¿Debemos aceptar a los demás tal como son?
En no pocas ocasiones hemos oído sentencias , refranes, anatemas y opiniones, supuestamente autorizadas, en las que se nos exhorta a aceptar a nuestros amigos, familiares, parejas e incluso hijos “ tal como son ”. Y se apostilla que sólo así podemos “ respetarlo s” en su compleja y poliédrica integridad personal. Sin embargo, en la práctica real, todos invertimos mucho esfuerzo en hacer todo lo contrario de lo que predicamos, es decir, en intentar cambiar a los demás y en evitar que los demás nos cambien a nosotros. ¿Por qué? La razón de esta aparente paradoja hay que buscarla en un hecho simple: Nos resulta útil repetir continuamente este mensaje para que las personas que nos rodean, lo oigan, lo crean y nos lo apliquen a nosotros mismos. Sin embargo, rara vez formulamos la conveniencia de “no dejarse cambiar por los demás” sino que aplicamos nuestras más sutiles habilidades a la tarea permanente de cambiar a los demás, procurando, eso sí, que no sean conscientes de ello , para ...