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¿El fin justifica los medios?

La conocida frase "El fin justifica los medios" suele ser aplicada en un sentido negativo, como exponente de la justificación del egoismo y del fanatismo destructivo. Sin embargo, grandes pensadores como Maquiavelo la utilizaron en sentido positivo, como una fórmula válida para obtener el bien común. En esta tertulia trataremos de profundizar en los diferentes sentidos éticos que puede encerrar esta máxima tan controvertida.

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Yack:
La sentencia "El fin justifica los medios" puede interpretarse de dos maneras diferentes y como eso puede crear confusión, comenzaremos por aclarar este punto.

La primera interpretación sería "Cualquier fin justifica cualquier medio" y, formulada así, resulta claramente insostenible, no sólo desde la ética sino desde el más elemental sentido común. Esta interpretación justificaría cualquier acción, por muy absurda, injusta y desproporcionada que fuese.

La segunda interpretación, que es la que consideraremos en adelante, sería esta "Cualquier medio, puede estar justificado por un fin lo suficiente importante".

Veamos con más detalle los matices de esta segunda interpretación:

Consideremos un sujeto que se enfrenta a una situación problemática ante la que debe tomar una decisión para resolverla de la mejor manera posible.
Cada ser humano posee una portentosa máquina mental para enfrentarse y resolver los problemas que la existencia le plantea. Esta máquina está especializada en imaginar un amplio abanico de acciones alternativas y, además, es capaz de evaluarlas en función de su idoneidad para resolver el problema. Finalmente, la mente elige y ejecuta la acción que haya conseguido una puntuación más alta, es decir, la que parezca mejor.

Pero, aquí surge una cuestión importante: ¿La mejor para quien?

Y la respuesta es, obviamente, la mejor para él, para el individuo que posee el cerebro que hace el cálculo y toma la decisión.

Veámoslo con un ejemplo:

El sujeto de nuestro experimento se encuentra en mitad de un atasco de tráfico y localiza una vía de escape, pero hay una señal que le prohibe circular por ella.
En un análisis apresurado, podríamos pensar que al aplicar la norma que nos ocupa, es decir, "el fin justifica los medios" nuestro sujeto optaría por infringir la prohibición de circular aplicando la solución más beneficiosa para él.
Pero, si el cerebro humano es, con diferencia, la mejor máquina de resolver problemas que existe en este planeta, debe ser por una buena razón. El cerebro humano no se limita a un cálculo de coste/beneficio a corto plazo, sino que, como todo buen jugador de ajedrez, realiza un cálculo a largo plazo, involucrando en él las consecuencias futuras que su acción pueda desencadenar.
En el ejemplo que nos ocupa tendrá en cuenta que, aunque esta solución le permita ganar unos minutos, puede también ocasionarle un accidente o atraer sobre sí un castigo social en forma de multa. Y en tal caso, la opción ya no sería tan beneficiosa como podría parecer tras un cálculo superficial y a corto plazo.
Si el sujeto llega a la conclusión final de que lo mejor es esperar pacientemente a que el atasco termine, sigue siendo un cálculo egoísta, pero en él están involucrados datos adicionales, tales como los intereses del grupo social que ha establecido la prohibición. Al introducir en la ecuación que está resolviendo, el factor representado por el riesgo de recibir una sanción, obtendrá un resultado más exacto y, si cabe, más egoísta, porque le beneficiará más que el que había realizado basado en un cálculo incompleto.
Así pues, el fin justifica los medios siempre que la relación costo/beneficio a corto y largo plazo sea positiva para el individuo que utiliza un determinado medio para alcanzar un determinado fin.
La razón por la que esta evidencia queda a veces oculta y ha sido, y ahora es, objeto de debate, se explica porque no se suele tener en cuenta que el cerebro humano trabaja con muchos factores que no siempre están a disposición del observador externo.

Pero para disipar las dudas que puedan quedar pongamos un ejemplo extremo en el uso de un medio: ¿Puede existir un fin que justifique el uso de un medio que consista en torturar a un semejante hasta producirle el mayor dolor que sea posible?

Si nuestra tesis inicial es correcta, la respuesta debería ser afirmativa. Solo tenemos que encontrar un fin lo suficiente valioso como para que supere el coste asociado a la violación de la fuerte prohibición social y moral de no torturar a los semejantes y las correspondientes represalias asociadas.

Supongamos que un policía detiene a un terrorista suicida y que este confiesa que ha instalado un artefacto nuclear en el centro de una populosa ciudad que estallará en 30 minutos.
Ante esta situación límite, el único medio de evitar la muerte de 4 millones de personas inocentes es sonsacarle, contra su voluntad, la ubicación de la bomba y el único medio de conseguirlo, es infringirle tanto dolor físico como para vencer su voluntad fanática de permanecer en silencio para que su acto terrorista se consume.

¿Alguien se plantearía alguna duda sobre si el medio de torturar al terrorista justificaría el fin de salvar a 4 millones de inocentes ciudadanos, entre los que se cuentan el propio policía y toda su familia?

Podemos, por lo tanto, concluir que la máxima "el fin justifica los medios" entendida en la segunda interpretación, se aplica en todos los casos, sin excepción, si tenemos en cuenta que en la evaluación que hace el sujeto sobre el coste/beneficio intervienen factores tales como el miedo a las represalias sociales, el temor al propio remordimiento, el temor a haber incurrido en algún error al evaluar los datos del problema, etc. pero, si finalmente llega a la conclusión de que el beneficio global del fin es superior al coste global del medio, ejecutará la acción que cumple ese requisito.

Naturalmente el hecho de que un individuo considere que un determinado fin justifica un determinado medio no significa que todos compartamos esa opinión. Cuando la mayoría del grupo está de acuerdo, el acto es moralmente legítimo y hasta puede que heroico si está involucrada la seguridad del grupo, mientras que si la mayoría del grupo está en desacuerdo, resultará moralmente ilegitimo.

Ese juicio social y sus posibles consecuencias son tenidas en cuenta por el sujeto que decide como un parámetro crucial en sus cálculos.

Hitler masacró a los judíos porque él y buena parte de la sociedad en que vivía consideraba que el fin justificaba los medios. Sin embargo, al perder la guerra fueron juzgados por sus enemigos que tenían una opinión muy distinta sobre el problema judío y fue la opinión de los Aliados victoriosos la que, finalmente, prevaleció y se afianzó universalmente como una verdad autoevidente.
Sin embargo la bomba que los mismos Aliados lanzaron sobre la población civil de Hiroshima, no se consideró durante mucho tiempo una acción reprobable porque, según pensaban los vencedores, en este caso el fin sí justificaba los medios. Sin lugar a dudas, si el signo de la guerra hubiese sido el contrario, Hirosima sería un genocidio inadmisible y el holocausto judio un mal necesario.
En resumen, el individuo que se enfrenta a una decisión siempre aplica, aunque no sea consciente de ello, la máxima de que el fin justifica los medios, que podría traducirse menos ampulosamente como "haz siempre lo que consideres mejor". El problema real está en evaluar con precisión el coste global a corto, medio y largo plazo del fin y de los medios en relación con los intereses de individuo que decide, teniendo en cuenta que forma parte de una comunidad humana de la que depende física y emocionalmente.

El problema con el que se enfrenta el individuo que decide no es la validez general de la ecuación "el fin justifica los medios", sino el de determinar si un medio determinado justifica un fin determinado, evaluados ambos en su compleja totalidad.

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Warrior:

Esta frase, atribuida equivocadamente a Maquiavelo, se utiliza popularmente para tratar de justificar el empleo de medios perversos para conseguir un fin bueno. Sin embargo, Maquiavelo se refería a la política, teniendo en cuenta que ésta no es moral ni ética, sino que se justifica por sí misma, por su exigencia intrínseca de conducir a los hombres a una forma ordenada y libre de convivencia, y halla su límite en la posibilidad de éxito de los medios adoptados. Algunos medios extremos y repugnantes son impolíticos porque se vuelven contra quien los emplea y hacen imposible el mantenimiento del estado. El dominio de la acción política se extiende a todo lo que ofrece la garantía del éxito, que no es más que la estabilidad y el orden de la comunidad política.

Por lo tanto, para contestar a esta pregunta en el sentido popular y general de su empleo, habría que considerar cada caso en particular y tener en cuenta los medios empleados, los fines a conseguir, la moral, la ética, los valores predominantes en la sociedad, la época y las circunstancias. Es decir, que intervienen tantos factores que pienso que lo mejor sería plantear varios casos y que cada uno reflexione sobre la justificación.

Todos sabemos cómo se terminó la segunda guerra mundial: se lanzaron bombas atómicas sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki. Las víctimas fueron enormes y las consecuencias para los que sobrevivieron, horrorosas. Con este medio horrible se terminó una guerra también horrible ¿Cómo se justifica? ¿Quizá diciendo que si no se hubieran lanzado habría habido aún más víctimas? ¿Pero está justificado matar a unos seres inocentes para salvar a otros? ¿Se justifica sólo por la cantidad? ¿Todos los hombres valen igual?

El médico le dice a su paciente que la enfermedad que tiene no es importante. El médico sabe que su paciente va a morir, sin embargo para no hacerle sufrir no se lo dice. El medio empleado, el engaño, ¿se justifica por el fin de no hacer sufrir? ¿Y si el enfermo al saberlo hubiera podido aprovechar mejor el tiempo que le quedaba de vida? ¿Cómo se justifica, entonces?

Un dictador que dirige a una nación tiene a su pueblo tiranizado. Un grupo organizado decide asesinarlo, puesto que no hay otra posibilidad de cambiar de gobierno. El asesinato está prohibido tanto por las leyes como por la moral. ¿Se podría justificar este crimen? ¿En un ámbito político intervendría la moral o habría que tener en cuenta que el bienestar del pueblo es lo primero?

Un país A tiene un territorio pequeño y una gran población que no puede mantener. El gobierno, democráticamente elegido, decide iniciar una guerra contra un país B que tiene unos recursos que podrían solucionar el problema de A. Quizá desde un punto de vista moral e incluso ético el medio empleado no sea bueno, pero políticamente, sobre todo, si se consigue el objetivo, podría considerarse que el fin ha justificado los medios empleados puesto que ha solucionado el problema del hambre en el país A. No obstante, el medio empleado ha sido el más perverso posible: la guerra. Sin embargo, los ciudadanos del país A están contentos porque han conseguido lo que querían, pero ¿y los del país B?

Todos estos ejemplos se podrían justificar con la doctrina del Bien Superior, teoría sustentada por muchos dictadores, entre ellos Pol Pot, que con sus Jemeres Rojos, asesinó a millón y medio de sus compatriotas camboyanos, con el fin de llevar a cabo la redistribución de la población de las ciudades en el campo y así utilizar esta medida determinante hacia el tipo de comunismo que deseaba instalar en su país.

Esta teoría del Bien Superior no es aceptada por la doctrina cristiana y, creo que, dada su utilización por dictadores, militares (la utilizaron los militares franceses en la Batalla de Verdún) y numerosas sectas, es bastante sospechosa de ser una postura razonable por lo que debe ser siempre muy sopesada una decisión que lleve aparejada emplear medios perversos, aunque el fin parezca bueno. Evidentemente, el ser humano por su naturaleza frágil y su tendencia al egoísmo, puede hacer que, incluso democráticamente, se tomen decisiones inmorales. La decisión de una mayoría no quiere decir que sea justa y, menos, que se justifique ni moral ni éticamente, puesto que la cantidad no equivale ni a calidad ni a la verdad.

3 Comentarios Pulse aquí para comentar:

YACK dijo...

Warrior, en relación con los problemas que planteas, yo diría como solución general que para el sujeto que decide, ya sea un niño que está dudando entre una piruleta o un helado o un dictador que está considerando eliminar a un millón de seres inocentes para afianzar su poder, es sólo una cuestión de elegir la opción más beneficiosa para el que decide.
Naturalmente y dado que cada individuo y cada grupo tiene sus propios intereses y su propia valoración de las cosas, la decisión de un sujeto puede parecernos justa o injusta por el simple hecho de que nosotros no estamos en su misma situación. Pero, así como en la ciencia se trabaja bajo la suposición de existe una verdad suprema que nos guía y nos dirige a todos hacia un punto de encuentro universal, en la ética no existe algo parecido.
Y no existe porque la ética es un compromiso inestable y siempre en revisión entre el bien individual y el colectivo en la medida que el colectivo está íntimamente relacionado con el individual por medio de los castigos y represalias.
Cada ser humano tiene, por lo tanto, una concepción diferente de lo que conviene o no conviene hacer en cada momento y es una ilusión vana llegar a creer que existe una verdad ética suprema, como ocurre en el caso de la ciencia.
Esto es debido a que la ciencia estudia una realidad objetiva y externa al individuo, y sólo resulta útil cuando el investigador deja a un lado lo que a él le gustaría que fuese para concentrarse en lo que realmente es. Por contra, el comportamiento moral no es un sistema para conocer la verdad suprema sino sólo un método para encontrar soluciones óptimizadas para el individuo que toma las decisiones en función de las condiciones variables de entorno. Es decir, la ciencia busca la verdad objetiva de la naturaleza y la ética la mejor jugada que puede hacer el individuo para sobrevivir.

Saludos.

Warrior dijo...

Jack, siento estar en total desacuerdo con lo que planteas sobre la ética. Si vuelves a leer mi ponencia en el tema de Ética y moral, verás que lo que es cambiante es la moral, porque ésta va con el tiempo y las costumbres. La ética por el contrario es universal porque está basada en considerar la igualdad de todo Ser Humano y en los valores básicos universales como la Vida, el Amor, la Justicia, la Verdad, la Solidaridad. La ética no responde sólo a la pregunta ¿qué debo hacer?, sino ¿por qué debo hacer esto o lo otro?. Según lo que tu planteas, parece como si la naturaleza del hombre estuviera acabada desde un principio, cuando por el contrario es una realidad que siempre se está haciendo, como el universo. La ética es el paso de la ley a la conciencia: es el ejercicio de la LIBERTAD. El hombre puede ser egoista y buscar sólo su propio provecho, pero el hombre ético se regula por sus conviccciones, que, naturalmente tienen que estar basadas en la igualdad de todo Ser Humano y en los valores básicos y universales ya citados.

YACK dijo...

Hola Warrior, yo, al contrario que tú no lamento que haya total desacuerdo porque este nos concede la oportunidad de revisar y profundizar en nuestras mutuas convicciones.
Para mí el ser humano es una máquina de supervivencia como cualquier otro animal, sólo que, gracias a su inteligencia excepcional, se ha convertido en el más exitoso del planeta. Pero, básicamente, la conducta humana se explica y se comprende a partir del concepto de supervivencia sin necesidad de echar mano a otras instancias más elevadas y etéreas.
Desde este punto de vista, el ser humano se autorregula por dos fuerzas o criterios complementarios que a veces pueden entrar en conflicto:
- El egoísmo que consiste en hacer siempre lo que más conviene a sus intereses personales o, más exactamente a los de sus genes, que también están en sus hijos, a los que defenderá con riesgo de su propia vida.
- La ética o la moral que es también egoísmo pero a largo plazo, un egoísmo que tiene en cuenta el hecho de que depende de un grupo social sin el apoyo del cual no tiene ninguna posibilidad de sobrevivir.
Cuando nos comportamos éticamente no es que hayamos renunciado al egoísmo sino que hacemos un cálculo más elaborado en el que involucramos los intereses de los demás con el fin último y egoísta de que ellos tengan en cuenta los nuestros.
Eso que tú llamas "convicciones" no es otra cosa que la interiorización de las normas de colaboración social, de intercambio de favores con los demás.
Para que la sociedad funcione bien no basta con un "toma y daca" aquí y ahora, sino que es necesario que se inserte en el individuo un programa de actuación altruista que inhiba automáticamente cualquier acción contraria a los intereses de la comunidad y que estimule las acciones beneficiosas para el grupo. Este modelo de actuación ética se configura durante la educación y se desarrolla adaptativamente a lo largo de la vida.
La capacidad ética es una habilidad innata, como el lenguaje, que necesita sustanciarse a través de la educación para acomodarse a las peculiaridades del grupo social en el que ha nacido el individuo.
Cuando un sujeto actúa éticamente recibe una descarga de endorfinas para reforzar las asociaciones neuronales "éticas" responsables de esa conducta y cuando actúa egoístamente es castigado mediante el remordimiento, pero ese mecanismo "ético" que dispensa placer y dolor forma parte de los sofisticados sistemas mentales de supervivencia (como el lenguaje) que la especie humana posee para sobrevivir como grupo social. Si no fuésemos animales sociales, no tendríamos ética, porque no supondría ninguna ventaja y sí una rémora.
Te voy a poner un ejemplo de cómo funciona el sistema ético: Si surge la ocasión de robar sin ser visto, mi egoísmo me empujaría a hacerlo pero mi sentido ético me lo impediría. Gracias a esta autoprohibición interna los supermercados pueden existir porque, aunque tengan sistemas de vigilancia, cuentan implícitamente con el hecho de que la mayoría de sus clientes son honestos, es decir, renunciarán a robar para evitar el autocastigo de su programación ética. Es cómo si cada uno de ellos llevase en su cabeza un vigilante del que no pudiera escapar nunca y que representa y salvaguarda el interés social. ¡Dios lo ve y lo sabe todo!
Este abordaje científico explica con elegante simplicidad el comportamiento ético humano y es perfectamente compatible con todos los datos empíricos, experimentales y lógicos que poseemos y con el hecho de nuestra naturaleza animal, no siendo necesario recurrir a ninguna otro artefacto intelectual ya sean las tablas de la ley, ya sea la exhalación mental de algún teórico de la especulación ética.

Saludos.