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Capitalismo versus socialismo

El capitalismo y el socialismo siguen siendo los dos grandes modelos económicos políticos y sociales que perviven y coexisten en las sociedades modernas.
Aunque ambos sistemas se han visto obligados a atemperar sus postulados fundacionales, siguen representando dos visiones enfrentadas de la forma en que debe gobernarse la sociedad humana.
En esta tertulia trataremos de comparar ambos modelos a la luz de la experiencia histórica y del funcionamiento actual de las sociedades modernas.


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Material de estudio
http://www.jorgevalin.com/weblog/2005/04/libre-para-elegir-videos-de-friedman.html
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Yack:
Los animales más simples nacen con un cerebro completamente configurado y programado para llevar a buen término su proyecto de sobrevivir y perpetuar la especie dentro de un hábitat específico.
Sin embargo, la Naturaleza no se ha detenido ahí y ha diseñado nuevas especies dotadas de un cerebro de mayor tamaño y complejidad. La avanzada arquitectura de estas mentes les faculta para adaptarse con mayor flexibilidad a un entorno cambiante y hacer frente con éxito a un mayor abanico de desafíos relacionados con la supervivencia.
En la cumbre de esta nueva estrategia seguida por la Naturaleza se encuentra el hombre cuya mente, además de heredar las rutinas automáticas de comportamiento emocional de sus predecesores evolutivos, incorpora una amplia extensión hardware envolviendo al núcleo primitivo. Esta extensión está configurada para soportar, explotar y perfeccionar el software cultural generado por la interacción intelectual de los miembros de la comunidad humana, lo que confiere a la especie humana una eficacia nunca vista sobre el planeta.
La sociedad humana, la cultura y la tecnología han sido desarrolladas en el interior de esa nueva capa cerebral especialmente diseñada para resolver nuevos desafíos y encontrar soluciones generales para multitud de problemas diferentes.
La economía, por ejemplo, es un nuevo desarrollo fenomenológico gestado en la mente humana en respuesta a la necesidad de optimizar la producción y distribución de los bienes de consumo que demanda la comunidad humana.
Volviendo nuestra atención al fenómeno económico, descubrimos de inmediato que ha sido la especialización la estrategia que la Naturaleza ha empleado al diseñar el modelo económico humano. Pero la especialización implica la acumulación asimétrica de los bienes de consumo y exige un complejo y eficaz sistema de redistribución.
Pero la tarea de producir y redistribuir los bienes de consumo en una sociedad que ha pasado en poco tiempo de las estructuras tribales formadas por unas decenas de miembros, a grupos de millones de individuos en las sociedades modernas, ha supuesto todo un reto para la especie humana. Para conseguirlo, ha sido necesario generar un sistema de normas y leyes que optimizan y hacen posible ese complejo proceso de intercambio. Estas normas, en continua evolución y autorremodelación han sido ideadas, probadas, refinadas y puestas en servicio en el área más reciente y flexible de la mente humana.
Sin embargo, todo el software social que hemos desarrollado en los últimos milenios, se basa en las rutinas de supervivencia heredadas de nuestros antepasados reptiles. Y esto es así, porque esas arcaicas rutinas han sido probadas y desarrolladas durante cientos de millones de años y, por lo tanto, son más fiables que las últimas adquisiciones culturales que, en algunos casos, apenas tienen más de medio siglo y no dejan de ser tanteos especulativos. La Naturaleza es, por necesidad, conservadora y por eso, nuestro poderoso neocortex y su sofisticado software cultural, está comandado y regulado por las emociones que son, en definitiva, nuestro más valioso conocimiento genético donde residen, inmutables, las instrucciones ancestrales que la Naturaleza ha dado a cada especie: sobrevivir y perpetuarse.
Así, por ejemplo, el concepto de propiedad privada en el que se basa nuestra economía, está anclado sobre el de territorialidad reptiliana, que a su vez ha sido codificado con carácter indeleble en nuestras estructuras neurológicas más profundas.
Capitalismo es el nombre que recibe la forma de organización económica de las sociedades desarrolladas que ha surgido, por evolución social, a partir de las características básicas de la mente humana, de sus sentimientos y motivaciones más profundas.
Se basa fundamentalmente en el deseo instintivo de poseer con exclusividad, acumular para el futuro incierto y ocupar el puesto jerárquico más elevado en el grupo social. Adicionalmente integra y compatibiliza, hasta donde es posible, estos instintos de egoísmo individualista con aquellos otros de naturaleza altruista y colaborativa necesarios para sustentar una convivencia pacífica y productiva, propia de los animales sociales. Nos referimos a los acuerdos tácitos o explícitos entre miembros del grupo, las normas morales y éticas, la justicia, etc. que hacen posible una convivencia colaborativa, imprescindible para el progreso social.
El marxismo, por el contrario, surgió a partir de un estudio simplista e ingenuo de la realidad social y económica del siglo xix, en el que se llegaba a la conclusión de que los problemas sociales se podrían solucionar repartiendo equitativamente la riqueza existente y dejando en manos de una voluntad bienintencionada (el estado) la toma de las decisiones que venían produciéndose automáticamente en el seno de la sociedad por libre juego de las fuerzas económicas.
La conocida frase “a cada uno según sus necesidades y de cada uno según sus capacidades”, abría las puertas a una realidad utópica que chocaba frontalmente con la naturaleza humana y pulverizaba la estructura económica que se había gestado espontáneamente y perfeccionado durante milenios de evolución.
Con el nuevo modelo, ingenuamente justiciero, y alimentado por la envidia y el rencor reprimidos de los trabajadores hacia los empresarios (o más exactamente de los débiles hacia los fuertes) , se inició un movimiento de ingeniería social que pronto se convirtió en sangriento cuando encontró los primeros obstáculos insalvables a su avance.
El nuevo sistema marxista ignoraba todas las conquistas del hardware y software humano a lo largo de miles, por no decir, cientos de millones de años y lo sustituía por un modelo artificial basado en una visión simplista de la realidad que, en resumidas cuentas, primaba la mediocridad y castigaba la excelencia so capa de restablecer la justicia suprema. Cuando se puso de manifiesto que el nuevo modelo no funcionaba, se empezó a buscar y a identificar culpables y saboteadores tras lo cual, el sistema se convirtió en una maquinaria política que desembocó en una masacre de disidentes y finalmente se consolidó en una dictadura del pensamiento que los supervivientes tuvieron que aceptar de buen o mal grado.
Retrospectivamente, y con la ayuda de los conocimientos y la experiencia adquirida en el último siglo, tanto en la comprensión de la naturaleza humana como en los resultados económicos arrojados por el nuevo modelo marxista, podemos sacar la siguiente conclusión:
El gran error conceptual del marxismo, que todavía anida en la mente de gran parte de los ciudadanos de las sociedades capitalistas, está en no darse cuenta de que la riqueza no es algo que hay que repartir sino algo que hay que crear con el trabajo y, sobre todo, mediante el desarrollo y aplicación del conocimiento técnico. Es decir, la riqueza económica tiene que ver más con la capacidad tecnología para desarrollar soluciones cada vez más eficaces y de menor coste que en repartir la riqueza existente. Por sorprendente que les pueda parecer a algunos, una vez que el bien existe, se reparte automáticamente porque un bien sólo es útil si es usado por un consumidor y, por lo tanto, no tiene sentido ni utilidad acumular riqueza por tiempo indefinido.
Los marxistas ven la economía como un problema de reparto equitativo más que un problema de producción y sacrifican la productividad en aras de la justicia distributiva, ignorando el hecho de que la distribución se produce espontáneamente de la mejor forma posible, es decir, de aquella que más beneficia al proceso productivo.
Por el contrario, el capitalismo ve a la economía como un terreno improductivo que hay que cultivar de forma inteligente para sacarle el mayor rendimiento posible confiando en que el reparto se producirá por sí solo. Y la única forma de conseguir que la producción aumente es permitir que cada uno se beneficie del fruto de su propio trabajo.
Como ya se ha dicho, la riqueza de una sociedad moderna surge fundamentalmente de los conocimientos tecnológicos que posea más que de su fuerza del trabajo, como queda demostrado si comparamos países como Nigeria y Alemania, cuya única diferencia significativa es su nivel de conocimientos tecnológicos y no la fuerza de trabajo.
Un caso paradigmático del concepto moderno de riqueza nos lo proporcionan los ordenadores. Pocas invenciones humanas han contribuido tanto a la riqueza de una sociedad como los ordenadores, capaces de realizar enormes cantidades de cálculos a bajo coste y sin que apenas intervenga el trabajo humano. En solo cincuenta años, se ha pasado de una docena de ordenadores gigantes que consumían la electricidad de una pequeña ciudad a cientos de millones de pequeños ordenadores que tienen el consumo de una bombilla y son cientos de miles de veces más potentes que sus antecesores. Este es el ejemplo más claro del modelo económico real basado, más en el progreso tecnológico que en el concepto tradicional de fuerza de trabajo medido en hombres-hora.
A estas alturas, se sabe sin género de dudas que la autentica riqueza de las sociedades humanas está basada en el nivel de conocimientos técnicos acumulados y no en la fuerza del trabajo ni en las materias primas, que si bien siguen siendo necesarias, cada vez representan una proporción más exigua de la riqueza generada.
Resumiendo todo lo anteriormente dicho, el capitalismo en sus diferentes formas es la forma más eficiente de crear riqueza y de distribuirla. La diferencia económica que crea en la sociedad es justamente el gradiente o diferencia de potencial que se necesita para mantener el generador económico funcionando a pleno rendimiento. Esto es así porque la envidia y el afán de emulación y ascenso social que está en el núcleo de nuestra naturaleza humana se ve estimulado en una sociedad donde cada individuo está en el lugar al que ha conseguido escalar con su esfuerzo personal. Una sociedad tutelada por una entidad omnipotente y despótica que se dedica permanentemente a pasar la cuchilla de la igualación, quitando a los que más tienen para regalárselo a los que menos tienen, desincentiva por igual a los individuos más productivos y los más pasivos.
Una última cuestión nos queda por tratar: la solución que un capitalismo racional y moderno proporciona para los casos más extremos y dramáticos de desigualdad social que afectan a personas enfermas, discapacitadas o que han tenido mala suerte.
Afortunadamente vivimos en una sociedad opulenta en la que hay tanta riqueza que podemos destinar fondos para solucionar los casos más dramáticos. La solución pasaría por proporcionar a los ciudadanos más desfavorecidos, y de forma gratuita, educación, asistencia sanitaria y vivienda, es decir, los mínimos necesarios para que puedan llevar una vida digna y tener las mismas oportunidades que sus conciudadanos para superar su situación de inferioridad económica y social.
Sin embargo, políticas falsamente sociales como rifar pisos a mitad de precio entre los ciudadanos que cumplan ciertos requisitos arbitrarios, costeando estos dispendios con el dinero del resto de ciudadanos menos afortunados o que incluso pueden estar, económicamente, por debajo de los afortunados, son vestigios lamentables de ese intento fracasado del marxismo utópico, basado en una visión miope y simplista de la una realidad compleja.
El mejor sistema económico es aquel en que el estado sólo interviene para solucionar los casos extremos y para evitar la formación de fenómenos que coarten la libertad de mercado, tales como monopolios, delincuencia, mafias, etc.

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Warrior:

El hombre necesita trabajar para transformar la naturaleza de acuerdo a sus necesidades. Las riquezas de la naturaleza no sirven para nada sin el trabajo del hombre. Es el trabajo lo que da valor a las cosas. Si no existieran trabajadores que extraigan los minerales ni que cultiven las tierras, ¿para qué servirían unos y otras?
El trabajo del hombre va perfeccionándose a medida que transcurre la historia. Por un lado aumenta la habilidad y destreza del trabajador y, por otro, van perfeccionándose los instrumentos de los que se vale. De los instrumentos de piedra se pasa a los instrumentos de metal en los pueblos primitivos. De los instrumentos manuales se pasa a las máquinas en el capitalismo. El perfeccionamiento de los instrumentos de trabajo trae como consecuencia el aumento de la productividad, pero también la forma en que se trabaja. En la edad media, los siervos trabajaban de sol a sol con unos instrumentos simples, como palas, azadones, arados de palo, etc. y lo hacían para su señor y también en su pequeño huerto para sus necesidades.
Hoy, en el sistema capitalista, son obreros agrícolas que manejan tractores, trilladoras y otras máquinas propiedad de su patrón y tienen unos salarios y jornadas establecidas. Basadas en este desarrollo de los instrumentos de trabajo se crean determinadas relaciones entre los hombres a través del proceso de producción.
Cuando los instrumentos eran muy rústicos, como herramientas de piedra y el arco y la flecha, los hombres no tenían más remedio que cooperar entre sí, con lo cual los instrumentos de producción eran de propiedad común, así como los productos. Es decir, era un comunismo primitivo. Conforme se avanza con nuevos instrumentos, pasando de la piedra al metal, aumenta la productividad y se comienza a producir más de lo que se necesita.
Esto da lugar a que algunos hombres se apoderen del excedente y pueda obligar a otros a trabajar para él. Es a partir de aquí cuando surge la explotación del hombre por el hombre, siendo reemplazada la propiedad social de los medios de producción por alguna de las diversas formas de propiedad privada. Por ejemplo, es el caso del amo que es el dueño de la tierra y del esclavo que es un instrumento de trabajo más. Como el esclavo no tiene ningún interés en el trabajo y produce poco, se pasa al modelo feudal, en que el campesino tiene un trozo de tierra para él y trabaja para su señor. Otro modelo sería el tributario, en el que las tierras son del estado y los campesinos pagan un tributo. En fin, con estos ejemplos se ve que las relaciones que se establecen entre los hombres a través del proceso de producción dependen en gran medida del tipo de medios de trabajo que se empleen para producir.
En el comienzo del capitalismo el proceso de producción toma la forma de la manufactura. Un propietario dueño del local y de los instrumentos de trabajo contrata a un número de obreros para hacer un producto. En un principio cada trabajador hace todo el proceso de elaboración. Por ejemplo, si se trata de zapatos cada obrero hace el zapato. Antes el artesano hacía el mismo trabajo pero por su cuenta. Juntando a los trabajadores en un mismo local se produce más. Pero la lógica del capital es el aumento de la producción para que aumenten las ganancias. Para ello introduce la división del trabajo, haciendo cada obrero una parte del producto. Uno corta el cuero, otro hace las suelas, etc. Con esto aumenta la producción, pero el trabajador ya no controla el producto. Un paso más es la introducción de las máquinas, dando lugar a los talleres y las fábricas. Con esto llegamos al siglo XIX y a lo que se llama la revolución industrial. Comienza la producción en serie, con el menor coste posible y el mayor beneficio. Para ello se explota a los hombres, mujeres y niños. Las jornadas son agotadoras, de 10 ó 12 horas, los salarios de miseria, las condiciones de trabajo son terribles, los barrios obreros son miserables y existe gran desigualdad social.
Al observar estas condiciones empiezan a surgir los primeros anarquistas y socialistas: Godwin, Proudhon, Fourier, Saint-Simon, Owen, Bakunin y sobre todos, Marx. Los primeros socialistas son llamados por Marx socialistas utópicos. Fourier propone los falansterios, que son comunidades de obreros y empresarios que se reparten los beneficios. Owen crea las cooperativas de producción y distribución Todas estas alternativas fracasan.
Marx llama a su socialismo socialismo científico. Marx y Engels crearon el materialismo dialéctico y el histórico. Más tarde Lenin lo desarrolló. El materialismo dialéctico se apoya en los datos, resultados y avances de la ciencia, por lo que Marx es el primero en hacer un estudio científico de la sociedad. Sus aportaciones principales son su teoría del valor y la de plusvalía.
Marx se da cuenta de las contradicciones de la sociedad capitalista. La mayor contradicción es que a medida que se desarrolla y expande el capitalismo se va agudizando la diferencia entre el carácter social de la producción (grandes fábricas con miles de trabajadores) y la forma privada de apropiación capitalista.
Otra contradicción se da entre la organización de la producción dentro de la fábrica y la anarquía de la producción en el seno de la sociedad. Es decir, que como el sistema capitalista consiste en producir más, llega un momento que lo que se produce no lo puede absorber el mercado, produciéndose entonces la quiebra de muchas empresas
Por último, se da la contradicción entre el volumen de la producción y las posibilidades de consumo de la población y la contradicción entre el tipo de productos que se fabrica y las necesidades de los consumidores. Cada vez se produce más, pero para producir barato y poder competir, los salarios deben ser bajos. Entonces el mercado se reduce, pues los trabajadores pueden consumir menos. Pero los capitalistas para obtener más ganancias se dedican a producir productos de lujo: perfumes, cosméticos, automóviles caros, etc. dejando de lado la producción de mercancías necesarias como ropa barata, alimentos, etc.
Como consecuencia de lo dicho, para Marx la única salida es el socialismo con el cual se conseguiría que los medios de producción pertenecieran a los trabajadores y la riqueza se repartiría entre todos.