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La envidia

La envidia es un sentimiento presente en la casi totalidad de las relaciones humanas, y si esto es así, cabe preguntarse por qué y para qué existe la envidia y, en el terreno práctico, cómo evitar sus efectos negativos.


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Yack:
La capacidad de progresar rápida e ilimitadamente es la característica -que sólo se da en la especie humana- que nos ha otorgado la supremacía absoluta sobre el resto de las criaturas vivientes que pueblan el planeta. Pero para poder progresar es necesario que nos sintamos permanentemente insatisfechos con nuestra situación actual, cualquiera que esta sea, y tanto más insatisfechos cuanto más baja sea nuestra posición respecto al nivel medio de la comunidad de la que formamos parte.
La Naturaleza ha configurado nuestras mentes para que no nos resignemos a nuestro estado actual y aspiremos siempre a mejorarlo, y una de las formas en que percibimos ese mandato genético es la envidia.
Según esto, la envidia es una sensación dolorosa, como el hambre, el miedo o el cansancio que nos empuja a realizar una determinada acción (comer, huir, descansar...) que calma esa sensación dolorosa. El remedio para superar el dolor que produce la envidia es la equiparación con aquel al que envidiamos, que puede conseguirse mediante la obtención del bien o estado que el otro posee o disfruta o, alternativamente, privándolo de él o menoscabándolo de algún modo.
Así pues, la envidia no es un sentimiento negativo del que tengamos que avergonzarnos, sino un impulso interior, programado en nuestros genes por la Naturaleza para hacernos avanzar en nuestro progreso social, cultural y tecnológico. Por ejemplo, si envidiamos una lujosa vivienda, tendremos que esforzarnos en nuestro trabajo para ganar más dinero y así conseguir nuestro deseo, pero para hacerlo, tendremos que mejorar nuestro rendimiento en la actividad que constituye nuestra especialidad dentro de la sociedad. De esta forma, habremos contribuido, indirectamente, a mejorar la sociedad a la que pertenecemos, como consecuencia de dejarnos llevar por un sentimiento (la envidia) que aparentemente podría parecer negativo.
Existe un sentimiento complementario que se conoce como “presunción” o “alardeo”, que proporciona placer cuando despertamos la envidia de los demás, al que nos entregamos exhibiendo nuestras propias excelencias y bienes más codiciados.
Ambos sentimientos (envidia y presunción) producen placer o dolor según sea el extremo en el que nos encontremos, pero en ambos casos nos estimula a superarnos y elevarnos en la escala social, que es lo que busca la Naturaleza, interesada únicamente en el progreso de la especie a través del estimulo del progreso individual.
Añadiré que la envidia también tiene un lado oscuro y perverso y es que algunas personas tratan de equipararse a la persona envidiada rebajando los meritos de esta en lugar de aumentar los suyos, porque les parece más fácil y asequible este camino. Por ejemplo, si el vecino se ha comprado un automóvil lujoso, la envidia “sana” podría llevar a los demás a esforzarse en su trabajo para comprarse otro automóvil equivalente, pero también podría desatar la envidia “mala” y bajo su influencia alguien podría arañar la carrocería del flamante automóvil aprovechando la impunidad de la noche.
A nivel práctico, conviene prestar atención a ese aspecto perverso de la envidia que tiene como objetivo dañar nuestro prestigio o privarnos de alguno de los bienes que despiertan la envidia ajena.
Para una vida más satisfactoria, propongo el cultivo de la modestia a través de las siguientes recomendaciones:


1 Nunca hablar bien de uno mismo (o de personas allegadas) ni recrearse en contar historias de éxitos propios, o hacer público inventario de nuestras riquezas y pertenencias más codiciadas.


2 Cuando alguien nos relate sus propias hazañas, no interrumpirlo continuamente para contar las nuestras, sino poner empeño en mostrar interés y admiración por las suyas. Esta es una de las formas más sencillas, económicas y eficaces de proporcionar placer a los demás (y ganarse su afecto), puesto que nuestros semejantes disfrutan mucho más dando envidia que recibiéndola. Además, este entrenamiento rebajará nuestro nivel de envidia y con ello el dolor y estrés que nos infringe.


3 Si se ha hecho algún trabajo en equipo, alabar los méritos de los demás y no mencionar los propios. En agradecimiento, los demás valorarán los nuestros y esto nos dará mayor prestigio, sin la dosis de envidia y desprecio que despertaría la autoproclamación.


4 Cuando se discuta con alguien de cualquier tema y se mantenga posiciones antagónicas, fijarse el objetivo personal de dirigir la conversación de tal forma que se haga hincapié en los puntos de coincidencia y se eviten los de confrontación. Cuando hay enfrentamiento dialéctico, tanto si vencemos como si somos derrotados, se pierde la estima del interlocutor, ya sea por envidia (si ganamos) o por desprecio (si perdemos).
Así que la técnica a seguir es incidir en las coincidencias y evitar los puntos conflictivos o tratarlos desde una altura en la que se superen las diferencias. Cualquier discrepancia puede disolverse elevándose lo suficiente en la escala de la abstracción.
Por ejemplo, en una discusión política sobre derechas e izquierdas, todo el mundo estará de acuerdo en que… “son dos concepciones ideológicas que se complementan y se necesitan mutuamente para autoperfeccionarse”, que aunque sea una expresión carente de significado, tiene la virtud de calmar los ánimos debido a que puede ser asumida por todos sin por ello violentar las propias convicciones.


5 Utilizar nuestra inteligencia para poner al descubierto los valores de los demás y en agradecimiento, ellos se encargarán de elevar nuestra cotización, porque cuanto más prestigio tengamos, por extensión, mayor será el suyo puesto que ya le manifestamos nuestra admiración. Así que, al declararnos aliados de los demás, conseguiremos su apoyo incondicional y generoso.


6 En las conversaciones en las que haya más de un interlocutor, evitar en lo posible las alabanzas individuales que puedan despertar suspicacias y envidias. De resultar inevitable, cuidar de hacerlo equitativamente para que nadie se sienta perjudicado.


11 comentarios:

  1. Jab7:11

    Sobre la envidia.
    En mi opinion, la causa de la envidia estaria en los deseos del ser humano. Cuando uno desea algo que no tiene o que no puede conseguir y sin embargo el vecino si lo tiene, se sentiria envidia del vecino.
    La envidia denotaria una falta de aceptacion de la realidad y de si mismo.
    ¿Que es mas util para la persona gastar energias preoucupandose por lo bien que le va al projimo o dedicar sus esfuerzos en conseguir una vida mas satisfactoria?

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  2. De acuerdo con tu análisis sobre lo que es la envidia. Ahora trataré de contestar a tu pregunta:
    La envidia no es una elección sino una imposición por parte de la Naturaleza, como lo es el hambre, el miedo o el cansancio. No podemos elegir ser o no ser envidiosos. Lo único que podemos elegir es cómo comportarnos cuando envidiamos algo.
    Hay tres posibilidades: La primera es la que tú propones, es decir, no hacer nada y tratar de pensar en otra cosa, la segunda es intentar desacreditar o perjudicar a la persona que envidiamos y esto sería “envidia mala” y la tercera es hacer un esfuerzo de emulación para llegar a tener lo que envidiamos y así eliminar el motivo que provoca la envidia.
    La idea de la Naturaleza, al insertarnos el sentimiento de la envidia, es que hagamos lo tercero.
    ¿Para qué? Pues para que progresemos, para que no nos conformemos con lo que tenemos nunca. Ahora bien, como individuos tal vez nos resulte más práctico “pasar del tema” y dedicarnos a ser felices a nuestra manera como tú pareces proponer. Sin embargo, la Naturaleza no está interesada en que seamos felices, sino en que progresemos, aún a costa de nuestra felicidad. De hecho, la Naturaleza utiliza la envidia como una zanahoria para estimularnos a girar la pesada rueda del progreso.
    Así que, a nivel práctico, lo mejor sería ignorar los aguijonazos de la envidia, si es que podemos, en lugar de entregarnos a una persecución indefinida de zanahorias que aparecen y desaparecen en el horizonte. Así tendríamos más opciones de ser felices, pero no ayudaríamos mucho a la Naturaleza en su plan maestro. La cuestión es que no todo el mundo tiene capacidad y voluntad para sustraerse a los mandatos de la Naturaleza.
    Saludos.

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  3. Aunque mi comentario terminaba con una disyuntiva en forma de interrogación, para mi la opción era clara. Mi opción era la segunda, es decir, esforzarse en conseguir objetivos propios, sin estar tan pendiente del ser envidiado.
    Que lo que cause envidia suponga un acicate para actuar, no lo niego. Pero los caminos a seguir pueden ser diferentes ante la situación que causa envidia.
    a) Uno puede quedarse en lamentaciones, hablando de mala o buena suerte, de injusticias, tratar de perjudicar al envidiado . Esto es lo que yo entiendo realmente por envidia.
    b) Uno puede analizar la situación y razonadamente optar por:
    1) Reconocer la envidia y tratar de olvidarse del asunto porque se juzga muy difícil o ilusorio conseguir lo que se desea.
    2) Puede actuar para tratar de conseguir lo que envidia, pero si es después de un razonamiento lógico, ya no se movería tanto por envidia como por una decisión propia.
    Una cosa diferente sería la competencia, cuando lo que se disputan bienes escasos. Hay habría enfrentamientos, guerras etc.

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  4. warrior20:02

    XSi vamos al orígen de la palabra del latín "invidia", derivada de "invidire", mirar con malevolencia, no parece que sea precisamente la envidia una virtud.
    Yack dice que la envidia es un componente biológico y necesario para el progreso. Yo no estoy muy seguro de que sea así. Es verdad que es raro que el ser humano no tenga envidia, pero deducir de esto que sea biológico me parece un paso atrevido. Habría que considerar si en otro sistema educativo y social el hombre tendría este sentimiento.

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  5. Aún estando de acuerdo con Jab y Warrior en sus apreciaciones, me gustaría matizar mi teoría sobre la envidia:

    El RAE define la envidia como:
    1.f. Tristeza o pesar del bien ajeno.
    2. f. Emulación, deseo de algo que no se posee.

    Y creo que con este doble significado recoge, en primer lugar, la percepción subjetiva de lo que es la envidia (dolor causado por el bien ajeno) y, por otro lado, la función práctica que este dolor tiene (emulación).
    La Naturaleza no suele proporcionarnos “dolores” porque sí, por puro sadismo, porque la Naturaleza no es mala ni buena, sino únicamente eficaz. Cuando nos inculca algún tipo de dolor generalizado, siempre lo hace para inducirnos a hacer algo que nos conviene hacer, ya sea como individuos o como miembros de una especie. Y cuando lo hacemos, el dolor es reemplazado por un efímero placer para que guardemos un buen recuerdo de nuestra acción y volvamos a repetirla cada vez que se presente una situación similar.
    Tal vez la envidia no nos ayude mucho a ser felices, como individuos, en cuanto que nos produce una perpetua zozobra e insatisfacción, pero sí que nos ayuda como miembros de una especie a progresar colectivamente. Es parte del precio que hay que pagar por ser los reyes de la creación.
    No sé si existe alguna comunidad donde no se conozca la envidia, pero estoy convencido de que si esa comunidad existe, estará entre las más pobres y atrasadas. Sin embargo, no descarto que aunque su esperanza de vida no supere los 30 años y no sepan con seguridad si en el día que transcurre comerán o serán comidos, sean más felices que nosotros.
    Pero, como ya he dicho, la Naturaleza no está interesada en hacernos felices, sino en hacernos prosperar y crecer sin límite.
    En cuanto a si la envidia es de origen genético o social, no podría asegurarlo pero la envidia existe en los primates y es probable que tenga una componente genética y otra social, como casi todos nuestros sentimientos. La genética marca la pauta y aporta el mecanismo neuronal subyacente y la social la ajusta en magnitud y dirección a las circunstancias ambientales para hacerla más eficaz.

    Saludos.

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  6. Anónimo23:53

    LA envidia???? qué palabra, qué palabrota!!!!!!
    La envidia es el dolor, el llanto de no tener lo que tiene la otra persona...
    Tal vez nos asustamos de experimentarla, más bien es una palabra que escandaliza. Creo que lo más sano es reconocer que sientes envidia y no consentir ese sentimiento. Somos seres humanos, sentimos, el sentimiento no es bueno ni malo, pero lo sentimos...
    Ahora, la envida peligrosa es cuando te deshumaniza y te lleva a actuar en contra de la otra persona y sacar lo peor de ti.

    Lissette

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  7. Bien dices Lissette, ¡que palabrota!

    Un aspecto curioso e interesante de la envidia es que nadie admite sufrirla, aunque la atribuye fácilmente a los demás.

    La razón de ello es que, admitirlo, es equivalente a aceptar públicamente nuestra inferioridad jerárquica en relación al envidiado.

    Estamos programados para luchar por ascender en la escala jerárquica (en ello nos puede ir la vida o, en las sociedades más ricas, el confort) y aceptar nuestra inferioridad es una pésima táctica, porque los demás tomarán nota y esa información les ayudará a pasar por encima de nosotros.

    En cierta ocasión oí decir a un auxiliar administrativo, ante la convocatoria de un examen para un ascenso, que a él no le interesaba ascender a jefe de sección porque prefería ser un buen auxiliar administrativo.

    Naturalmente nadie lo creyó, pero a todos nos quedó la duda de si realmente su puesto actual era una elección y no sólo el reflejo de su incompetencia.

    Fue su forma de decirnos: No os confundáis, a pesar de lo que parece, yo soy superior a vosotros aunque no ejerza esa superioridad, porque no me interesa.

    Es como si un mono dijese a los demás: Yo soy tan fuerte como el jefe del grupo, aunque esté en la última posición del escalafón jerárquico pero, ¡cuidado con atacarme porque os encontrareis con todo mi poder latente!

    En fin, que la negativa a aceptar que se es envidioso sólo es otra forma de negar que el lugar que se ocupa es el reflejo de las propias limitaciones personales.

    La envidia, como ya he dicho, es un sentimiento útil para la especie y, por ende, para el individuo, siempre que se gestione adecuadamente, es decir, como una forma de estimulo y afán de superación personal.

    Y, por supuesto, recomiendo a todos los lectores no manifestar jamás el hecho de tener envidia y, de paso, no decir nunca que hay muchos envidiosos en el mundo, porque esa es otra forma sutil de admitir la propia inferioridad, en forma de rencor hacia los demás, es decir, de envidia. Muchas personas justifican sus fracasos personales por la envidia de los demás y eso resulta patético, aún en el improbable caso de que fuese cierto.

    Saludos cordiales.

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  8. Anónimo21:12

    Yack, no creo que la envidia sea un estímulo para la superacion personal, Aristóteles dijo algo muy sabio y lo repito: "Todos los hombres tienden al bien, al Bien Supremo", Bien por excelencia... aspiramos a la felicidad, a la superación... no aspirar a ser mejores es caer en la MEDIOCRIDA, ser pasivo y esperar que los demás hagan las cosas que el mismo sujeto debería hacer. la mediocridad es un asco!!!..

    Lissette.

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  9. Hola Lissete, yo soy de la opinión de que no hay que fiarse mucho de Aristóteles, alguien que afirmaba que la Tierra no se movía y ocupa el centro del universo, que el cerebro servía para refrigerar al cuerpo, y que los objetos caían y se movían porque iban a ocupar su posición natural, entre otras muchas simplezas y falsedades objetivas.

    Tal vez inspirado por su “teoría” de que todo tiende a desplazarse hacia su lugar natural, tuvo la genial idea de que “Todos los hombres tienden al bien, al Bien Supremo".

    Y aquí no se equivocó del todo, aunque le faltó añadir “para sí mismos”.

    Fíjate que el ser humano hace todo lo posible para beneficiarse a sí mismo, a sus familiares, amigos, y aliados, en ese orden.

    Cuando alguien constituye un obstáculo para alcanzar su propio bien supremo, lo extermina y, además, disfruta con ello.

    Recuerda las múltiples guerras y genocidios que han tenido lugar a lo largo de la historia y cómo la paz sólo es posible cuando constituye una alternativa mejor que la guerra para ambos bandos.

    En realidad, la Naturaleza, que es la que nos ha diseñado, carece de ética. La ética sólo es un mecanismo con el que nos ha dotado para que nos organicemos mejor como especial social e inteligente.

    Pero la Naturaleza no confía en nuestros principios éticos, (que son oportunistas y acomodaticios para ser más eficaces) y por eso nos impone instintos, que son mandatos de obligado cumplimiento.

    No confía en que nos alimentemos porque aspiramos a tener un cuerpo sano y hermoso, sino que nos implanta el hambre para asegurarse de que no tengamos elección.

    La envidia no es sino otro instinto más que nos impele a progresar continuamente, aprovechando nuestra empatía, una habilidad que compartimos con los demás mamíferos, y que nos permite experimentar sentimientos a partir de lo que vemos en nuestros semejantes.

    Darwin nos enseño algo muy importante: En el ámbito de los seres vivos, todo lo que existe, y la envidia existe, tiene un propósito: ayudar a la supervivencia del individuo o la especie que lo posee.

    Y es cierto que aspiramos a la felicidad, pero ésta se consigue cuando cumplimos los mandatos de la Naturaleza (superar a los demás o a nosotros mismos, por ejemplo), aunque, una vez alcanzada la meta, la satisfacción dura muy poco y enseguida aparecen nuevos retos y objetivos que nos obligan a reiterados esfuerzos de superación para volver a sentirnos efímeramente felices.

    Y este mecanismo imparable de búsqueda del placer, consecución de objetivos, y vuelta a empezar, constituye una de las claves de por qué somos la especie dominante en el planeta Tierra y por qué tienes el frigorífico repleto de alimentos exquisitos cuando el resto de especies (salvo las domésticas que disfrutan de nuestra interesada protección) tienen que emplear toda su energía, día a día, para mantenerse vivos, para comer y no ser comidos.

    Saludos.

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  10. Anónimo19:27

    hola yo siempre he sido victimas de envidias de personas ajenas ke ni conozco y me hago valer mas y mas en esta sociedad de chika me decían pelona regalona y de ahora grande soy dueña de un negocio con mi madre y padre y sigo regalona pero mi problema es que siempre me han tenido mucho envidia a mi yo siempre lo he tenido todo en mi vida del pololo ke he kerido hasta dinero y soy muy feliz yo siempre me hago valer mas y mas en persona soy naty neira p

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  11. Eso de que te envidie todo el mundo es fantástico porque es señal de que has triunfado en todo. Ojalá y pudiera yo decir lo mismo.

    Saludos.

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