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Filias y fobias

Desde el mismo instante en que nacemos, iniciamos la tarea de dividir los componentes de la realidad en tres categorías: deseables, neutros e indeseables.
Con el transcurso del tiempo, vamos cambiando de categoría algunos de estos elementos: el sexo que era neutro se vuelve apetecible y las apetecibles golosinas, se convierten en una amenaza para nuestra salud y para nuestro buen aspecto. Sin embargo, lo habitual suele ser mantener la clasificación original: el dolor, el miedo, el temor, son siempre elementos a evitar.
Nos preguntamos ahora qué motivaciones subyacen a nuestras clasificaciones, por qué cambiamos de opción a lo largo de nuestra vida y, por último, si sería deseable poder decidir consciente y racionalmente qué elementos odiar, cuales desear y qué otros deberían resultarnos indiferentes.
Y si la respuesta a esta última pregunta fuese afirmativa, habría que intentar averiguar cómo podríamos vencer a nuestras fobias y filias irracionales y sustituirlas por aquellas otras que creemos que más nos convienen.
Este será el tema de la tertulia.


Yack

Resulta obvio que como seres humanos compartimos un mapa de la realidad poblado de elementos agradables (el dinero, el sexo, los automóviles lujosos, etc.), elementos desagradables (las serpientes de cascabel, los accidentes, las enfermedades, etc.) y de otros neutros (las nubes, las piedras del lecho de un rio o las hojas de los árboles).
A la hora de establecer el  criterio general  por el que se rige esta clasificación, sería fácil deducir que “bueno” es todo aquello que nos produce placer, “malo” sería lo que induce en nosotros dolor o sufrimiento  y “neutro”, lo que no posee genera ninguna de las dos emociones mencionadas.

Si consideramos que nuestro objetivo primario es sobrevivir y nuestro objetivo secundario es prosperar, es fácil entender por qué o para qué la Naturaleza nos ha dotado de fobias y filias de diferente intensidad: para que nos guíen entre los múltiples objetos que conforman la realidad. Y la razón por lo que lo ha hecho así es la de proporcionarnos una especie de brújula emocional orientada siempre hacia el polo Norte del placer, con el único fin de empujarnos hacia todo aquello que nos resulta placentero y alejarnos de lo desagradable. Añadiremos que lo agradable coincide (o debería coincidir) con lo que nos conviene y lo desagradable coincide (o debería coincidir) con lo que nos perjudica, en relación con nuestro objetivo primario de sobrevivir como individuos y con nuestro objetivo secundario de prosperar como especie.

Y ampliaremos lo que acabamos de afirmar, puntualizando que cada vez que, no importa la causa, desoímos las indicaciones de nuestra brújula emocional y seguimos un rumbo diferente, nuestro propio cerebro nos infringe un castigo, que es proporcional al grado de desviación y a la intensidad del placer al que apuntaba la aguja imantada del placer,  y que hemos desobedecido.

Hasta aquí, todo parece lógico y razonable, pero a poco que profundicemos nos encontraremos con situaciones conflictivas que no responden con exactitud al modelo expuesto anteriormente. Por ejemplo,  aunque el medicamento que nos curará una gripe sea de sabor amargo y hasta repugnante, debemos beberlo contra nuestra propia voluntad, forzando las indicaciones de la brújula emocional y pagando con ello en sufrimiento.
De manera similar, sabemos que el tabaco produce placer, pero también sabemos que a largo plazo puede llevarnos a la tumba tras largos sufrimientos, así que deberíamos desobedecer las indicaciones de nuestra brújula emocional, aunque ello nos suponga, una vez más, sufrimiento.

Según esta última constatación empírica, parece existir una cuarta categoría de objetos que, por algún error en nuestro sistema cognoscitivo, son identificados erróneamente, lo que puede llevarnos, si no tomamos oportunas contramedidas, al desastre, al fracaso de nuestro proyecto vital.

La pregunta pertinente sería ¿cómo puede ser esto posible? ¿cómo puede equivocarse  la sabia Naturaleza, la gran diseñadora, en algo tan crucial como es la brújula emocional? Y, no menos importante ¿cómo podemos luchar contra este error de la infalible Naturaleza?
Existen dos razones que explican este aparente error de la Naturaleza:
Consideremos el caso del elemento “heroína”. El consumo de esta sustancia es claramente perjudicial para el individuo, pero al mismo tiempo representa un objeto tan deseable que el adicto no puede sustraerse a su atracción, aun a costa de arruinar su propio proyecto vital.

La explicación a esta paradoja hay que buscarla en el hecho de que la heroína es una sustancia artificial que no estaba accesible al ser humano durante su evolución y por lo tanto no se tuvo en cuenta su existencia durante el largo proceso de diseño de su mente. La heroína es una sustancia opiácea, químicamente equivalente a las endorfinas que circulan por nuestra sangre y que se encargan de recompensar al individuo en función de sus éxitos vitales. Por ejemplo, cuando conseguimos un ascenso en el trabajo, o conquistamos a una pareja atractiva, el cerebro libera endorfinas en la sangre que activan los centros del placer y, como consecuencia, nos sentimos felices.

Al inyectarse heroína en la sangre, el heroinómano está haciendo trampas, empleando un producto artificial para puentear el mecanismo neurológico de castigo y recompensa y, como consecuencia, su vida deriva inexorablemente hacia el desastre.
El segundo mecanismo podríamos ejemplarizarlo con la afición o adicción de un adolescente a jugar con videojuegos en lugar de dedicarse al estudio. Es decir, preferir el placer y la recompensa inmediata frente al esfuerzo que sólo será recompensado en un futuro lejano e incierto.

Este “error” del diseño del cerebro humano es más sutil y difícil de explicar. El problema está en que nuestra sociedad se ha complejizado extraordinariamente desde los tiempos en que vivíamos en las cavernas. Gracias a nuestro gran cerebro y a nuestra capacidad para generar sociedades complejas, hemos desarrollado una cultura tan poderosa que ha condicionado enteramente nuestras vidas. Para poder desempeñar en ella un papel útil y relevante, necesitamos dedicar mucho tiempo y esfuerzo a comprender la complejidad de ese inmenso hormiguero tecnológico que hemos creado y eso exige mucha dedicación a la tarea formativa. Es aún peor: lo que debemos aprender es tan abstracto y alejado de nuestro hábitat natural, que no proporciona recompensas atractivas. Por ejemplo, en nuestro hábitat natural, el esfuerzo de subir a un árbol para recolectar una jugosa baya, era rápidamente recompensado y el propio acto de escalar llegaba a ser placentero en la medida que nos acercaba al objetivo deseado. Sin embargo, aprender la resolución de las ecuaciones diofánticas, con el único incentivo de que nos ayudará, en el plazo de cuatro años, y si todo está de nuestra parte, a aspirar a un puesto de ingeniero en telecomunicaciones que nos proporcionará el dinero necesario para visitar lujosos restaurantes, es mucho menos natural y estimulante. Pero esa separación entre esfuerzo y resultados es consustancial e inseparable de la complejidad tecnológica que da soporte a nuestro confortable y seguro hábitat artificial.

El resultado de todo lo que antecede es que somos una especie, tal vez la única especie, que está abocada a forzar permanentemente las indicaciones de nuestra brújula emocional, dedicando tiempo y esfuerzo a realizar acciones desagradables, y en no menos ocasiones, a renunciar a las más gratificantes. Pero, sin duda alguna, el sacrificio se ve ampliamente recompensado si tenemos la paciencia y la fe necesaria en el modelo de sociedad tecnológica y avanzada.

Si lo pensamos bien, los animales pasan su existencia aterrorizados por la posibilidad de ser devorados por un depredador y rara vez disponen de alimentos para saciar su hambre. La gran diferencia entre el hombre y los animales, en este sentido, es que el hombre es capaz de renunciar voluntariamente a ciertas conductas placenteras  y a comprometerse a realizar a menudo tareas desagradables, mientras que los animales deben experimentar mayores dosis de sufrimiento por razón de fuerza mayor, si quieren conservar la vida.

A estas alturas, resulta del todo evidente el  beneficio de optimizar y gestionar nuestras pulsiones animales a través de un programa racional que tenga en cuenta la complejidad de nuestra sociedad. Este programa, que podríamos identificar con la educación apoyada en una inteligencia superior, posee la capacidad de extraer el máximo beneficio posible para el individuo o el grupo humano al que pertenece. Y la prueba de que el sistema funciona es la diferencia que existe entre la vida de un animal en estado salvaje y la del hombre civilizado.

Y resuelta ya la primera parte de nuestro propósito, pasemos a la segunda, es decir, a la de proporcionar al lector algunas claves que le ayuden a optimizar su vida en base a la redefinición de un mapa de la realidad emocional, a una nueva catalogación de los objetos apetecibles, neutros e indeseables.

Afrontar con éxito las fobias
Con frecuencia nos enfrentamos a la situación de tener que realizar acciones o tareas que nos resultan desagradables, aunque nuestra inteligencia racional, nos dice que debemos hacerlas por nuestro propio beneficio futuro.
Para afrontar con éxito este tipo de situaciones, recomendamos los siguientes métodos:

  • Fragmentar las tareas: Si es posible, dividamos la tarea en subtareas y concentremos nuestra atención y voluntad en realizar una a una esas subtareas sin considerar el conjunto. Si, por ejemplo, debemos ingerir un plato de dieta que no nos gusta, dividámolos en trocitos pequeños y vayamos comiéndolos entre otros platos más apetitosos.Si, por ejemplo, tenemos que hacer la declaración de Hacienda, dividamos la tarea en diez o doce pasos:  Bajarse el programa de Internet, Recopilar toda la información fiscal que necesitamos, rellenar los datos más fáciles, resolver las casillas más problemáticas y anotar las preguntas que debemos plantear a los asesores fiscales para resolver las dudas, etc.Para resolver una tarea compleja, es muy útil desglosarla por escrito e ir tachando las subtareas a medida que se vayan terminando.

  • Asignar un calendario cómodo y seguirlo a rajatabla: Comenzar la realización de una tarea molesta y difícil sin interrumpirla hasta haberla concluido o hasta quedar exhausto, no es el mejor camino. Esta forma de abordarla suele acabar en fracaso porque, debido a su dificultad, solemos optar por diferirla hasta el último momento, justo cuando ya se ha perdido la última oportunidad de hacerla bien.Lo más recomendable en estos casos, es asignar un tiempo diario (entre 15 y 30 minutos) a la ejecución de la tarea y, una vez terminado este, dejarla pendiente para continuarla al día siguiente. Dedicar 30 minutos a una tarea, por muy incómoda que sea, es un reto asequible que no resulta agobiante y por tanto fácil de afrontar. La satisfacción que experimentaremos cuando hayan pasado los 30 minutos y sintamos que hemos cumplido con nuestro compromiso, será un buen incentivo para emprender su continuación al día siguiente.Para apoyar este procedimiento, resulta muy conveniente disponer de una lista de tareas diarias con el tiempo que le vamos a asignar a cada una de ellas y llevar el plan a rajatabla. La constatación de que vamos avanzando día a día en todas las tareas incomodas que nos hemos impuesto, nos hará sentirnos bien y dejaremos de temer a esas tareas desagradables que sabemos que tenemos que hacer, tales como estudiar, limpiar u organizar la casa.

  • Buscando la excelencia: La clave para enfrentarnos a las tareas desagradables es asociales una recompensa, aunque sea pequeña. El cerebro siempre busca el placer inmediato, y como saben muy bien los domadores de perros y de focas, siempre hay que darles algún incentivo, una pequeña golosina para premiarlos cuando han hecho bien un trabajo difícil.Una excelente técnica, que rinde grandes beneficios adicionales, es el de hacer las cosas con un exceso de calidad, de excelencia.El cerebro humano disfruta con la perfección y el orden, porque ambos le ayudan a llevar a cabo sus planes, aunque la perfección y el orden también tienen un coste en energía física y mental y por eso se explica que aunque a todos nos gusta la limpieza y el orden, nuestra casa o nuestra mesa de trabajo rara vez exhiben esas deseables propiedades.Entonces, la clave está en, después de haber troceado nuestras tareas incomodas a tamaños fáciles de digerir, añadamos un plus de excelencia porque un trabajo mal hecho no proporciona satisfacción. Si por ejemplo, hacemos la comida, hagámosla a conciencia, procurando conseguir el punto óptimo y una presentación inmejorable. Luego sentémonos a una mesa bien puesta, y comamos sintiéndonos un exquisito gourmet que va a disfrutar de todo el trabajo precedente. Sólo así haremos de la tarea de cocinar un reto, un acto placentero que posee su propia recompensa.  Apliquemos la excelencia a todo lo que hagamos: ordenar y organizarla casa, limpiar, trabajar, etc. y acabaremos convirtiendo estas tareas que ahora nos parecen odiosas en oportunidades de diversión y, sobre todo, de automejora. Con el tiempo, esa automejora continua nos convertirá en personas con más opciones de éxito personal, en cualquier cosa que hagamos.También nos ayudará desterrar la idea generalizada de que todo aquello que no es diversión pura (ir al cine, bailar, hacer el amor, etc.) es una especie de castigo divino que hay que afrontar con resignación y con la menor implicación posible. Sustituyámosla por esta otra: Casi todo es susceptible de producir placer, si sabemos plantearlo como un reto a la excelencia y no como algo que hay que terminar “como sea” y “cuanto antes”.


Desembarazarnos de nuestras filias dañinas
Nos queda, para acabar este articulo, proporcionar algunas técnicas para controlar los efectos adversos de las filias perniciosas, tales como fumar, beber en exceso, afición por los juegos de azar, etc.

  • Inventariar nuestras filias perniciosas: La primera condición para combatir un problema es ser consciente de él. Por lo tanto, la primera tarea es la escribir en una hoja de papel todas nuestras costumbres y hábitos que consideramos perjudiciales.Hay que tener en cuenta que una misma actividad puede ser inofensiva o gravemente perjudicial, en función de la intensidad con la que se practique. Jugar a los videojuegos puede ser positivo, pero también puede arruinar el futuro de una persona si se convierte en una obsesión.Las obsesiones son bucles productores de placer que surgen en nuestra mente y se retroalimentan hasta consumir tantos recursos que degradan la vida del individuo que las padece. El adicto a los videojuegos, por ejemplo, obtiene tanto placer de esta actividad, que todos los otros aspectos de su vida, pierden su capacidad natural para producirle placer y de ahí la razón por la que reestructuran su vida para poder dedicar a su bucle de placer tantas horas como sea posible. El problema está en que el monocultivo de una actividad que no produce beneficios reales, compromete seriamente el futuro del adicto y lo a isla del cuerpo social del que depende para subsistir.A la hora de inventariar nuestras filias perniciosas debemos ser muy honestos con nosotros mismos, y preguntarnos qué actividades tienen efectos negativos sobre nuestra vida en general y sobre las personas que nos rodean. Si sufrimos obesidad, por ejemplo, la costumbre de comer en exceso puede formar parte de ese inventario, aunque comer sea una actividad normal e intrínsecamente saludable y necesaria.
  • Determinar una estrategia: Una vez catalogadas, hay que anotar, junto a cada filia, cuál sería el objetivo a alcanzar (dedicarle sólo dos horas diarias a los videojuegos o no comer más de cinco comidas diarias, por ejemplo). A partir de esos objetivos, trazar una estrategia para alcanzar el objetivo marcado y seguirla a rajatabla, porque la principal característica que debe tener cualquier plan para ser efectivo es no admitir excepciones de ningún tipo, salvo las de fuerza mayor.Debemos de ser realistas  en los objetivos y diseñar un plan que tenga en cuenta nuestras características personales y la experiencia acumulada en relación con otros intentos fallidos anteriores. Hay que evitar pedirle demasiado a nuestra voluntad.
  • Controlar el entorno: Si nuestro problema es comer, tener la despensa atiborrada de golosinas nos resultará insoportable de resistir. Si somos adictos a los videojuegos, tener la consola al alcance de la mano, resultará irresistible a nuestra voluntad, por muy sólidos que sean nuestros buenos propósitos.La solución está en reorganizar nuestra vida y nuestras costumbres para modificar drásticamente el entorno en relación con nuestras filias a corregir.Por ejemplo, prescindamos de los alimentos que más excitan nuestra gula, de aquellos que pueden comerse sin preparación previa (un embutido frente a las lentejas que requiere una cocción previa). Vayamos al supermercado inmediatamente después de haber comido, o mejor, hagamos un pedido telefónico para resistir la tentación de comprar aquellos alimentos a los que hemos decidido renunciar.Evite estar en lugar de la tentación en el peor momento. Por ejemplo, un estudiante adicto a los videojuegos puede tomar la costumbre de irse a estudiar a una biblioteca, en lugar de hacerlo en su casa, a unos metros de la videoconsola.En resumen, se trata de reducir al mínimo las oportunidades de “pecar” por el procedimiento de separarnos tanto como sea posible del objeto de deseo y de tentación.  Los antiguos eremitas habían entendido bien este concepto y para evitar los peligros de la carne, se iban a vivir en la soledad y en el aislamiento. A medida que dejamos de reincidir en la tentación, esta se debilita y ejercerá menor presión sobre nuestra voluntad.
  • Buscar otras fuentes de placer: De alguna forma, nuestro cerebro se acostumbra a una determinada dosis de endorfinas, o de placer diaria. Si prescindimos bruscamente de esa dosis, se producirá el síndrome de abstinencia, conocido como “mono”, que no es otra cosa que la reacción desesperada de nuestro cerebro cuando detecta la ausencia del placer esperado y que presiona sobre nuestra voluntad para conseguir la dosis que echamos de menos.Para paliar este efecto, es necesario antes de empezar con el tratamiento para dejar una dependencia, buscar otras fuentes alternativas y nuevas de placer. Para ello busquemos en nuestra memoria aquellas actividades que más satisfacciones nos han procurado a lo largo de la vida y exploremos nuevas opciones. Lo importante es comprometerse con estas nuevas actividades (por ejemplo hacer la matricula en una academia de fotografía o inscribirse en un club de excursionistas). En todos los casos, conviene que sean actividades sociales, en las que estén implicadas otras personas con las que tengamos que interaccionar.Aunque al principio resulten difíciles de practicar, supondrán una dosis de novedad que nos mantendrán ocupados, y evitará que pensemos obsesivamente en nuestra adicción. Lo peor en estos casos es la falta de estímulos, que es lo que ocurre cuando nos quedamos en casa aburridos.También es recomendable planificar nuestras nuevas actividades para que cada día de la semana tengamos algo interesante que hacer o por lo menos una obligación que requiera nuestra atención y nuestro esfuerzo.
  • No permitirse excepciones: La clave para abandonar una adicción, como el tabaco o el juego, es no reincidir. Cada vez que reincidimos nos volvemos a situar en el punto cero y tiramos por la borda todo el esfuerzo realizado con anterioridad. Es esencial tener muy claro que el peor enemigo de cualquier propósito, sea el que sea, son las excepciones, que nos llevan a las recaídas. Sólo se puede salir de una adicción trazando un plan para no volver a reincidir y llevándolo a rajatabla sin una sola excepción.En el caso de adicciones, como la de comer en exceso, habría que establecer unas cantidades y unas normas que determinen qué, cuanto y cómo comer, y no salirse de ellas por ninguna circunstancia, salvo causas de fuerza mayor que escapan a nuestro control. Nunca un cumpleaños, una boda de un amigo o la nuestra, puede ser un motivo para romper nuestra plan, porque no importa la razón, cualquier infracción que cometamos, nos retornará al comienzo. Como en el mito de Sisifo, la piedra que con tanto esfuerzo hemos empujado hasta la cumbre de la montaña,  rodará hasta el valle y tendremos que recomenzar desde cero.

Como resumen, fragmentar las dificultades en unidades digeribles, intercalando entre ellas experiencias agradables, planificarlo todo y seguir el plan a rajatabla, sin admitir excepciones. 

7 comentarios:

  1. Encuentro muy excelente tu reflexión, muy de acuerdo.

    Tal vez pueda añadir algo que pueda interesar.

    Aumentar el interés en las materias. Estoy convencido de que aumentar el interés en alguna materia (como podría ser matemáticas, química, biología) ayuda a poner más atención e concentración, y tal vez esto ayude a comprender mejor esa materia. Se podría aumentar el interés en alguna materia viendo un documental (de buena fuente) o conversar con gente que sabe de tal materia, etc.

    Empezar de a poco. Si se quere hacer muchas actividades, es mejor hacerlo en forma ordenada y tomando en cuenta, el tiempo que no se a echo x actividad. Empezar de a pocas actividades y luego ver si se puede ir subiendo el numero de actividades, si se desea.

    Un buen ejemplo de lo que no hay que hacer es, si se es profesor, empezar el primer día de clases con mucha materia, pruebas y ejercicios. Eso hará que los alumnos no queran volver nunca mas. O pierdan el interés por la materia, tal vez. Pero, creo, que sería recomendable hacer una pequeña actividad el 1º día de clases y dejar espacio suficiente para la recreación.

    Saludos, excelente artículo y tema

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  2. Lo de los animales, la verdad estoy un poco desacuerdo. O simplemente no me atrevería a decir que el hombre es el único capás de renunciar a conductas placenteras y comprometerse a realizar tareas desagradables.

    Los humanos no somos los únicos dotados de un cerebro más evolucionado (el que está mas cerca de cráneo o superficie, por así decirlo), los chimpancés y creo otros primates y perros, son capases de modificar su conducta por la experiencia.

    A mi perro, a veces le doy un pedasito de pan sin nada más (sin mantequilla, mermelada, etc) y a veces no se lo quere comer por que no tiene nada, entonces me sigue mirando cuando me preparo el pan y quere que le de un poco mas y yo no le doy más pan, si no se come el 1º pan que le dí, que no tiene nada. A veces se come el pan y le doy del otro y incluso a veces lo trata de esconder, poniéndose encima de el. Y otras veces lo lleva a otro lado, y luego regresa.

    También me gustaría añadir que hay una especie de sesgo respecto a los otros animales. Hay estudios que refutan por lo menos la mayoría de las creencias populares respecto a estos como:

    Los otros animales aprenden solo de las experiencia obtenida por lo que no puede realizar actividades que no aprendieron, que no sea aprender a través de repetición. Es falso, o por lo menos para no todos los animales. Por que los delfines pueden aprender un lenguaje para entender a los domadores y ese lenguaje tiene sintaxis, por lo que le pueden pedir que hagan algo sin haberlo echo antes. Incluso los ratones pueden, intuir un atajo que nunca realizaron.

    No son consientes de si mismo Hay estudios que sugieren o tal ves demuestran que son consientes de si mismos. En resumen un estudio: A un mono se le pone delante de un espejo luego sin que se de cuenta le pegan un papel en el pelo, arriba de la frente, mas o menos. Luego se mira al espejo y se da cuenta que tiene algo pegado, y se lo saca con la mano. Pero ¿eso demuestra que saben quien esta al otro lado del espejo?, ¿como preguntarle? . El experimento se lo hicieron a un chimpancé que entendía un lenguaje alrededor de 6000 signos, pero que además entendía mejor el inglés. Y entonces le preguntaron ¿quién esta al otro lado del espejo? Y se indico con la mano a sí mismo.

    Bueno hay muchos más estudios y con otros animales también. Son estudios sobre la conciencia, la inteligencia, la memoria, etc. Y refutan muchas de las creencias populares.

    Si tienes tiempo y motivación, te sugiero un documental que se llama La mente animal es más o menos viejo el documental, pero lo considero de buena fuente por que es del canal BBC.

    Saludos, que estés bien.

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  3. Dos buenas aportaciones en lo referente a la mejora del rendimiento personal. Tomo buena nota Writkas.

    Respecto a tu comentario sobre los animales, estoy de acuerdo en lo esencial.

    En realidad, la inteligencia ha surgido para optimizar la actividad de un animal dentro de un ámbito temporal cada vez más amplio. Vivir “al segundo” es propio de animales sencillos, pero a medida que el cerebro crece, las especies dotadas de más inteligencia hacen cálculos de mayor amplitud temporal y en eso, como en todo lo que tiene que ver con la inteligencia, el hombre se lleva la palma.

    Es tan grande la distancia entre el hombre y los animales, en materia intelectual, que más que una cuestión de grado (que lo es) la percibimos como una ruptura, y en ese sentido hay que entender mis comentarios anteriores.

    En realidad, hay pocas funciones cerebrales humanas, si es que hay alguna, que no puedan detectarse y rastrearse en los animales, aunque sólo sea en estado incipiente. Sin embargo, las diferencias son, en algunos casos, tan abismales que para ciertos fines, puede uno tomarse la licencia de meter a todos los animales en un mismo saco (insectos, delfines y primates) para destacar una determinada diferencia, como sería la capacidad humana de tener en cuenta el futuro remoto para optimizar el comportamiento presente. Y tal vez, como bien señalas, he simplificado demasiado, al dejarme llevar por ese afán.

    Siguiendo con la idea principal, añadiré que en la conformación genética (no aprendida) el diseño de los animales más sencillos está basada en una estrategia de optimización que tiene en cuenta toda la existencia del animal. Así, por ejemplo, un insecto sufre una serie de metamorfosis conducentes a resolver los distintos problemas con los que se enfrentará a lo largo de su vida y un pájaro “sabe” desde que nace que tendrá que hacer un nido, aparearse y cuidar a sus polluelos. La gran diferencia entre los animales y el hombre está en el alcance cuantitativo de la capacidad para planificar el futuro basada en el conocimiento aprendido y en la gestión del mismo por un sistema neuronal capaz de modelizar/predecir el futuro y hacer planes para optimizarlo.

    Saludos.

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  4. De nuevo como comentarios a la mejora del rendimiento personal. Hay más aportaciones.

    Evitar la procrastinación
    Para evitarlo sería bueno pensar lo antes posible en hacer esa actividad que te propones, antes de que se te ocurran otras opciones para evitar esa actividad.

    Evitar fantasiar con el futuro
    No lo sabía, pero dicen que fantasiar con el futuro o con resultados excesivamente positivos es malo.

    Que estés bien

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  5. De acuerdo con tus aportaciones Writkas.

    La procastinación, además, se combate dividiendo las tareas en lapsos de tiempo cortos.

    Por ejemplo, tienes que estudiar una lección de 10 páginas y te causa horror el ponerte a ello.

    Una forma de afrontarlo es asignar media hora diaria a esa tarea y continuarla en días sucesivos.

    En cuanto a fantasear con el futuro, puede ser bueno si se utiliza para automotivarnos en el presente, pero si dedicamos demasiado tiempo a esta actividad en lugar de ponernos a trabajar para alcanzarla, también vamos mal.

    Imaginarse a sí mismo recogiendo el premio al esfuerzo realizado es esencial para generar endorfinas que nos recompensen del trabajo diario, pero no hay que abusar porque entonces se volverá contra nosotros.

    Las mentes eficientes, vinculan la generación de satisfacción al pensar en el éxito futuro, a los avances del día a día.

    Las personas poco eficientes, por el contrario, pueden sacar placer de esas rememoraciones aunque no estén justificadas por los avances diarios.

    Son personas fantasiosas, con todas las probabilidades de no acabar nada y fracasar en todo. Su estrategia es obtener placer imaginando éxitos, pero omitiendo el esfuerzo diario que los haga posibles.


    Saludos.

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  6. Hola Yack

    Si igual estoy convencido, de que tener las metas a largo plazo es muy bueno. Pero tal vez, sería bueno tratar de ser realista y saber quien soy en realidad. Osea las metas que e cumplido, etc. Por que, tal ves, esas mismas sensaciones (de llegar a la meta, etc.) de recompensa satisfacen el querer trabajar para conseguir objetivos. También puede que ayuden a motivarse, pero si uno abusa de eso, puede formarse una costumbre. Suponiendo.

    También concuerdo con lo que dices de la procrastinación.

    Que estés bien Yack.

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  7. Si Writkas, eso es cierto.

    Lo que yo pienso es que una mente humana sana y eficiente está diseñada para que sólo sienta placer cuando, teniendo una gran meta a largo plazo, alcanza un éxito parcial que le acerca a esa meta.

    Por ejemplo, si apruebas un examen de matemáticas, te alegras porque ves más cerca la meta de terminar la carrera. Si lo suspendes, experimentas dolor porque ves que la meta está más lejos o resulta más improbable de alcanzar.

    Pero si no tuvieras meta, aprobar un examen de matemáticas, no te daría ninguna satisfacción y por tanto, no te esforzarías por conseguirlo.

    Saludos cordiales.

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