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Capitalismo versus socialismo

El capitalismo y el socialismo siguen siendo los dos grandes modelos económicos políticos y sociales que perviven y coexisten en las sociedades modernas.
Aunque ambos sistemas se han visto obligados a atemperar sus postulados fundacionales, siguen representando dos visiones enfrentadas de la forma en que debe gobernarse la sociedad humana.
En esta tertulia trataremos de comparar ambos modelos a la luz de la experiencia histórica y del funcionamiento actual de las sociedades modernas.


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Material de estudio
http://www.jorgevalin.com/weblog/2005/04/libre-para-elegir-videos-de-friedman.html
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Yack:
Los animales más simples nacen con un cerebro completamente configurado y programado para llevar a buen término su proyecto de sobrevivir y perpetuar la especie dentro de un hábitat específico.
Sin embargo, la Naturaleza no se ha detenido ahí y ha diseñado nuevas especies dotadas de un cerebro de mayor tamaño y complejidad. La avanzada arquitectura de estas mentes les faculta para adaptarse con mayor flexibilidad a un entorno cambiante y hacer frente con éxito a un mayor abanico de desafíos relacionados con la supervivencia.
En la cumbre de esta nueva estrategia seguida por la Naturaleza se encuentra el hombre cuya mente, además de heredar las rutinas automáticas de comportamiento emocional de sus predecesores evolutivos, incorpora una amplia extensión hardware envolviendo al núcleo primitivo. Esta extensión está configurada para soportar, explotar y perfeccionar el software cultural generado por la interacción intelectual de los miembros de la comunidad humana, lo que confiere a la especie humana una eficacia nunca vista sobre el planeta.
La sociedad humana, la cultura y la tecnología han sido desarrolladas en el interior de esa nueva capa cerebral especialmente diseñada para resolver nuevos desafíos y encontrar soluciones generales para multitud de problemas diferentes.
La economía, por ejemplo, es un nuevo desarrollo fenomenológico gestado en la mente humana en respuesta a la necesidad de optimizar la producción y distribución de los bienes de consumo que demanda la comunidad humana.
Volviendo nuestra atención al fenómeno económico, descubrimos de inmediato que ha sido la especialización la estrategia que la Naturaleza ha empleado al diseñar el modelo económico humano. Pero la especialización implica la acumulación asimétrica de los bienes de consumo y exige un complejo y eficaz sistema de redistribución.
Pero la tarea de producir y redistribuir los bienes de consumo en una sociedad que ha pasado en poco tiempo de las estructuras tribales formadas por unas decenas de miembros, a grupos de millones de individuos en las sociedades modernas, ha supuesto todo un reto para la especie humana. Para conseguirlo, ha sido necesario generar un sistema de normas y leyes que optimizan y hacen posible ese complejo proceso de intercambio. Estas normas, en continua evolución y autorremodelación han sido ideadas, probadas, refinadas y puestas en servicio en el área más reciente y flexible de la mente humana.
Sin embargo, todo el software social que hemos desarrollado en los últimos milenios, se basa en las rutinas de supervivencia heredadas de nuestros antepasados reptiles. Y esto es así, porque esas arcaicas rutinas han sido probadas y desarrolladas durante cientos de millones de años y, por lo tanto, son más fiables que las últimas adquisiciones culturales que, en algunos casos, apenas tienen más de medio siglo y no dejan de ser tanteos especulativos. La Naturaleza es, por necesidad, conservadora y por eso, nuestro poderoso neocortex y su sofisticado software cultural, está comandado y regulado por las emociones que son, en definitiva, nuestro más valioso conocimiento genético donde residen, inmutables, las instrucciones ancestrales que la Naturaleza ha dado a cada especie: sobrevivir y perpetuarse.
Así, por ejemplo, el concepto de propiedad privada en el que se basa nuestra economía, está anclado sobre el de territorialidad reptiliana, que a su vez ha sido codificado con carácter indeleble en nuestras estructuras neurológicas más profundas.
Capitalismo es el nombre que recibe la forma de organización económica de las sociedades desarrolladas que ha surgido, por evolución social, a partir de las características básicas de la mente humana, de sus sentimientos y motivaciones más profundas.
Se basa fundamentalmente en el deseo instintivo de poseer con exclusividad, acumular para el futuro incierto y ocupar el puesto jerárquico más elevado en el grupo social. Adicionalmente integra y compatibiliza, hasta donde es posible, estos instintos de egoísmo individualista con aquellos otros de naturaleza altruista y colaborativa necesarios para sustentar una convivencia pacífica y productiva, propia de los animales sociales. Nos referimos a los acuerdos tácitos o explícitos entre miembros del grupo, las normas morales y éticas, la justicia, etc. que hacen posible una convivencia colaborativa, imprescindible para el progreso social.
El marxismo, por el contrario, surgió a partir de un estudio simplista e ingenuo de la realidad social y económica del siglo xix, en el que se llegaba a la conclusión de que los problemas sociales se podrían solucionar repartiendo equitativamente la riqueza existente y dejando en manos de una voluntad bienintencionada (el estado) la toma de las decisiones que venían produciéndose automáticamente en el seno de la sociedad por libre juego de las fuerzas económicas.
La conocida frase “a cada uno según sus necesidades y de cada uno según sus capacidades”, abría las puertas a una realidad utópica que chocaba frontalmente con la naturaleza humana y pulverizaba la estructura económica que se había gestado espontáneamente y perfeccionado durante milenios de evolución.
Con el nuevo modelo, ingenuamente justiciero, y alimentado por la envidia y el rencor reprimidos de los trabajadores hacia los empresarios (o más exactamente de los débiles hacia los fuertes) , se inició un movimiento de ingeniería social que pronto se convirtió en sangriento cuando encontró los primeros obstáculos insalvables a su avance.
El nuevo sistema marxista ignoraba todas las conquistas del hardware y software humano a lo largo de miles, por no decir, cientos de millones de años y lo sustituía por un modelo artificial basado en una visión simplista de la realidad que, en resumidas cuentas, primaba la mediocridad y castigaba la excelencia so capa de restablecer la justicia suprema. Cuando se puso de manifiesto que el nuevo modelo no funcionaba, se empezó a buscar y a identificar culpables y saboteadores tras lo cual, el sistema se convirtió en una maquinaria política que desembocó en una masacre de disidentes y finalmente se consolidó en una dictadura del pensamiento que los supervivientes tuvieron que aceptar de buen o mal grado.
Retrospectivamente, y con la ayuda de los conocimientos y la experiencia adquirida en el último siglo, tanto en la comprensión de la naturaleza humana como en los resultados económicos arrojados por el nuevo modelo marxista, podemos sacar la siguiente conclusión:
El gran error conceptual del marxismo, que todavía anida en la mente de gran parte de los ciudadanos de las sociedades capitalistas, está en no darse cuenta de que la riqueza no es algo que hay que repartir sino algo que hay que crear con el trabajo y, sobre todo, mediante el desarrollo y aplicación del conocimiento técnico. Es decir, la riqueza económica tiene que ver más con la capacidad tecnología para desarrollar soluciones cada vez más eficaces y de menor coste que en repartir la riqueza existente. Por sorprendente que les pueda parecer a algunos, una vez que el bien existe, se reparte automáticamente porque un bien sólo es útil si es usado por un consumidor y, por lo tanto, no tiene sentido ni utilidad acumular riqueza por tiempo indefinido.
Los marxistas ven la economía como un problema de reparto equitativo más que un problema de producción y sacrifican la productividad en aras de la justicia distributiva, ignorando el hecho de que la distribución se produce espontáneamente de la mejor forma posible, es decir, de aquella que más beneficia al proceso productivo.
Por el contrario, el capitalismo ve a la economía como un terreno improductivo que hay que cultivar de forma inteligente para sacarle el mayor rendimiento posible confiando en que el reparto se producirá por sí solo. Y la única forma de conseguir que la producción aumente es permitir que cada uno se beneficie del fruto de su propio trabajo.
Como ya se ha dicho, la riqueza de una sociedad moderna surge fundamentalmente de los conocimientos tecnológicos que posea más que de su fuerza del trabajo, como queda demostrado si comparamos países como Nigeria y Alemania, cuya única diferencia significativa es su nivel de conocimientos tecnológicos y no la fuerza de trabajo.
Un caso paradigmático del concepto moderno de riqueza nos lo proporcionan los ordenadores. Pocas invenciones humanas han contribuido tanto a la riqueza de una sociedad como los ordenadores, capaces de realizar enormes cantidades de cálculos a bajo coste y sin que apenas intervenga el trabajo humano. En solo cincuenta años, se ha pasado de una docena de ordenadores gigantes que consumían la electricidad de una pequeña ciudad a cientos de millones de pequeños ordenadores que tienen el consumo de una bombilla y son cientos de miles de veces más potentes que sus antecesores. Este es el ejemplo más claro del modelo económico real basado, más en el progreso tecnológico que en el concepto tradicional de fuerza de trabajo medido en hombres-hora.
A estas alturas, se sabe sin género de dudas que la autentica riqueza de las sociedades humanas está basada en el nivel de conocimientos técnicos acumulados y no en la fuerza del trabajo ni en las materias primas, que si bien siguen siendo necesarias, cada vez representan una proporción más exigua de la riqueza generada.
Resumiendo todo lo anteriormente dicho, el capitalismo en sus diferentes formas es la forma más eficiente de crear riqueza y de distribuirla. La diferencia económica que crea en la sociedad es justamente el gradiente o diferencia de potencial que se necesita para mantener el generador económico funcionando a pleno rendimiento. Esto es así porque la envidia y el afán de emulación y ascenso social que está en el núcleo de nuestra naturaleza humana se ve estimulado en una sociedad donde cada individuo está en el lugar al que ha conseguido escalar con su esfuerzo personal. Una sociedad tutelada por una entidad omnipotente y despótica que se dedica permanentemente a pasar la cuchilla de la igualación, quitando a los que más tienen para regalárselo a los que menos tienen, desincentiva por igual a los individuos más productivos y los más pasivos.
Una última cuestión nos queda por tratar: la solución que un capitalismo racional y moderno proporciona para los casos más extremos y dramáticos de desigualdad social que afectan a personas enfermas, discapacitadas o que han tenido mala suerte.
Afortunadamente vivimos en una sociedad opulenta en la que hay tanta riqueza que podemos destinar fondos para solucionar los casos más dramáticos. La solución pasaría por proporcionar a los ciudadanos más desfavorecidos, y de forma gratuita, educación, asistencia sanitaria y vivienda, es decir, los mínimos necesarios para que puedan llevar una vida digna y tener las mismas oportunidades que sus conciudadanos para superar su situación de inferioridad económica y social.
Sin embargo, políticas falsamente sociales como rifar pisos a mitad de precio entre los ciudadanos que cumplan ciertos requisitos arbitrarios, costeando estos dispendios con el dinero del resto de ciudadanos menos afortunados o que incluso pueden estar, económicamente, por debajo de los afortunados, son vestigios lamentables de ese intento fracasado del marxismo utópico, basado en una visión miope y simplista de la una realidad compleja.
El mejor sistema económico es aquel en que el estado sólo interviene para solucionar los casos extremos y para evitar la formación de fenómenos que coarten la libertad de mercado, tales como monopolios, delincuencia, mafias, etc.

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Warrior:

El hombre necesita trabajar para transformar la naturaleza de acuerdo a sus necesidades. Las riquezas de la naturaleza no sirven para nada sin el trabajo del hombre. Es el trabajo lo que da valor a las cosas. Si no existieran trabajadores que extraigan los minerales ni que cultiven las tierras, ¿para qué servirían unos y otras?
El trabajo del hombre va perfeccionándose a medida que transcurre la historia. Por un lado aumenta la habilidad y destreza del trabajador y, por otro, van perfeccionándose los instrumentos de los que se vale. De los instrumentos de piedra se pasa a los instrumentos de metal en los pueblos primitivos. De los instrumentos manuales se pasa a las máquinas en el capitalismo. El perfeccionamiento de los instrumentos de trabajo trae como consecuencia el aumento de la productividad, pero también la forma en que se trabaja. En la edad media, los siervos trabajaban de sol a sol con unos instrumentos simples, como palas, azadones, arados de palo, etc. y lo hacían para su señor y también en su pequeño huerto para sus necesidades.
Hoy, en el sistema capitalista, son obreros agrícolas que manejan tractores, trilladoras y otras máquinas propiedad de su patrón y tienen unos salarios y jornadas establecidas. Basadas en este desarrollo de los instrumentos de trabajo se crean determinadas relaciones entre los hombres a través del proceso de producción.
Cuando los instrumentos eran muy rústicos, como herramientas de piedra y el arco y la flecha, los hombres no tenían más remedio que cooperar entre sí, con lo cual los instrumentos de producción eran de propiedad común, así como los productos. Es decir, era un comunismo primitivo. Conforme se avanza con nuevos instrumentos, pasando de la piedra al metal, aumenta la productividad y se comienza a producir más de lo que se necesita.
Esto da lugar a que algunos hombres se apoderen del excedente y pueda obligar a otros a trabajar para él. Es a partir de aquí cuando surge la explotación del hombre por el hombre, siendo reemplazada la propiedad social de los medios de producción por alguna de las diversas formas de propiedad privada. Por ejemplo, es el caso del amo que es el dueño de la tierra y del esclavo que es un instrumento de trabajo más. Como el esclavo no tiene ningún interés en el trabajo y produce poco, se pasa al modelo feudal, en que el campesino tiene un trozo de tierra para él y trabaja para su señor. Otro modelo sería el tributario, en el que las tierras son del estado y los campesinos pagan un tributo. En fin, con estos ejemplos se ve que las relaciones que se establecen entre los hombres a través del proceso de producción dependen en gran medida del tipo de medios de trabajo que se empleen para producir.
En el comienzo del capitalismo el proceso de producción toma la forma de la manufactura. Un propietario dueño del local y de los instrumentos de trabajo contrata a un número de obreros para hacer un producto. En un principio cada trabajador hace todo el proceso de elaboración. Por ejemplo, si se trata de zapatos cada obrero hace el zapato. Antes el artesano hacía el mismo trabajo pero por su cuenta. Juntando a los trabajadores en un mismo local se produce más. Pero la lógica del capital es el aumento de la producción para que aumenten las ganancias. Para ello introduce la división del trabajo, haciendo cada obrero una parte del producto. Uno corta el cuero, otro hace las suelas, etc. Con esto aumenta la producción, pero el trabajador ya no controla el producto. Un paso más es la introducción de las máquinas, dando lugar a los talleres y las fábricas. Con esto llegamos al siglo XIX y a lo que se llama la revolución industrial. Comienza la producción en serie, con el menor coste posible y el mayor beneficio. Para ello se explota a los hombres, mujeres y niños. Las jornadas son agotadoras, de 10 ó 12 horas, los salarios de miseria, las condiciones de trabajo son terribles, los barrios obreros son miserables y existe gran desigualdad social.
Al observar estas condiciones empiezan a surgir los primeros anarquistas y socialistas: Godwin, Proudhon, Fourier, Saint-Simon, Owen, Bakunin y sobre todos, Marx. Los primeros socialistas son llamados por Marx socialistas utópicos. Fourier propone los falansterios, que son comunidades de obreros y empresarios que se reparten los beneficios. Owen crea las cooperativas de producción y distribución Todas estas alternativas fracasan.
Marx llama a su socialismo socialismo científico. Marx y Engels crearon el materialismo dialéctico y el histórico. Más tarde Lenin lo desarrolló. El materialismo dialéctico se apoya en los datos, resultados y avances de la ciencia, por lo que Marx es el primero en hacer un estudio científico de la sociedad. Sus aportaciones principales son su teoría del valor y la de plusvalía.
Marx se da cuenta de las contradicciones de la sociedad capitalista. La mayor contradicción es que a medida que se desarrolla y expande el capitalismo se va agudizando la diferencia entre el carácter social de la producción (grandes fábricas con miles de trabajadores) y la forma privada de apropiación capitalista.
Otra contradicción se da entre la organización de la producción dentro de la fábrica y la anarquía de la producción en el seno de la sociedad. Es decir, que como el sistema capitalista consiste en producir más, llega un momento que lo que se produce no lo puede absorber el mercado, produciéndose entonces la quiebra de muchas empresas
Por último, se da la contradicción entre el volumen de la producción y las posibilidades de consumo de la población y la contradicción entre el tipo de productos que se fabrica y las necesidades de los consumidores. Cada vez se produce más, pero para producir barato y poder competir, los salarios deben ser bajos. Entonces el mercado se reduce, pues los trabajadores pueden consumir menos. Pero los capitalistas para obtener más ganancias se dedican a producir productos de lujo: perfumes, cosméticos, automóviles caros, etc. dejando de lado la producción de mercancías necesarias como ropa barata, alimentos, etc.
Como consecuencia de lo dicho, para Marx la única salida es el socialismo con el cual se conseguiría que los medios de producción pertenecieran a los trabajadores y la riqueza se repartiría entre todos.

15 comentarios:

  1. Estimado Warrior, entiendo que tu ponencia es más un resumen de la visión marxista del mundo que tu propia opinión personal y quiero aprovechar este claro resumen de la teoría marxista para poner de relieve algunos puntos que considero erróneos.
    En mi opinión Marx desde un análisis simplista y moralista de la realidad vio al empresario como un malvado explotador que, mediante malas artes, ha acaparado muchas riquezas y se aprovecha de esa circunstancia para torturar y abusar de los honrados y pobres trabajadores.
    La verdad alternativa es que la humanidad no se divide entre buenos y malos sino entre listos y torpes. Los listos son los que pueden generar riqueza ideando nuevos métodos de producción y son capaces de hacer predicciones correctas que les conducen al éxito invirtiendo en actividades que acertadamente intuyen como productivas. Por eso los ricos son los gestores o catalizadores, más que los dueños, de los medios y procesos de producción. Los trabajadores pertenecen a la categoría de los torpes y su función es la de hacer el trabajo que los listos han ideado. En el pasado, la coerción de los listos hacia los torpes se hacía mediante amenazas físicas pero ahora se hace con dinero, que es un medio mucho más versátil y eficaz.
    Si repartiésemos los recursos productivos (como intentó Marx) entre los torpes y pusiéramos a trabajar (a la fuerza) a los listos/ricos, se vendría abajo todo el sistema porque los torpes no saben tomar decisiones acertadas (o no tan acertadas como los listos) y, precisamente por eso son pobres, además de torpes.
    El sistema capitalista es aquel en que los listos y los torpes se estratifican por sedimentación espontanea, quedando los listos arriba y los torpes abajo. Como alguien tiene que decidir lo que hay que hacer y alguien tiene que hacerlo, lo lógico es que sean los listos (los que han acreditado que lo son al haber acaparado mucho poder económico) los que dirijan a los torpes. Y dentro de esa pirámide jerárquica, estamos todos, los torpes y los listos, ordenados de abajo arriba, en función de nuestra capacidad para resolver problemas. Y en cualquier nivel por donde metamos el cuchillo de la observación, descubriremos que los de arriba deciden lo que deben hacer los que están en el nivel inmediatamente inferior, como ha ocurrido desde que el hombre es hombre e incluso cuanto todavía era un mono.
    Posiblemente Marx no fue capaz de ver algo tan evidente y sólo vio ricos malvados y pobres explotados y se le ocurrió que todos los pobres podrían ser felices repartiendo la riqueza y la toma de decisiones, ignorando el hecho capital de que no todos los seres humanos son iguales, ni siquiera en el talento para generar riqueza.
    Añadiré que cuando hablo de “listos”, por un afán de simplificar, incluyo los efectos de la educación, el ambiente, el carácter y de todo aquello que los convierte en individuos capaces de alcanzar el éxito económico o, lo que viene a ser lo mismo, de resolver problemas de orden económico. El empresario representa al individuo dotado del tipo de inteligencia específicamente económica, que no tiene que venir acompañada, necesariamente, por otros tipos de inteligencia. La inteligencia es la capacidad de resolver problemas, pero existen tantos tipos de inteligencia como tipo de problemas. Ser empresario no consiste en ser un malvado explotador sin escrúpulos sino en tener inteligencia económica. Hay tantos malvados explotadores entre los torpes como entre los listos, aunque a los listos se les nota más porque su ámbito de aplicación es mayor.
    Todos conocemos gente humilde que sin ninguna ayuda ha llegado a ser un poderoso empresario, mientras que otros, hijos de grandes empresarios y con todo a su favor solo han conseguido dilapidar todo el dinero que ha caído en sus manos. Estos últimos son torpes con suerte de tener como padre a un listo, pero no por ello dejan de ser torpes y si sus padres comenten el error de dejar en sus manos las decisiones, no tardan en arruinar a toda la familia. Marx intentó hacer ese experimento, aunque eso sí, con el dinero de los demás.
    Y eso es todo, por ahora.
    Saludos.

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  2. Warrior20:48

    Querido Yack: Parece que no has leído con atención mi escrito. Como digo en él Marx no inventa nada nuevo, el socialismo ya existía (Fourier, Owens, etc.)pero es con Marx y su materialismo cientíco el que sistematiza y estudia la sociedad. Aquí no se trata de listos y torpes, ni de buenos o malos, lo que dice Marx es que las FUERZAS PRODUCTIVAS DETERMINAN EN ÚLTIMA INSTANCIA LAS RELACIONES DE PRODUCCIÓN.
    Explotadores y explotados los ha habido siempre en la historia (excepto en las poblaciones primitivas donde existía la cooperación): en la economía SERVIL, en la economía TRIBUTARIA, en la economía FEUDAL o en la actual CAPITALISTA. En todas la cuestión está en a quién pertenecen los medios de producción. En la Servil al amo, en la Tributaria al Estado, en la Feudal al señor y en la Capitalista al empresario. Marx de lo que se dió cuenta es que los medios de producción condicionan las RELACIONES DE PRODUCCIÓN, es decir, la forma en que se produce da lugar a una determinada sociedad. Al analizar la sociedad capitalista también se dió cuenta de las contradicciones de ésta. La gran contradicción es que a medida que se desarrolla y expande entra en contradicción entre el carácter social de la producción y la forma privada de apropiación capitalista. (ejemplo: en la época artesana una costurera hacía ella sola todo el proceso de producción, es decir hacía todo el vestido. En la fábrica cada obrero está especializado en una tarea, y pierde el control del proceso que pasa a manos del empresario). Otra contradicción se produce entre la ORGANIZACIÓN dentro de la fábrica y la ANARQUÍA en el seno de la sociedad. Esto quiere decir que el empresario produce a ciegas, pues es el mercado quien le indica lo que tiene que fabricar. Se produce así una gran anarquía de la producción a nivel social, lo que contrasta con la organización cada vez mayor dentro de cada empresa. Cada empresa compite con otras, y van quedando las que con mayor inversión y menos salarios pueden vender a precios más bajos. Existen otras contradicciones, pero creo que con estas bastan para darse cuenta de lo que decía al principio, que no es cuestión de listos o tontos sino que es un sistema en el que los dueños de los medios de producción (unos pocos) imponen a la mayoría el sitema de trabajo y los salarios.
    En la ssociedad capitalista la infraestructura dominante es la ECONÓMICA y ésta determina a la SUPERESTRUCTURA. Esto quiere decir que el Estado, las leyes, las ideas que se difunden en una sociedad no son elementos neutros, al servicio de todos, sino que están al servicio de la infraestructura económica permitiendo que ésta se reproduzca sin cesar. Como ves Yack, es todo más complicado de lo que parece.

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  3. Amigo Warrior, me gustaría proyectar sobre ti la luz cegadora de la razón y la sabiduría para disipar esas ideas arcaicas y tenebrosas, que la lectura inmoderada de textos errados, en una fase temprana de tu formación, han invadido tu mente y la de muchas otras personas bienintencionadas.
    Empezaré por disipar un error conceptual muy extendido. Cuando se califica una aseveración de "científica" se la está calificando como "cierta más allá de toda duda razonable" o "validada por la más alta instancia en materia de verdad que existe en el planeta".
    El hecho cierto es que la ciencia sólo es capaz de acercarnos a la verdad día a día y esto significa que hoy puede considerar cierta una teoría y mañana otra diferente. Así que, el adjetivo "científico" sólo significa, sólo puede significar que al día de la fecha la comunidad científica considera a la idea o la teoría que califica como la mejor disponible.
    El materialismo dialéctico o "científico" desarrollado por algunos pensadores hace ya más de un siglo sobre un tema tan opinable como es la política la economía o la sociología no tiene más valor que el que la comunidad científica, al día de la fecha, quiera darle.
    Conceptos como "contradicción", "lucha de contrarios" y otras zarandajas que manejan los marxistas para explicar y predecir el curso de la historia, al día de la fecha, han sido completamente abandonados y repudiados por cualquier entidad o persona medianamente seria que tenga que ver con la ciencia o con el rigor del pensamiento.
    De todos los libros que he leído sobre ciencia, jamás he encontrado la expresión "contradicción" fuera del ámbito de las matemáticas.
    En el mundo real no existen, no pueden existir contradicciones, fuera de la mente calenturienta de los marxistas convencidos. Resulta demencial que un pensador determine la presencia de contradicciones en el mundo real y saque conclusiones sobre lo que ocurrirá en el futuro a partir de unas leyes dialécticas que tampoco tienen ninguna consistencia ni científica ni lógica ni de ningún tipo y que están totalmente desacreditadas, si es que algún día fueron tomadas en serio fuera del ámbito del marxismo.
    El mundo evoluciona en un continuo reacomodo optimizado a los cambios que se van produciendo y eso es todo. Nuestro cerebro tiene cierta capacidad predictiva que debemos utilizar, no en cambiar la realidad para que coincida con nuestras predicciones o deseos utópicos, (como hicieron los marxistas) sino para posicionarnos ventajosamente en el futuro y acelerar así la evolución social.
    Los marxistas idearon un sistema beatíficamente humanitario y utópico que tuvieron que imponer a cañonazos y fusilando a todo el que se resistiese a aceptarlo. Al final tuvieron que encerrar entre muros de cemento y alambre de espino a los supervivientes para que no se escaparan hacia los países capitalistas y acabaron muriendo por inanición aislados entre los muros aún más inexpugnables de sus convicciones equivocadas.
    La sociedad que crearon fue una visión de pesadilla, sin libertad, sin ilusión ni motivación, con temor, basada en la delación y en la amenaza, con todos los defectos de la sociedad capitalista, pero sin ninguna de sus ventajas y la realidad universal de su fracaso ha validado la evidencia de su trágico error.
    En lugar de permitir que la sociedad se estratificara espontáneamente según el criterio de listos arriba, torpes abajo, impusieron un sistema basado en una casta de poder político coercitivo situando arriba a los más hábiles en atemorizar y amedrentar a sus semejantes y abajo a los más pacíficos y menos dotados de este raro talento.
    Y para impedir que la sociedad se reorganizara de nuevo espontáneamente según las fuerzas naturales reclaman (listos arriba, torpes abajo) impusieron una mordaza de acero y alambre de espino atravesando todo el tejido social para bloquear la dinámica social y dejar las cosas eternamente inmóviles en la disposición que convenía a su ansia de poder y dominio.
    A estas alturas de la vida y de la historia, todos sabemos que no importan las buenas intenciones, sino los resultados de aplicar en el mundo real esas buenas intenciones. El marxismo fue una de esas grandes ideas que prometía crear una sociedad perfecta y feliz (como el nazismo) y solo generó sufrimiento, muros de cemento, purgas, amenazas y, además, pobreza.
    El capitalismo es un sistema económico que funciona por sí mismo y se autorregula espontáneamente hasta encontrar el equilibrio óptimo, lo que no significa que todos lleguemos a ser ricos y felices porque eso es lógicamente imposible dado que alguien tiene que trabajar, pero al menos es el sistema que produce mayor cantidad de bienestar general y, además, en total libertad, porque no necesita que nadie imponga por la fuerza el modelo de organización social ya que este es espontáneo, dinámico y autorregulado.
    Naturalmente, todo el mundo está de acuerdo en que el sistema capitalista debe vigilarse y adaptarse a los requerimientos sociales para que aquellos que, por una razón u otra han caído en los niveles más bajos, reciban ayuda de la comunidad. Pero eso no significa que el estado se irrogue la potestad de redistribuir la riqueza según su propio criterio y con vistas a comprar votos y devolver favores con sus dadivas extraídas previamente del bolsillo de todos, vía impuestos.
    El sistema capitalista es, al día de la fecha, la mejor, por no decir la única opción económica. Y la sociedad irá modificando ese modelo espontáneamente en función de los cambios que se vayan produciendo en el futuro, como ha ocurrido desde que el hombre existe. Y por favor, que nadie se ponga a imaginar un nuevo sistema revolucionario de organización económica, como hizo el bueno de Marx, que produzca cien millones de muertos y termine, cincuenta años después, desplomándose sobre sí mismo mientras los supervivientes escapan despavoridos por las brechas de un muro ignominioso hacia los países capitalistas. Para ese viaje, no hacen falta alforjas.
    Y eso es todo, por ahora.

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  4. Anónimo12:06

    Celebremos la gran revelación de la divinidad con la explicación de todos enigmas.La Naturaleza le ha revelado a nuestro amigo Yack la clave para responder a todas las preguntas.La única Sustancia,Deus sive Natura,de la que ya hablara Spinoza,contiene la programación de todo lo que existe y ha de existir,pues lo que ha de venir se producirá,según nuestro querido Yack,conforme al diseño implícito en la Naturaleza,desde la materia en su estado más inerte y simple hasta ¡pásmese¡el modelo economico que "por naturaleza"le corresponde a la sociedad humana y que no es otro que...el Capitalismo,que expresa el orden natural de las cosas.
    Pero en la naturaleza lo único que hay son leyes naturales y fenómenos que están regulados por estas leyes en los dominios físico-químico y biológico,en los que estás leyes se cumplen de forma inexorable,pero no el dominio humano de lo histótico,social,político o economico,en los que l0s hombres con su esfuerzo,lucha,fracasos y aciertos han ido construyendo modelos o sistemas con los que satisfacer sus necesidades.Y uno de esos modelos desarrollados historicamente es el Capitalismo,que vino a desarrollar extraordinariamente la riqueza si bien depredando la naturaleza y al mism o hombre,puesto que se partía de que la explotación del trabajo humano al maximo era condición esencial para la optimización del sistema y hasta para su propia supervivencia.Por eso surgió la contradicción real e histórica de auellos que se veían afectado por este sistema y que eran todos auellos que tenían que vender su trabajo a quienes ostentaban el dominio de los medios de producción de forma privada.Esta oposición OBLIGÓ al Capitalismo a reformarse,de lo contrario hubiera ocurrido lo que Marx predijo.Así apereció el neocapitalismo consumista que necesita a una clase obrera con poder adquisitivo,con poder de compra para poder mantener el sistema capitalista.No hay ningún sistema economico que e corresponda con un orden natural de las cosas,sino que son productos historicos,que lo m ismo que han aparecido pueden desaparecer.
    Amigo Yack,en el hombre no sólo hay un impulso a la posesión individual de las cosas,por lo que su conducta se explicaria por el egoismo y la codicia,sino que también,desde los comienzos de la Humanidad ha existido un impulso de COOPERACION,porque juntos se podían conseguir y acometer grandes proyectos e incluso para defenderse,que indivualmente no podrían haberse conseguido.El hombre no puede vivir sin altruismo porque es un ser social.
    Por último,si no fuera por el Estado no podría exiatir el sistema capitalista,pues dejado sólo a las fuerzas del mercado desapareceria la competencia,dado que el poder economico de iria concentrando cada vez en menos manos que desde luego impondria sus condiciones y acabarian con la competencia.La mano invisible del marcado" no puede regular automaticamente el proceso economico,como creo que está más que demostrado.

    Saludos. Jasón

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  5. Estimado Jasón, creo entender por tu comentario anterior, que para ti la voluntad es lo que para mí la Naturaleza. En tu versión de los hechos, el hombre se ha liberado de la pesada carga de su naturaleza animal y flota suspendido milagrosamente sobre la materia por el solo impulso de su voluntad omnipotente.
    Pero aunque así fuera, ¿de dónde toma la voluntad sus criterios?, ¿de dónde sus objetivos?, ¿cómo encuentra el camino en las tinieblas del caos universal? Ya sé, ya sé lo que vas a decir: ¡de la propia voluntad que actúa a un tiempo como motor incansable, brújula certera y timón infalible de su propio avance!
    Mi versión de la voluntad humanan difiere algo de la tuya. Para mí no es otra cosa que la expresión de nuestra configuración genética orientada a la supervivencia, reprogramada por la educación para adaptarse con mayor eficiencia al entorno y así cumplir mejor su papel.
    Si tienes alguna duda sobe la escasa influencia que la voluntad del individuo tiene sobre la sociedad humana, trata de contestarte a estas preguntas: ¿En qué medida has cambiado la sociedad en la que has vivido? Por el contrario, ¿crees que tu personalidad, tus creencias, tus conocimientos, tus objetivos, son obra de tu voluntad o de la influencia que ejerce sobre ti la sociedad en la que has nacido?
    Y, según yo creo, en ese contexto, la voluntad humana sólo es la expresión individual del gran proyecto de la sociedad, entendida esta como una mente virtual constituida por los millones de individuos que formaron, forman y formarán parte de ella, desempeñando el mismo papel y función que una neurona ejerce en nuestro cerebro. ¿Que cual es ese proyecto? El de prosperar, el mismo que el de un hormiguero o el de luna colmena, sólo que aun nivel mucho más elevado y complejo en la medida que nuestro sistema nervioso es superior al de una abeja o una hormiga.
    Siguiendo con la economía, no digo yo que el Capitalismo exprese el orden natural de las cosas, sino que el capitalismo es el nombre que se le ha dado a la manera en que aquí y ahora se han organizado las fuerzas económicas, sociales y culturales, siguiendo el modelo de la selección natural. Ya sabes, los sistemas más eficientes prosperan a expensas de las menos eficientes en una permanente evolución hacia la excelencia.
    Si te parece que la selección natural es un mecanismo burdo, comparado con la voluntad humana, recuerda que, hasta donde sabemos con certeza, este sencillo mecanismo ha sido capaz de desarrollar, sin ayuda alguna, todas las especies que existen, ha ajustado los complejos y sutiles hábitats donde conviven y, por si eso fuera poco, ha diseñado y fabricado, átomo a átomo, nuestro avanzado cerebro. Y yo sostengo, frente a tu modelo voluntarista, que ha sido la selección natural, ese omnipresente mecanismo universal generador y responsable del orden que informa la biosfera, el que ha configurado los distintos modelos económicos, políticos y sociales que se han ido sucediendo a lo largo de la historia de la humanidad.
    Y ahora, permíteme contarte con cierta dosis de ironía la historia del marxismo: En la culminación de los tiempos, apareció Marx y alumbró un modelo organizativo infinitamente mejor que el que la Naturaleza había puesto a punto durante millones de años de evolución. Pero Marx podía ver mucho más allá que la Naturaleza y tan seguro estaba de ello que puso su genial ocurrencia en práctica. Pero no funcionó muy bien, salvo para los buitres, aunque el fracaso de sus predicciones no se debió a un fallo en sus cálculos ni a un error letal en su modelo-ocurrencia, sino a los malvados capitalistas que conspiraron para hacerlo fracasar. Pero sus seguidores idearon múltiples e ingeniosas explicaciones para demostrar que no era Marx quien se había equivocado sino que era la propia Naturaleza, representada aquí y ahora por el capitalismo, la que había perdido el rumbo y caído en contradicciones insalvables.
    En contraposición, Darwin se limitó, desde la humildad de la genialidad, a observar, comprender e interpretar el mecanismo con el que la Naturaleza imponía su orden a la materia inanimada y alumbró una visión sobrecogedoramente lúcida que cambió para siempre el pensamiento humano y lo elevó a un nuevo nivel desde el que le fue posible contemplar la solución de los viejas e insolubles cuestiones que la teología rumiaba desde tiempo inmemorial en su desdentada boca.
    En cuanto al Estado y la autoridad, estoy de acuerdo contigo en que son necesarios para mantener un sistema de convivencia que promueva la paz social y la colaboración. También los sistemas políticos, la cultura, la tecnología, la ética y todo aquello que ha contribuido a nuestra ventajosa posición en el planeta, es producto de un proceso evolutivo, basado en la selección de los modelos más eficientes, tanto en el ámbito biológico como en el campo virtual de la cultura humana. Hasta en la Naturaleza salvaje se da la colaboración y el altruismo porque son estrategias de supervivencia desarrolladas por selección natural desde antes de que aparecieran los seres pluricelulares y la prueba más evidente de ello es nuestro propio organismo donde conviven millones de células que colaboran estrechamente para beneficiarse mutuamente, aunque para ello tengan que renunciar a sus propios intereses egoístas y miopes porque el altruismo no es sino una forma avanzada de egoísmo a largo plazo.
    El capitalismo no consiste en eliminar al Estado y sumirse en el anarquismo salvaje del sálvese quien pueda o de la ley del más fuerte sino en impedir que el Estado intervenga en un ámbito (el del mercado) que no le corresponde e intente dirigir los procesos económicos según criterios simplistas y arbitrarios, aun en el supuesto de que fueran bienintencionados, que nunca lo son. El motor económico, el núcleo duro de la economía, es el mercado donde el libre juego de las fuerzas de la oferta y la demanda, traducidas en precios, optimiza la producción y el intercambio de bienes y servicios. El Estado sólo debe vigilar que nadie haga trampas y amparar a los más débiles.
    En ningún caso debe emplear su poder coactivo para imponer un modelo-ocurrencia bienintencionado porque al hacerlo, sólo conseguirá romper el eficaz y sutil equilibrio puesto a punto durante millones de años de evolución.
    Pero para que este interesante debate no se limite a una yuxtaposición de puntos de vista enfrentados, podríamos abordar directamente el origen del mal, que no es otro que el materialismo dialectico en el que Marx fundamentó su desastrosa y lamentable ocurrencia, cuyos ecos todavía siguen reverberando en muchas mentes, impidiéndoles ver la gloriosa verdad que nos desveló Darwin y otros pensadores.
    Y eso es todo, por ahora.
    Saludos.

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  6. Jasón12:51

    Estimado Yack:Creo que tienes unconcepto reducionista de la naturaleza,sobre todo de la "naturaleza humana".El hombre no escapa de su naturaleza porque tenga voluntad,sino que su naturaleza no consiste sólo en lo biologico.Al tener un pensamiento simbólico inteligente con el que interioriza y trata el mundo con su reflexión,esto le permite planear y decidir lo que va a hacer(voluntad libre),trascendiendo el plano de los determinismos puramente biologicos y creando un mundo propio y abierto psicologico,social,cultural e historico que no se da ni se puede dar en otras especies.Así el hombre crea su propia vida(biografia) proyectando lo que quiere hacer y ser.
    Desde este presupuesto han ido apereciendo distintas organizaciones sociales,politicas y economicas.Y los grandes filósofos se han preguntado sobre cuál debería ser la organización política y social más adecuadas para alcanza el Bien Común.A ninguno,salvo a los liberales conservadores,ultraliberales,se les ha ocurrido que la ley que debería regir en todo el proceso social y económico debería ser la selección natural,la ley de los más aptos o fuertes,propia del mundo biológico,sino más bien tratar de evitar el darwinismo en el terreno social y económico que condenaría a miles de seres humanos a la indigencia,de ahí la formulación de los derechos humanos y sociales,que actualmente ni las posiciones más conservadoras se atreven a abolir
    Desde el nivel biólogico el hombre accede a unos sistemas psicologicos y sociales que adquieren una autonomía en el desarrollo de la vida humana,si bien el hombre sigue estando determinado en lo puramente biologico por las leyes generales de la Naturaleza.
    Amigo Yack,la competecencia no es nada más que un mecanismo de eficiencia,cuando funciona,para la existencia de un auténtico mercado.Pero cuando los poderosos tratan de imponer su conveniencia,lo que ocurre con bastante frecuencia,distorsionando la competencia,¿qué debe hacer el Estado?.No cabe duda que intervenir para restablecer la competencia.¿Crees que esta intervención,en estas circunstancias,la aceptarían la mayoría de los capitalistas?.Debería ser asi si son `partidarios del mercado y de la competencia.No hace falta que argumente que el mercado por si sólo no restablece la situación de competencia;hay innumerables ejemplos de que esro no es así.Un marxismp moderno,actualizado,aceptaría el mercado con autentica competencia en el sector del consumo y amplios segmentos de la producción,distribución y comercialización,pero no en sectores estratégicos ni en servicios esenciales básicos,como la educación,la sanidad,etcsi son financiados con fondos públicos.
    No tengas prejuicios sobre el matwerialismo dialéctico.Es un tema que da para un profundo y sosegado debate,pero eso será en otra ocasión.
    Un saludo. Jasón

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  7. Admirado Jasón, aunque creo que ya he contestado a la mayoría de tus argumentos y no queriendo repetirme, añadiré algunas apostillas a tu último comentario y explicaré lo que a mi entender es el materialismo dialectico, base ideológica del marxismo y, por extensión, de todas las formas de socialismo, que no son sino marxismo enfrentado y compatibilizado con la tozuda realidad de los hechos:
    Los pensadores están en su derecho de pensar y pensar y pensar todo lo que quieran, pero otra cosa es intentar llevar sus ocurrencias peligrosas a la práctica, como hizo Marx y sus acólitos.
    El capitalismo o neocapitalismo o liberalismo o neoliberalismo no intenta llevar la selección natural a las personas, sino a las estructuras económicas y sociales para que se perfeccionen y produzcan mayor beneficio para las personas.
    Al día de hoy nadie duda ni cuestiona que la razón de ser del Estado y de todos los mecanismos sociales, políticos y económicos es el beneficio de los seres humanos. La discrepancia está en cómo conseguir ese objetivo que todos comparten. Unos creen que se puede conseguir implantando una dictadura del pensamiento, encerrando a los beneficiarios entre muros de cemento y sustituyendo el mecanismo de selección natural por su santa voluntad y sus demenciales modelos económicos, políticos y sociales.
    Otros creemos que la solución consiste en dejar que la selección natural siga haciendo su prodigioso trabajo de perfeccionamiento y optimización en las estructuras económicas, políticas y sociales, interviniendo únicamente en aquellos raros casos en que se aparten del bien común o se produzcan distorsiones. En lugar de estar pasando continuamente el rasero de la uniformidad, trasvasando recursos de los sistemas más productivos a los más despilfarradores e incompetentes, creemos que lo mejor para todos es permitir que los sistemas más eficientes crezcan a expensas de los más incompetentes para así primar la eficiencia sobre la incompetencia. Al margen de esto, habría que socorrer a las personas que, por una u otra razón, han sido barridas del sistema competitivo.
    Te voy a poner dos ejemplos simples de lo que quiero decir: al indigente que vive en la calle, habría que proporcionarle el disfrute (que no la posesión) de una vivienda modesta, aunque digna, y ayudarle a superar el problema que pueda tener (bebida, droga, enfermedad mental, falta de preparación, etc.). Sin embargo, es absurdo proporcionar (mediante rifa) una vivienda en propiedad, a mitad de precio, a un joven que acaba de terminar una ingeniería, mientras que un trabajador humilde ha necesitado toda una vida de ahorro para conseguirla y, además, tiene que subvencionar con sus impuestos, el regalo que el Estado hace a una persona que pronto le superará ampliamente en renta.
    En el primer ejemplo, el Estado se encarga de corregir los inconvenientes de una economía competitiva, en el segundo juega a ser Dios, recomponiendo lo que él entiende como una injusticia trascendental. Y lo peor es que, en la medida que intenta igualar lo que por naturaleza es desigual, sólo está contribuyendo a reducir la eficiencia del sistema productivo y a interferir en el mecanismo de generación de riqueza. Al final, en lugar de justicia divina, solo están produciendo miseria real que sí hay que repartir necesariamente entre toda la población, ricos, pobres y sobre todo, clase media.
    Por otro lado, tienes razón de que los malvados capitalistas solo reclaman la competencia, cuando les interesa, pero eso forma parte de la naturaleza humana en general y no solo de los malvados capitalistas. A estas alturas de la vida y de la historia, ya sabemos que todos (capitalistas o no) reclamamos el modelo que más nos interesa en cada caso, pero eso se da por supuesto y no constituye un argumento en sí mismo, si no es a favor de una dictadura orweliana donde los deseos humanos son sustituidos por los de un dictador.
    La cuestión es que el Estado tiene la función y la suele ejercer en los países civilizados, de evitar distorsiones en el modelo competitivo. Naturalmente no siempre es fácil o posible establecer un mercado perfecto, pero hay que conformarse con mantener un mercado tan perfecto como sea posible porque no se puede aniquilar un sistema eficaz por el simple hecho de que no es perfecto y sustituirlo por otro que es perfectamente inútil e incompetente.
    Y esto es tan cierto que tú mismo y hasta los más recalcitrantes socialistas aceptan la inevitabilidad del mercado libre y acaban presumiendo de superávit y de bajada de impuestos. Ahora bien, lo de “sectores estratégicos” es un concepto muy elástico. Puede que existan esos sectores, pero la diferencia entre socialismo y capitalismo es que los socialistas consideran que, cuanto más sectores estratégicos, mejor, mientras que los capitalistas entienden que mientras menos, mejor.
    Es decir, sólo deben estar controlados por el Estado aquellos sistemas que claramente no funcionan mejor al ponerse en manos privadas, o lo que es lo mismo, al someterse a selección natural.
    Pero hay soluciones mixtas que permiten aprovechar lo mejor de ambos mundos. Por ejemplo, la sanidad y la educación que tanto invocas.
    Te voy a plantear el modelo educativo que yo propondría y con el que creo que estarías de acuerdo como buen profesional de la enseñanza que eres:
    El usuario podría elegir el centro de enseñanza que deseara y el Estado pagaría a cada familia el coste de ese puesto escolar y se aseguraría de que es utilizado adecuadamente mediante un seguimiento y control eficaz.
    Adicionalmente se sometería a todos los alumnos a controles periódicos de calidad, esta vez por el Estado (las antiguas revalidas) para asegurarse de que no se pervierte el sistema por ninguna de las dos partes. Por ejemplo, podría darse el caso de que para conseguir clientes, algunos centros de enseñanza bajaran el listón y aprobaran a todos sus alumnos sin merecerlo y los usuarios, buscando la titulación fácil, cayeran en la trampa tentadora de la comodidad. Ese efecto negativo producido por la alianza perversa entre competencia y titulitis, podría evitarse mediante controles imparciales por parte del Estado (revalidas), que haría inútiles los aprobados fáciles porque no servirían para alcanzar títulos válidos.
    Mediante la imposición de un sistema de revalidas, los aprobados fáciles no proporcionan ninguna ventaja, sino todo lo contrario porque los alumnos se quedan sin título después de varios años perdidos y, cómo reacción egoísta, los usuarios se dirigirán a aquellos centros que consiguen mayor porcentaje de aprobados en los exámenes de reválida, aunque exijan mayor esfuerzo al alumno. De hecho los centros que más clientes obtendrán serán aquellos que consiguen mejores resultados con menor esfuerzo y a eso se le llama “EFICIENCIA”.
    Es decir, que la competencia (la selección natural) es un mecanismo irrenunciable si se quiere evitar la degradación del sistema, pero esa selección natural hay que mantenerla en el ámbito de las estructuras organizativas y no de las personas. Y el Estado debe elegir cuidadosamente las fronteras en las que debe funcionar la selección natural y arbitrar medidas para que todo funcione con la mayor eficiencia posible pensando siempre en el bien común de las personas.
    Otra cosa es que los socialistas y marxistas se empeñen en desvirtuar lo que acabo de decir afirmando que lo que el capitalismo busca es la lucha despiadada entre personas para que el más fuerte y cruel imponga su ley al más débil e indefenso. Y eso lo hacen para quitar la razón a sus contrincantes y dársela a sí mismos confundiendo y entremezclando los conceptos, haciendo uso, en este caso, del materialismo dialectico. Porque si para algo ha servido el materialismo dialectico ha sido para construir falsos discursos lógicos que encandilan con su pomposa e inextricable complejidad de conceptos, tan vacios como sonoros, a las personas que carecen de una sólida formación lógica.
    En cuanto al materialismo dialectico, la bestia negra del sentido común, me parece que es una especie de virus letal engendrado en las mentes calenturientas de los marxistas que se ha difundido ampliamente, contagiando a muchas personas bienintencionadas que carecen del suficiente rigor lógico como para darse cuenta de la trampa en la que han caído. Aquí hago una invocación desesperada para que se sustituya la asignatura de educación para la ciudadanía por una nueva y revolucionaria asignatura que se llame “educación para saber pensar”.
    El materialismo dialectico emplea una serie de principios con los que pretenden interpretar la realidad y hasta hacer predicciones. Veámoslo más de cerca:
    La ventaja que ofrece este sistema es que proporciona a las victimas la falsa sensación de que pueden entender la complejidad del mundo aplicando unas sencillas reglas que sirven tanto para freír un huevo, como para explicar las paradojas cuánticas o demostrar que los malvados capitalistas tienen sus días contados.
    El materialismo dialectico, como tantos otros sistemas pseudoexplicativos dispone de una panoplia de normas y triquiñuelas accesorias que permiten justificar los fallos en las predicciones, explicando con desparpajo, lo contrario de lo que predicen.
    En la edad media se rezaba frenéticamente para asegurar la victoria en una batalla, pero si se perdía se recurría a la triquiñuela de que Dios los había castigado porque habían pecado. Si ganaban, según la predicción inicial, el modelo religioso se reforzaba.
    Los griegos idearon teorías sobre la lucha de los elementos (que ni eran elementos ni luchaban) para explicarlo todo, los romanos empleaban las rencillas entre los dioses del Olimpo para explicar la historia y los acontecimientos personales y siempre encontraban una explicación satisfactoria con la coherencia del modelo, tanto si acertaban, como si no.
    Todos estos modelos pseudoexplicativos tienen en común una cosa: No son predictivos. No son capaces de hacer predicciones más acertadas que otros sistemas alternativos, en especial el sistema del sentido común.
    Los dialecticos, realizan predicciones basándose en el sentido común, que al día de la fecha es la mejor máquina de predecir, si exceptuamos los modelos científicos. Una vez hecha la predicción, le colocan un armazón dialectico que se adapta a la predicción, pero si la predicción falla, se sacan del bolsillo la ferretería dialéctica, y recomponen enseguida un nuevo armazón que explica el fallo. Y eso pueden repetirlo todas las veces que haga falta creándose la falsa ilusión de que son capaces de comprender y predecir (aunque sea retroac tivamente) la complejidad del mundo y el devenir futuro. Es decir, si el armazón dialectico, construido sobre la predicción generada por el sentido común, es acertado, se refuerza el modelo dialéctico, pero si falla la predicción, se produce la autoinculpación por no haber utilizado correctamente las herramientas dialécticas y se procede rápidamente a una nueva reelaboración que se oculta pudorosamente para no quedar en evidencia ante los colegas.
    La ciencia funciona de otra forma y por eso ha transformado el mundo. Elabora un modelo-ocurrencia y lo somete a prueba. Y lo hace proponiendo predicción arriesgadas y falsables que no pueden hacerse desde otras teorías alternativas. Y enseguida explicaré que son arriesgadas y qué son falsables.
    Un caso paradigmático es este proceder fue la teoría de la relatividad. Einstein hizo públicamente la profecía de que habría una desviación en la posición de una estrella, al producirse un eclipse solar, por efecto de la desviación gravitatoria de la luz procedente de la estrella al pasar junto al Sol. En aquel tiempo, ninguna teoría física (la newtoniana era la más prestigiosa) hacia esa predicción y menos aún el sentido común. Pues bien, la predicción fue correcta y siguieron siendo correctas nuevas predicciones igualmente improbables y falsables (que podían someterse a prueba) que nunca se había tenido ocasión de plantear y comprobar.
    Falsable significa que puede someterse a prueba. No es falsable predecir que algún día Dios descenderá de los cielos ni que algún día los capitalistas serán aniquilados definitivamente.
    Arriesgadas significa que chocan con el sentido común y no son deducibles de ninguna teoría alternativa aceptada como eficaz. No es arriesgado decir que mañana el Sol saldrá por el horizonte porque eso lo predice el sentido común de un niño, ni que la masa aumenta con la velocidad porque eso ya lo dice la teoría de la relatividad. Si elaboramos una explicación dialéctica sobre estas dos predicciones, es una tomadura de pelo, porque también podríamos hacerla con cualquier modelo pseudoexplicativo como la lucha de los elementos, el ying yang, los dioses del Olimpo o la eterna lucha del bien y del mal.
    El materialismo dialectico es incapaz de hacer ninguna predicción falsable e improbable, pero es muy hábil en demostrar que todas las teorías podrían haberse elaborado con el materialismo dialectico, porque haciendo uso de la chatarrería dialéctica, pueden construir un mecano que se adapta a cualquier modelo ya existente, pero se muestra dramáticamente incapaz de hacer una predicción falsable e improbable y las pocas que ha hecho han fracasado estrepitosamente, aunque enseguida se han recompuesto, como ha ocurrido con las predicciones religiosas del fin del mundo cuando ha llegado el día anunciado y no ha ocurrido nada.
    La mayoría de la gente no se da cuenta de la gran diferencia que existe entre explicar algo o anticiparlo. Existen miles de sistemas explicativos, pero solo uno es auténticamente predictivo. Los primeros, entre los que se encuentra por derecho propio el materialismo dialectico, solo son placebos de la mente, que proporcionan la falsa impresión de comprender y de predecir, mientras que los otros son auténticas herramientas de transformación de la realidad.
    Ahora bien, los modelos científicos son muy complejos y difíciles de manejar y se necesita una gran preparación y un continuado esfuerzo para aprenderlos y utilizarlos, mientras que los otros sistemas explicativos son muy fáciles de aprender y de utilizar, aunque, como contrapartida, solo son placebos mentales y como ocurre con los placebos, pierden su dudosa utilidad cuando el usuario comprende la dolora verdad de que sólo son azúcar disfrazada de medicamento.
    El materialismo dialectico, el ying y el yang, y todas esas zarandajas son incapaces de predecir nada ni aportar ni un solo átomo de información, pero tienen la facultad de adaptarse como geles viscosos a todo aquello que ha sido generado por otros sistemas auténticamente predictivos, entre ellos el del sentido común que es el más usado porque es el sistema predictivo que todos los seres humanos traen montado de fábrica.
    Yo puedo hacer una predicción usando la capacidad predictiva de mi cerebro, y si soy un creyente convencido en el materialismo dialectico, genero casi al mismo tiempo una membrana dialéctica que se adapta a mi predicción. Si tengo la suerte de acertar, me siento doblemente satisfecho por ser dialectico y por haber utilizado la herramienta dialéctica correc tamente y si fallo, pienso que la he utilizado incorrectamente y me enseguida construyo otro andamiaje que corrige mi error pero que salvaguarda la capacidad predictiva de mi herramienta favorita de pensamiento. Y es que amamos más a nuestras creencias que a la verdad y por eso estamos dispuestos a sacrificar una en beneficio de las otras.
    Por el contrario los auténticos modelos útiles, son aquellos que permiten al pensamiento hacer predicciones que no podría haber hecho sin la ayuda de ese modelo. Y el modelo es valioso sólo en la medida que puede generar predicciones arriesgadas que resultarían inverosímiles fuera de ese modelo concreto. Y además acierta con una frecuencia excepcionalmente alta.
    Y creo que es todo lo que tengo que decir sobre el materialismo dialectico. Añadiré por ultimo que ningún científico serio (del siglo xxi) ha dicho jamás que ha descubierto tal o cual cosa o que ha hecho tal o cual predicción basándose en el materialismo dialectico, más que nada para evitar la carcajada unánime de sus colegas. Sí, en cambio, ha habido científicos en siglos pasados que por estar impregnados por el virus marxista, revistieron sus consecuciones científicas de un ropaje dialectico para alagar sus propias creencias y a los personajes que habían ejercido de mentores ideológicos, como podría ser el caso de Mendeleiev, el descubridor de la periodicidad de ciertas propiedades de los elementos químicos, en cuyo descubrimiento no tuvo nada que ver el materialismo dialectico sino el sentido común aliado con la suerte y el trabajo persistente.
    Y ahora sí que acabo.
    Saludos.

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  8. Jason dice:"El hombre no escapa de su naturaleza porque tenga voluntad,sino que su naturaleza no consiste sólo en lo biologico.Al tener un pensamiento simbólico inteligente con el que interioriza y trata el mundo con su reflexión,esto le permite planear y decidir lo que va a hacer(voluntad libre),trascendiendo el plano de los determinismos puramente biologicos y creando un mundo propio y abierto psicologico,social,cultural e historico que no se da ni se puede dar en otras especies.Así el hombre crea su propia vida(biografia) proyectando lo que quiere hacer y ser"
    Ahí está la clave del error. Los marxistas, y todos los de extrema derecha o izquierda siguen aferrados a un dualismo misterioso que propone una voluntad libre de su animalidad, y les lleva a todo tipo de errores. La ilusión del libre albedrio fluye en todo tipo de debates y creo que la psicologia evolucionista (imprescindible Darwin) y las neurociencias tienen la palabra para combatir este error. Yo estoy de acuerdo con los argumentos de Yack, aunque no sé si los lleva muy lejos. No sé que pensará de la situación política actual tanto a nivel nacional como mundial. como ves la problemática de paises como China o los paises islamistas. En fin... Un saludo

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  9. Miquel, SUSCRIBO todo lo que has dicho.

    Lo que suele ocurrir en el tema de la libertad es que se confunde el concepto de “grado de libertad” con "libre albedrio".

    Tenemos más grados de libertad que el resto de los animales gracias a nuestra mayor inteligencia pero seguimos condicionados al 100% por la máquina cerebral cuyo trabajo es encontrar las mejores soluciones para los problemas que se nos plantean.

    El concepto de libertad se sostiene sobre la suposición intuitiva de que hay algún ente misterioso (el yo) que decide y que puede hacerlo al margen del concepto de “mejor jugada”.

    Mi opinión es que las neuronas deciden en cada caso lo que más nos conviene (la mejor jugada), en base al programa genético y a la experiencia adquirida, y le comunican la decisión final al “yo” que recibe la notificación como una especie de inspiración de origen desconocido.

    Y dado que no tiene acceso a las profundidades de la máquina especulativa ni a la mayoría de sus procesos, cree que la decisión ha sido cosa suya, cuando en realidad, el yo sólo es el portavoz.

    Pero a estas alturas, como bien dices, la neurociencia, el darwinismo y el sentido común han dejado claro que el libre albedrio es una intuición errónea y absurda porque de existir, significaría elecciones arbitrarias o aleatorias.

    A la hora de rastrear la pista de nuestras acciones, lo más adecuado es volver la vista hacia el resto de los animales y establecer comparaciones con ellos, en lugar de hacer afirmaciones grandilocuentes y huecas sobre la inefable superioridad de nuestro espíritu.

    En cuanto a China, la veo como una dictadura comunista que ha descubierto que lo que falla en el comunismo no es la dictadura sino el marxismo. Han puesto en marcha una economía de mercado, sustituyendo el modelo de reparto marxista por el de competencia capitalista y han mantenido la dictadura intacta para pilotar con seguridad la transición entre ambos modelos.

    Una dictadura puede mantener a los sindicatos fuera de juego y el gobierno puede hacer y deshacer a su antojo evitando la conflicitivad, las huelgas, el sabotaje social, la subversión, el separatismo, etc. que padeció la Unión Soviética.

    Tal vez sea la mejor fórmula posible para un país de ese tamaño con más urgencia de comida abundante que de política.

    La democracia es un manjar caro que sólo se pueden permitir los países ricos en recursos y en educación y China no es ninguna de esas dos cosas.

    Saludos cordiales.

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  10. No sé si vendrá a cuento colocar esta entrada porque el tema puede estar agotado (resulta adecuado cerrar los temas para que la vivacidad de los ponentes se fijen en los nuevos temas propuestos). Pero si algo de vida tiene esta discusión, me gustaría decir dos palabras. En primer lugar que estoy totalmente de acuerdo con Yack, aunque alguna vez lo crudo de sus expresiones (en esta época de lo políticamente correcto) produzcan algún temblor en los tímpanos mal afinados. En segundo lugar, el pronunciarme contra esas zarandajas del llamado socialismo científico y de la "liberación". ¿Dónde se encuentra lo científico?, ¿en la dialéctica?, esa simple observación de que en la naturaleza todo es lucha de opuestos. Con eso se acaba el programa "dialéctico", y sin embargo, con eso pretendieron explicar la historia, la sociedad, la física etc, diciendo tonterías de calibre inmenso que se pueden encontrar en cualquier escrito de Hegel. Marx lo aprovechó para sacarse de su chistera el irrevocable destino comunista de la sociedad. Pura fantasía a la medida de sus deseos y de los de Engels, por no citar al iluso Marcuse, que con el psicoanálisis y la dialéctica hegeliana nos pretende decir que la liberación está a punto porque estamos en un periodo en que Eros absorberá a Tánatos y reinará por siempre la paz y el contento mediante el juego perenne y la erotización del cuerpo que liberará lo reprimido. Pura bazofia intelectual. Pero los seguidores de esa bazofia son mirirada. Lo que demuestra que en las filas de la filosofía ha estado instalado el reino de la estupidez.
    Saludos

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  11. Fernando, no lo has podido expresar mejor. Y este discurso que comparto en su totalidad, sorprendentemente, encuentra una oposición generalizada entre las mentes, supuestamente, mejor preparadas de nuestra sociedad.

    Personalmente he conocido a pocas personas capaces de descalificar a la filosofía en su conjunto como pura bazofia. Pero ese es uno de los descubrimientos más sorprendentes que he hecho tras muchos años de darle vueltas al tema, con el agravante de tener todas las opiniones en contra.

    Y es una experiencia liberadora, aunque te enfrenta frontalmente con toda criatura pensante de cualquier signo ideológico.

    Y creo que esta situación es el resultado de no haber recibido una educación seria y objetiva orientada a la comprensión de la realidad.

    Saludos.

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  12. Ya somos dos, Yack. No es que toda la filosofía sea una bazofia, sino, sorprendentemente, la filosofía con más acólitos, aquella que ha llenado los siglos XIX y XX, es decir, los Hegel, Marx (sin negar que su arduo esfuerzo y su análisis de la historia y de las relaciones de producción presentan mérito), los Adorno, Marcuse y toda la escuela de Frankfurt, Derriga, Lacan y un largo etc. Los unos con sus fórmulas utópicas, tomando generalmente lo deseable por lo factible, es decir, inventar una "verdad" a la medida de sus deseos; y otros con una filosofía basada en el axioma de que la creencia más disparatada si va acompañada de oscuridad, pasa a los ojos de la muchedumbre de descerebrados por inobjetable verdad.
    Saludos

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  13. Fernando, cuando califico de bazofia a la filosofía en general lo hago para poner de relieve un hecho muy importante que al común de los mortales pasa desapercibido:

    - La filosofia en su mayor parte está escrita en épocas pasadas, donde el conocimiento de la realidad era elemental y por tanto las teorías suelen ser ingenuas o equivocadas al carecer de datos cruciales para su correcta formulación.

    - En filosofía no se aplica el método científico (comprobación objetiva), sino que se dan por buenas teorías que se sustentan en la propia capacidad dialéctica o en la autoridad de otros pensadores reconocidos.

    - La filosofía se ha acostumbrado a legitimarse a sí misma y a despreciar la honestidad intelectual que supone la exigencia de demostrar objetivamente lo que se afirma.

    - La filosofía se emboza en una inmerecida respetabilidad que mantiene a fuerza de oscuridad y demagogia (decir lo que la gente quiere oír), contando además con la imprescindible falta de preparación crítica y científica de la ciudadanía.

    Por eso, leer filosofía es peligroso para la educación, a menos que se posea una sólida formación critico-científica.

    Y sólo desde una sólida preparación puedes aventurarte a explorar la filosofía, donde encontrarás autores lúcidos, pero incluso estos cometerán ocasionalmente errores monumentales al carecer de información crítica.

    Por eso yo nunca recomendaría a nadie leer filosofía porque correría el riesgo de infectarse de múltiples virus intelectuales que podrían arruinar su vida, como muy bien has ejemplarizado tú.

    Sí les recomendaría leer únicamente ciencia y la filosofía seria que hacen los científicos de acreditada solvencia y fiabilidad, incluyendo a algún filósofo actual con espíritu científico y honestidad acreditada.

    Saludos.

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  14. Temo, Yack, que provengamos los dos del mismo campo de conocimiento, lo que explicaría ciertas aversiones que compartimos. Pero, en lo que a mí respecta, dichas aversiones han menguado en cuanto a lo que se refiere a la generalidad de la filosofía, mientras que se han ido incrementando en relación a varios filósofos en particular, algunos de los cuales ya te he nombrado. Tiene la filosofía, de manera usual, la virtud de haber acumulado con los años de su ya vetusta existencia, una extensa relación de conceptos, problemas, términos y definiciones que resultan imprescindibles a la hora de plantearse cualquier cuestión. Ahí se encuentra su gran utilidad. Tal grupo de conceptos, términos y problemas, si se afinan con el diapasón de las ciencias ―y hoy tenemos precisos diapasones físicos, biológicos, antropológicos, neurológicos, etc―, pueden producir un bello sonido. Esto es, quienes pretendan hablar con “verdad” del hombre, de la historia, de la política, de la organización social, e incluso de las pasiones, necesitan usar ese acopio de conceptos organizados, siempre que se amolden o se adapten a los dictados de la ciencia al respecto. Así que la filosofía necesita a la ciencia y la ciencia necesita a la filosofía para organizar sus conocimientos respectivos. Pero la dificultad de la filosofía estriba en que mientras la ciencia puede ser atomista, pues no es su labor primera describir la totalidad, la filosofía necesita poseer el encadenamiento de todos los saberes, necesita conocer la historia, las ciencias, la psicología etc, labor ardua que la filosofía académica no está en disposición de realizar, así que se acomodan a hablar de Platón, Aristóteles y Marx, y poco más; dándose la paradoja de que cuando estudian a un heterodoxo como Nietzsche, ni siquiera lo entienden, y se apresuran a encasillarlo en alguno de los “ismos” que manejan con facilidad, diciendo de él que fue un nihilista, un metafísico, un positivista o incluso un santo varón. En fin, en esto me parece que yo resulto más comedido que tú: rechazo el planteamiento filosófico que hacen los filósofos (por propia pereza o incapacidad) de vivir encerrados en su torre de marfil metafísica, pero no rechazo la filosofía, pues como ya he dicho, sabiendo rebuscar encuentras un tesoro conceptual y terminológico indispensable para la labor de pensar.
    Saludos.

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  15. Fernando, comparto la idea de que la filosofía fue el primer intento sistemático de comprender la realidad y eso merece nuestro respeto, pero en un momento de su historia apareció una rama (la ciencia) que, como ocurre en la selección natural de las especies, adquirió tal fuerza que eclipsó a la rama de donde procedía.

    Y con lo que no estoy de acuerdo es con la práctica generalizada en la intelectualidad de seguir bebiendo en las fuentes de la filosofía o en continuar alargando la rama original ignorando la existencia de la ciencia y de sus métodos asépticos para descubrir la verdad.

    Y también comparto tu actitud expresada en el último párrafo, en el sentido de rebuscar con las gafas de la ciencia en el gran vertedero de la filosofía, pero avisando a los incautos para que no lo hagan si no cuentan con las susodichas gafas. Podrían quedar infectados por virus letales que invadirían su pensamiento, paralizándolo y sumergiéndolo en un bucle infinito.

    En resumen, la filosofía clásica merece nuestro agradecimiento y respeto, pero en el siglo XXI lo que vale es el conocimiento objetivo que proporciona la ciencia. Y la filosofía de nueva planta, si quiere ganarse mi respeto, debe estar íntimamente asociada a la ciencia.

    Saludos cordiales.

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