Cómo debe ser la filosofía del siglo XXI
Bien entrados ya en el siglo XXI, podemos constatar, con cierto estupor, que buena parte de la población profesa hacia la filosofía y, aun peor, hacia los filósofos, una suerte de admiración que a menudo raya en la veneración. Pero aun descubrimos un hecho más inquietante si cabe: La mayoría de estos apologetas se declaran incapaces de explicar qué es exactamente la filosofía, para qué sirve y cuál es el objeto de su estudio.
Y tal vez la razón de que no lo sepan esté en que la filosofía no admite una definición clara, no sirve para nada y tampoco cuenta con un objeto claro de estudio.
Entonces, -cabría preguntarse- si esto es así, ¿por qué se llama este blog "Tertulia filosófica Puerta de Toledo"?
En esta ocasión trataremos de aclarar qué es la filosofía, cómo debería ser la filosofía del siglo XXI y de paso, por qué se llama así este blog.
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Yack
Hubo un tiempo en que las criaturas que poblaban este planeta sólo eran capaces de hacerse tres preguntas: cómo comer, cómo no ser comido y cómo tener sexo.
Pero esta situación inicial cambió cuando un extraño mono lampiño descendió de los árboles y aprendió a caminar sobre sus cuartos traseros. Su cerebro creció más allá de todo límite imaginable y como resultado de ello apareció sobre la Tierra la especie que ahora conocemos como "homo sapiens sapiens", lo que viene a significar: el mono que sabe que sabe. Y el resto ya es historia.
Cuando la especie humana aprendió algunos trucos (el fuego, la rueda, los metalurgia, etc.) y dispuso de suficiente tiempo libre para pensar sobre cuestiones no vinculadas a la supervivencia, apareció la filosofía.
Esta primera versión de la filosofía, que podríamos definir como "deseo de conocer" surge de la combinación de tres factores:
- Un cerebro muy potente.
- Mucho tiempo de ocio.
- Un instinto de exploración muy desarrollado, heredado de los primates.
Y es en este escenario inédito donde surgen las primeras preguntas no relacionadas directamente con las tres cuestiones fundamentales. Por ejemplo: ¿qué son esos puntos de luz que brillan en el cielo nocturno?, ¿qué ocurrirá después de la muerte con nuestra conciencia?, ¿quien hizo el mundo y para qué?, etc.
En principio, podría parecer que estas preguntas carecen de interés práctico, pero analizadas desde la perspectiva del siglo XXI podemos considerarlas, retrospectivamente, como la semilla de donde surgió la ciencia y la tecnología actual. La clave, en suma, de nuestro imparable y floreciente éxito evolutivo.
La filosofía nace, pues, como una actividad intelectual producto del "deseo de conocer" pero, y aquí está lo esencial, no sólo de lo que es, o parece ser, útil (confeccionar la ropa, cazar animales, conservar la comida, etc.), sino de todas aquellas otras cuestiones que resultan incomprensibles, sean útiles o no.
Así pues, con la aparición de los primeros filósofos, se inicia la escisión de los pensadores humanos en dos castas cada vez más diferenciadas:
Tecnocientificos: Que son aquellos que reflexionan sobre problemas reales y prácticos con el fin de elaborar modelos predictivos de la realidad y desarrollar soluciones técnicas que permitan satisfacer los deseos de sus semejantes: el relojero, el constructor de acueductos, el arquitecto, el físico, el médico, etc.
Filósofos: Los que se dedican a buscar respuestas a preguntas sobre cuestiones que cumplen alguno de estos tres requisitos:
- Problemas que no tienen repercusiones sobre el mundo real: ¿Cómo se mueven las estrellas? ¿cómo aparecieron los seres vivos? ¿cuándo se acabará el mundo?
- Problemas imaginarios: ¿Cuál es el sexo de los ángeles? ¿cómo es Dios? ¿de dónde proviene el alma?
- Problemas mal planteados: ¿Cual es el sentido de la vida? ¿Qué misión tiene el hombre en la Tierra? ¿por qué nos visitan los difuntos durante los sueños?
Y dado que las respuestas a estos tipos de problemas no pueden ser verificadas en el mundo real, la filosofía se fue convirtiendo en una ciénaga poblada de monstruos estériles e incapaces de vivir y prosperar fuera de su mundo hermético, de ese ecosistema cada vez más depauperado que llamamos "filosofía".
Si nos remontamos a los comienzos de la filosofía griega, podemos constatar que ya los primeros filósofos, y dado que no producían nada útil, se vieron forzados a vivir a costa de los demás. Para conseguirlo, se convirtieron en mercachifles de la sabiduría y desarrollaron hábiles estratagemas dialécticas para convencer a su público iletrado y a sus ingenuos mecenas de que conocían las respuestas a casi todas las preguntas. Y dado que la información y el conocimiento es poder, utilizaron su truculento prestigio para mantener un estatus de superioridad moral e intelectual sobre sus conciudadanos y también sobre las generaciones venideras. Un prestigio que ha perdurado hasta el siglo XXI, junto con el de otros residuos del pensamiento erróneo, como son las religiones.
Los filósofos se convirtieron con el transcurso del tiempo en atareados artesanos de lo inútil, desarrollando una amplia panoplia de ideas, teorías y afirmaciones que compartían la dudosa virtud de no admitir demostración ni refutación alguna. Por si eso fuese poco, además resultaban perfectamente inútiles, cuando no contraproducentes.
Quien se acercaba a la filosofía, guiado de su noble afán de conocer, se sentía abrumado por su lenguaje críptico y su nomenclatura inaprensible, llegando finalmente a la conclusión de que su inteligencia no estaba a la altura de la de los grandes filósofos. Estos, en cambio, sí parecían entender toda aquella barahúnda inextricable, a juzgar por los interminables debates en los que se enzarzaban y por los gruesos libros que leían y escribían.
En otro ámbito, los ingenieros, arquitectos, y demás pensadores tecnocientíficos, interesados en solucionar problemas reales, fueron creando, sin alharacas y con perseverancia, la ciencia y la técnica que hoy conocemos y que tanto ha cambiado nuestras vidas.
Y aunque la filosofía y la ciencia comparten el afán de conocer, la filosofía pronto calló en el pecado de la soberbia y la molicie, abandonando el gravoso principio de consistencia con la realidad, mientras que la ciencia se mantuvo firme en su creencia de que resultaba imprescindible validar sus hipótesis en el mundo real, mediante experimentos objetivos.
El filosofo idea explicaciones y teorías pero no las somete a verificación, porque sabe por propia experiencia, que nunca arrojarán un resultado positivo, de la misma manera que el teólogo nunca plantea hipótesis que puedan verificarse o falsarse objetivamente.
El científico también idea teorías y explicaciones, pero enseguida las somete a prueba a través de experimentos y predicciones. Si su idea no sirve para resolver problemas reales ni puede realizar predicciones útiles, la desecha o la somete a revisión hasta que demuestre su utilidad, si es que la tiene.
El filósofo, por el contrario, se considera a sí mismo liberado de la necesidad de validar sus teorías y eso le permite seguir avanzando en sus elucubraciones, sin invertir apenas esfuerzo, ni correr el riesgo de la decepción y el ridículo. No le importa lo descabellada que sea su hipótesis, pues sabe que su defensa es sólo una cuestión de habilidad dialéctica y de empecinamiento.
El peor inconveniente de la filosofía es que todo el esfuerzo que invirtamos en ella se reduce a tiempo perdido. Su eterno deambular por las esferas celestiales del pensamiento, no la lleva a ninguna parte, como lo demuestra el hecho de que después de tantos siglos de filosofía, no haya aportado ni una sola idea útil a la humanidad, proeza sólo igualada por la religión.
Pero -podría objetar el lector- no es posible que tantos sabios, pensando durante tantos siglos, no hayan conseguido sacar a la luz ni un sólo fruto tangible.
Pues, lo es. Y este auténtico prodigio de incompetencia se explica por el tipo de problemas a los que se han dedicado y la absurda metodología que han seguido.
Como ejemplo, tomemos un caso particular de la filosofía: la teología cristiana. A estas alturas sabemos sin ningún género de dudas que Jesucristo, o bien no existió, o sólo fue un hombre normal y corriente. Pues bien, los teólogos, que fueron considerados grandes pensadores por sus coetáneos, se dedicaron durante siglos y siglos a idear explicaciones y teorías sobre un hecho inexistente: la divinidad de Jesús. Y peor aún: en el siglo XXI siguen haciéndolo, ignorando la poderosa y revolucionaria visión de la Realidad que nos ha proporcionado la ciencia en los dos últimos siglos.
La ciencia ha comprendido desde hace mucho tiempo que la mente humana yerra continuamente y que cada paso, cada suposición, requiere una validación objetiva contra la única instancia fiable: la Realidad.
Y gracias a esa sencilla pero poderosa idea, ha podido avanzar con paso firme y seguro hasta proporcionarnos una cantidad inmensa de respuestas correctas que, además de satisfacer nuestra curiosidad, nos han ayudado a sobrevivir y a convertirnos en los dueños del planeta.
Recordemos que la curiosidad no es sino un instinto adaptativo que nos empuja a conocer el entorno para dominarlo. Somos curiosos porque a la larga, como la ciencia ha demostrado, la curiosidad nos espoleará hasta encontrar la gran respuesta a las tres peguntas fundamentales: como comer, como evitar ser comido y como tener sexo.
Sin embargo, durante la larga exploración realizada y gracias a la versatilidad de nuestro cerebro, hemos encontrado muchas otras preguntas y respuestas intermedias que han enriquecido nuestra vida más allá del estadio animal en el que continúan el resto de las especies vivientes.
Y llegados a este punto, trataremos de plantearnos si puede existir en el siglo XXI una filosofía que sea algo más que una fuente de errores y que no esté aquejada del mal que hemos mencionado, es decir, de la inoperancia y la inutilidad. Y si así fuera, cómo debería ser esa filosofía.
La mayoría de las personas no distinguen netamente la diferencia esencial que hay entre un texto filosófico y un texto científico. En ambos casos se siente sobrepasados y abrumados por los conceptos y la nomenclatura incomprensible y eso les hace creer que esta percepción responde a la misma causa: el haber entrado en contacto con mentes superiores que, por razón de esta superioridad intelectual, le resultan incomprensibles.
Pero en realidad la diferencia fundamental está en que los textos filosóficos son un simulacro de pensamiento enrevesado mientras que la ciencia es la descripción objetiva y demostrada de la realidad, que puede resultar difícil de entender si no se posee formación científica. Sin embargo un texto filosófico no contiene información útil, lo lea quien lo lea, mientras que un texto científico aporta información relevante al lector preparado para comprenderlo.
No obstante lo dicho anteriormente, no toda la filosofía es desechable. Para que un relato filosófico merezca ser leído y resulte útil al lector, debe reunir dos condiciones:
Estar escrito a partir del siglo XIX y apoyarse en la ciencia sin contradecirla ni ignorarla en ningún momento.
Cuando afirmamos que debe ser posterior al siglo XIX queremos decir que sólo a partir del siglo XIX, la ciencia comenzó a manejar conceptos lo suficientemente enrevesados como para necesitar de la filosofía para interpretarlos. Y cuanto más reciente sea la filosofía, como también ocurre con la ciencia, mayor será la cantidad de información relevante disponible.
Adicionalmente, la buena filosofía debe basarse y ser coherente con los últimos descubrimientos de las ciencias experimentales, tales como la física, la astronomía, la biología, etc. Pero, dicho esto, tal vez el lector podría preguntarse para qué necesitamos filósofos si ya tenemos científicos.
Esta es la cuestión clave. La neurociencia, por ejemplo, ha descubierto recientemente que las decisiones tienen lugar unas decimas de segundo antes de que tengamos conciencia de haberlas tomado. Y ahí se detiene.
La buena filosofía, toma ese nuevo hecho recién descubierto e intenta interpretarlo desde el punto de vista de los intereses, creencias y expectativas humanas: ¿somos realmente libres? ¿somos responsables de nuestros actos? ¿es legitimo castigar a los culpables o habría que exonerarnos de su culpa considerando que las decisiones se toman automática e inconscientemente?
Respecto a la teoría de la evolución, por ejemplo, la ciencia constata que el diseño de los seres vivos es el resultado de un proceso progresivo de perfeccionamiento basado en las mutaciones aleatorias y en la supervivencia del más apto. Esto es lo que la ciencia ha descubierto, pero eso no satisface plenamente nuestra curiosidad humana. Queremos saber las implicaciones de ese descubrimiento. ¿Existe el Gran Hacedor? ¿Existe el alma, la ética, el premio o el castigo divino? ¿tiene sentido la vida humana?, ¿tiene una finalidad?, etc.
Todas estas preguntas y muchas otras, no son tarea para la ciencia, sino para la buena filosofía. Pero no se puede hacer buena filosofía sin conocer a fondo la teoría evolutiva y sólo desde ese conocimiento se puede crear una nueva visión, esta vez revolucionaria y auténtica, del hombre como una especie dotada de una inteligencia superior, pero sin conexiones con la divinidad ni en posesión de un alma inmortal, responsable de las funciones superiores del intelecto.
Se necesitan nuevos filósofos para interpretar en claves humanas lo que la ciencia saca a la luz, pero hay que dejar atrás la vieja filosofía, basada en ocurrencias sin fundamento, trabadas con la pegajosa goma de la dialéctica y defendidas desde el principio de autoridad y con la ayuda de una nomenclatura abstrusa.
Tan absurdo es hablar de física basándose en la física infantiloide de Aristóteles, como hacer ética basándose en Platón o Kant, ignorando a Newton y a Darwin.
En cuanto a la última cuestión que nos planteamos, es decir, por qué se llama este blog Tertulia "filosófica" creemos que ha quedado ya explicado. Nuestra intención es proporcional una explicación de algunas cuestiones de interés humano, basada en lo que la ciencia ya conoce, y reinterpretada desde la propia experiencia vital.
La filosofía como conocimiento autosuficiente, ajeno a los descubrimientos científicos y al paso del tiempo, es una utopía trasnochada que, como ocurre con la homeopatía o la acupuntura, aun es defendida por muchos, ya sea por interés, por desconocimiento o por mimetismo cultural.
La filosofía como un intento de interpretar, desde el punto de visto de la curiosidad humana, los descubrimientos científicos, puede ser valiosa para proporcionar al lector unas referencias sólidas que le permitan tomar decisiones acertadas, o al menos para no incurrir en ocurrencias peligrosas para sí mismo y los demás.
Somos máquinas de procesar información, y en la medida que esa información sea errónea o inconsistente con la realidad, se vuelve peligrosa. La buena filosofía ayuda a estructurar la información y a interpretar correctamente las experiencias personales para mejorar y optimizar nuestra conducta.
En suma, la buena filosofa nos ayuda a ser más felices, que es el objetivo último de cualquier sistema de pensamiento, ya sea ciencia o filosofia.
He aquí un filósofo del siglo XXI haciendo buena filosofía del siglo XXI. No estoy diciendo que la buena filosofía es tan fiable como la ciencia, pero sí que es la única digna de consideración, y que puede ayudarnos a comprender la complejidad de la realidad
5 Comentarios Pulse aquí para comentar:
Es real lo escrito. Te invito a que pases por http://escueladelhombre.blogspot.com/ En ese blog estoy trabajando en realizar un concurso internacional y los "filósofos" no me hacen caso, ni siquiera se molestan en contestar.Hay un link que te permite bajarte el libro. ¿Te podrías fijar y decirme qué te parece? Un saludo.
Estimada GRD, creo que tu proyecto es muy ambicioso o tal vez excesivamente ambicioso para que funcione.
Ya que me lo pides, te daré algunas sugerencias para mejorar tu blog desde el punto de vista de la usabilidad.
-Preferible utilizar texto negro sobre fondo blanco.
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-No subrayes, salvo enlaces dinámicos.
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-En la sección COMO PUEDO OBTENER LA OBRA, aparecen comandos visibles. Edita la entrada y bórralos.
A veces el envoltorio es más importante que el contenido a la hora de hacerse oír.
Saludos y suerte.
hola yack. Encuentro interesantes tus reflexiones. Creo que uno de los temas más controvertidos y más importantes es el del libre albedrío. Como ha dicho Espada en alguna ocasión, la responsabilidad será una convención y la defensa socíal es la clave de la cuestión. Me explico con detalle en la entrada de mi blog: "determinismo, libre albedrío y responsabilidad"
En fin, un saludo
Miquel, comparto tu opinión sobre el libre albedrío, después de leer la entrada de tu blog.
En relación con este tema añadiré lo siguiente:
El libro albedrío, de existir, significaría rechazar lo que más nos conviene, y eso sería absurdo porque choca frontalmente con nuestro programa de supervivencia.
Entre varias opciones, siempre elegimos la mejor o la menos mala.
En cuanto al tema ético, es decir, a la implicación para la justicia humana que tendría la inexistencia del libre albedrio, añado lo siguiente:
En realidad, desde el punto de vista de Dios (suponiendo que existiera), sí habría que exculpar a todos los individuos en base a su determinismo mental (sólo puedo hacer lo que más me conviene y yo no puedo decidir qué es lo que más me conviene) porque éste implica irresponsabilidad absoluta.
Sin embargo, vivimos en un mundo real, y el castigo que infringimos a los delincuentes actúa como causa eficiente en su conducta.
Es decir, aun admitiendo que el delincuente (y el honrado) hace siempre lo que más le conviene, al existir el riesgo de un castigo, “lo que más le conviene” ya no es lo mismo que si no existiese la amenaza de un castigo.
Por tanto, el castigo no es la consecuencia de una responsabilidad real, sino un método para cambiar la conducta de los seres humanos en el sentido de hacerla más social, más apropiada para una convivencia optimizada.
Por ejemplo: cuando yo castigo a mi hijo para que no vuelva a jugar con el jarrón de porcelana, simplemente estoy introduciendo en su cerebro una razón extra que oponer al deseo de jugar con el jarrón. Cuando sienta el deseo de jugar con el jarrón, recordará que, probablemente, recibirá un castigo y entonces ya no será una opción divertida al llevar asociado una experiencia desagradable (el castigo).
Como resultado NO jugará con el jarrón, aun siguiendo la norma de hacer siempre lo que más le conviene.
Sólo los que padecen locura o algún tipo de obsesión o malfunción cerebral son inmunes a las amenazas, y por eso la única solución es encerrarlos de por vida si su obsesión es peligrosa para sus semejantes.
Saludos.
JAQUE MATE A LA DOCTRINA JUDAIZANTE DE LA IGLESIA. La importancia de la crítica a la cristología de san Pablo, radica en que nos aporta los elementos de juicio necesarios para visualizar nítidamente __la omisión capital que cometió Pablo en sus epístolas al mutilar al cristianismo de su doctrina más importante. Desechando la prueba viviente en Cristo hombre que nos confirma que es posible alcanzar la trascendencia humana practicando las virtudes opuestas a nuestros defectos hasta adquirir el perfil de humanidad perfecta, patente en Cristo (cero defectos), disciplina que nos da acceso a los contenidos y potencialidades del espíritu__ Y la urgente necesidad de formular un cristianismo laico enmarcado en la doctrina y la teoría de la trascendencia humana (sustentada por filósofos y místicos, y ratificada por la trascendencia humana de Cristo)__, a fin de afrontar con éxito: el ateismo, el islamismo, el judaísmo, el nihilismo, la nueva Era y la modernidad, que amenazan con sofocar el mensaje universal de Cristo. http://es.scribd.com/doc/73946749/Jaque-Mate-a-La-Doctrina-Judaizante-de-La-Iglesia
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