar a las personas con las que nos relacionamos exigiéndoles demasiado sacrificio por el largo tiempo que pasamos con ellas. Por ejemplo, si sólo tenemos un amigo, debemos ajustar el tiemplo que pasamos con él en función de sus necesidades y no de las nuestras, si no queremos perderlo. Tratemos de actuar de la forma que más placer proporcionamos a los demás y la Naturaleza se encargará de recompensarnos a nosotros.

- No exigir a nadie la propia compañía. En su lugar, hacer lo necesario para atraer a los demás hacia nosotros volviendo nuestra conducta y personalidad más atractivas. Además este esfuerzo nos servirá para desarrollar nuestras habilidades sociales.

- Recurrir a sistemas alternativos para cubrir los déficits de amistad sin atosigar a nuestras amistades, familiares y demás personas con las que nos relacionamos. Internet, la radio, los libros, salir a la calle y pasear, etc. son actividades sanas que pueden colmar en buena parte nuestras necesidades de compañía en un mundo muy diferente al que dió lugar a nuestras pautas sociales. No sobrecarguemos a las escasas amistades que tenemos con nuestra insatisfecha necesidad de relación. Esta conducta podría llevarnos a agravar el problema ahuyentando a las pocas personas que aceptan nuestra compañía de buen grado.

-Todos los placeres humanos tienen un periodo de duración óptimo, sobrepasado el cual, se reducen y cambian de signo. De la misma forma que comer puede convertirse en un sufrimiento si se excede la dosis adecuada, el exceso de relación puede volverla desagradable y hacerla repudiable. Procuremos estar atentos a los signos de cansancio de nuestros compañeros y retirémonos a la primera señal o antes incluso de que esta se produzca. En pocas palabras: no seamos pesados y aprendamos a dosificar la relación con los demás. Un problema que suelen presentar las personas que se relacionan mal es que sobrecargan a las pocas personas que tienen a su alcance y las agotan, alejándolas de sí y agudizando su problema de relación.