Homosexualidad: Enfermedad u opción
En la antigüedad y aún en muchos países se considera la homosexualidad como una grave aberración moral que hay que corregir, perseguir y castigar hasta con la pena de muerte en algunos casos.
Por otro lado, en las sociedades occidentales más avanzadas se ha llegado, en las últimas décadas, a considerarla más cómo una opción sexual simétrica y equivalente en todo a la sexualidad natural. Hasta tal punto esto es así que se ha empezado a utilizar la palabra "hetero" para designar a la opción sexual mayoritaria, equiparándola, al menos en el terreno linguistico, a su antagonica la homoxesualidad.
Por otro lado, en las sociedades occidentales más avanzadas se ha llegado, en las últimas décadas, a considerarla más cómo una opción sexual simétrica y equivalente en todo a la sexualidad natural. Hasta tal punto esto es así que se ha empezado a utilizar la palabra "hetero" para designar a la opción sexual mayoritaria, equiparándola, al menos en el terreno linguistico, a su antagonica la homoxesualidad.
Trataremos en esta tertulia de arrojar un poco de luz sobre este espinoso tema que está tomando, día a día, un sesgo que no sólo afecta a los homosexuales, sino cada vez más a los que no lo son, a través de los nuevos modelos educativos y de adopción y a las crecientes reivindicaciones sociales y económicas de los colectivos gays.
______________
Para comentar este tema, vaya al final del artículo y pulse en comentarios.
__________________
Material de consulta
_________________
Yack:
Toda ser viviente tiene encomendado al nacer la misión de contribuir con su vida a la prosperidad de la especie a la que pertenece y para ello la Naturaleza la ha dotado de un organismo (hardware) y de un conjunto de instintos (software) que actuando como un programa lo dirigen hacia el objetivo marcado.
Según este planteamiento inicial, el instinto sexual de un animal constituye el programa de mayor importancia, porque sin él, la especie desaparecería, aunque el resto de los sistemas de supervivencia funcionaran con total eficiencia. Podríamos decir, por lo tanto, que todos los sistemas de supervivencia del individuo están, en último término, al servicio del objetivo de la reproducción y si poseemos el instinto de supervivencia se debe, únicamente, a que permanecer vivos es condición necesaria para que pueda llevarse a efecto la reproducción.
A los genes, auténticos artífices de nuestro organismo y de nuestros instintos, no les preocupa nuestra muerte siempre que se produzca después de que hayamos dejado descendencia. Y esto es así porque los genes pueden disfrutar de la inmortalidad saltando desde un individuo a otro a través de las sucesivas generaciones, sin importarles el hecho de que los individuos sean mortales.
Consideremos el hecho de que los individuos homosexuales no pueden reproducirse como consecuencia de tener orientada su atracción sexual hacia su mismo sexo y que con ello hacen fracasar el objetivo fundamental que todo individuo tiene asignado: la perpetuación de la especie. Y puesto que los seres vivos son, en último término, cápsulas herméticas en las que los genes navegan a través del tiempo, de generación en generación, la homosexualidad sería un obstáculo insalvable que impediría a los genes saltar a la siguiente generación.
Pero, dicho esto, podemos plantearnos si, al margen de los intereses de la especie e incluso de los de los genes que la constituyen, el individuo humano, entendido como un microcosmos con sus propios intereses, planes y objetivos, puede considerar la homosexualidad como una opción equivalente a la heterosexualidad o bien como una anomalía, deficiencia, o enfermedad que le perjudica en todos los casos.
Es decir, la pregunta a la que trataremos de responder es si ser homosexual ocasiona al individuo humano problemas y dificultades que no sufriría si fuese heterosexual.
El hecho de que muchos homosexuales hayan sido y sigan siendo ajusticiados, perseguidos, agredidos por su entorno y hasta repudiados por su propia familia, ya anticipa una respuesta afirmativa. Pero aún prescindiendo de la consideración social y ateniéndonos al optimista argumento de que algún día la homosexualidad será vista y tratada en todo el mundo en igualdad de condiciones que la heterosexualidad, resulta evidente que persistirán los siguientes inconvenientes de orden práctico.
1 No pueden tener descendencia propia y la adopción, de permitirse, es una opción problemática en muchos sentidos. En el mejor de los casos posibles, las parejas homosexuales estarían en la misma situación que las parejas estériles.
2 Tienen una menor esperanza de vida debido a las lesiones que experimentan como consecuencia de sus prácticas sexuales y el mayor número de enfermedades de transmisión sexual que sufren.
3 A la hora de buscar pareja sexual tienen limitada la oferta de elección a un grupo mucho más restringido que los heterosexuales, resultando por ello más difícil buscar la pareja que mejor se adapte a sus expectativas.
4 En algunos casos se ven empujados a someterse a tratamientos hormonales de graves efectos secundarios y a complicadas operaciones quirúrgicas para conseguir un aspecto físico que se acerque a sus expectativas emocionales.
5 Al no atenerse al modelo fisiológico previsto por la Naturaleza, sus relaciones físicas son, en general, incompletas y frustrantes en comparación con las de los heterosexuales que están óptimamente configurados para ejercerlas en plenitud.
Evidentemente, y en base a los inconvenientes mencionados, poseer instintos sexuales que no se corresponden con la propia anatomía genera múltiples inconvenientes de orden práctico y de diferente gravedad según los casos y, una prueba de ello, son las operaciones de cambio de sexo que se prodigan cada vez con mayor frecuencia.
En los países socialmente más desarrollados se ha avanzado tanto en el reconocimiento de los derechos de ciertas minorías y especialmente en la representada por el colectivo gay que se ha llegado a formular la teoría de que la homosexualidad lejos de ser una anomalía o enfermedad psicológica es una elección sexual equivalente, en todo, a la heterosexualidad.
Es evidente y comprensible que el colectivo gay, como cualquier otro, esté interesado en ampliar sus derechos y prerrogativas hasta donde sea posible, así como en ampliar el número de homosexuales porque eso aumenta su base de elección y, además, les confiere un carácter de normalidad estadística. Cualquier característica minoritaria que alcance el 50% deja de ser una característica para convertirse en una opción mayoritaria. Si la característica es, además, intrínsecamente negativa, supone una ventaja adicional, al menos en concepto de autoestima.
Para ilustrar este hecho, consideremos por ejemplo el síndrome de Down. En un loable intento de apoyar a las familias de niños con esta enfermedad genética, se ha recurrido a la estrategia de eliminar la palabra “enfermedad” para conseguir una mayor aceptación social. Aunque desde un punto de vista social y humanistico puede ser un método válido, carecería de sentido que en el ámbito técnico de la medicina se eliminara esta anomalía de la lista de enfermedades genéticas, entre otras cosas, porque se dejaría de investigar su tratamiento y curación.
Sin embargo, descatalogar la homosexualidad de la lista de enfermedades psicológicas es lo que ha hecho el colectivo gay en su comprensible afán de incorporarse a la normalidad social. Pero en el caso de la homosexualidad, nos encontramos con una característica especial que puede tener consecuencias sociales indeseables debido a que se trata de una anomalía psicológica que puede generarse como resultado de la presión social, mientras que el síndrome de Down, por ejemplo, no puede producirse ni extenderse por presión social, al ser de naturaleza estrictamente genética.
Para entender este importante aspecto del problema tenemos que recordar que en la escala animal los instintos tienen diferente importancia. Mientras que en los organismos más simples y primitivos los instintos están completamente configurados como programas ya acabados, en los seres más evolucionados y complejos los instintos se terminan de reconfigurar a lo largo de la vida con el objetivo de hacerlos más efectivos y mejor adaptados al entorno cambiante.
El ser humano es el animal que posee mayor flexibilidad instintiva de todas las especies y eso le hace particularmente vulnerable a la reprogramación equivocada de sus instintos a lo largo de su vida. Por eso es tan importante asegurar un desarrollo normal de la sexualidad.
Se ha comprobado, por ejemplo, que en algunas tribus y culturas todos los jóvenes atraviesan una época de homosexualidad obligados por las normas sociales, aunque luego recuperen su heterosexualidad, presionado también por las mismas normas sociales.
Aunque no existen pruebas concluyentes, hoy día se considera que existen homosexuales genéticos basados en alguna anomalía en el desarrollo embrionario que ha cambiado su orientación sexual básica, mientras que en la mayoría de los casos, la orientación sexual se configura a través de las experiencias vitales.
Podemos imaginar, por tanto, que existe un amplio grupo de individuos que nacen sin una orientación claramente marcada que van a convertirse en homosexuales en función de las experiencias que tengan a lo largo de su desarrollo. En ellos será determinante la familia, los amigos, los profesores, las películas que vean, las conversaciones que oigan, los libros que lean y, en general, el tipo de creencias culturales sobre la sexualidad que predomine en el entorno social donde se desarrollen emocional e intelectualmente.
Y justamente es aquí donde la normalización de la homosexualidad puede desempeñar un papel negativo para el conjunto de la sociedad. En la medida que se acepte y se difunda la teoría de que la homosexualidad no es un serio problema sino una elección equivalente a la heterosexualidad, estaremos propiciando el incremento de homosexuales, es decir, de ciudadanos con problemas importantes.
Pero si, para complacer al poderoso y activo colectivo gay eliminamos la homosexualidad de la relación de enfermedades psicológicas y la convertimos en una opción sexual tan válida como la heterosexualidad, ¿cómo podemos negarnos a que se haga proselitismo de ella en las escuelas, en la televisión y en el medio social de una opción?
Para el colectivo gay, que ya sufre el problema, el hecho de que una cantidad cada vez mayor de la sociedad se vuelva homosexual es una ventaja, pero para el colectivo heterosexual, es decir, para los ciudadanos que disfrutan de una sexualidad sana y normal, se convierte en una clara e importante desventaja. Si caemos en la trampa de lo políticamente correcto acabaremos sufriendo los efectos de una decisión errónea, en nuestros propios hijos.
Por lo tanto, la actitud razonable sería aceptar y propiciar el respeto a los homosexuales, pero sobre la base de que se trata de una anomalía psicológica referida al comportamiento sexual que se debe evitar a toda costa. Y esa es la idea que debería trasladarse a la educación y a los medios de comunicación que tanto influyen en la conformación psicológica de los más jóvenes.
Por último mencionar el hecho curioso de que se considera que los homosexuales nunca pueden volver a ser heterosexuales sin grave daño para su personalidad, mientras que se acepta, como una evolución hacia formas superiores, el tránsito de la heterosexualidad a la homosexualidad.
Se sabe, sin embargo, que es posible en algunos casos, la recuperación de la normalidad sexual y, con ello, sus notables ventajas, y en los casos en que esto sea posible, deberían estimularse y subvencionarse los correspondientes tratamientos, de la misma forma que se subvencionan los cambios de sexo que representan un serio riesgo y una mutilación de órganos sanos y operativos, en beneficio de una anomalía psicológica.
En resumen, un sí rotundo al respeto hacia los homosexuales, pero desde la perspectiva de que se trata de un problema serio que hay que evitar a toda costa y por todos los medios posibles. Estos dos puntos deben ir inseparablemente unidos siempre que se hable de la homosexualidad, principalmente en las escuelas y en los medios de comunicación.
Según este planteamiento inicial, el instinto sexual de un animal constituye el programa de mayor importancia, porque sin él, la especie desaparecería, aunque el resto de los sistemas de supervivencia funcionaran con total eficiencia. Podríamos decir, por lo tanto, que todos los sistemas de supervivencia del individuo están, en último término, al servicio del objetivo de la reproducción y si poseemos el instinto de supervivencia se debe, únicamente, a que permanecer vivos es condición necesaria para que pueda llevarse a efecto la reproducción.
A los genes, auténticos artífices de nuestro organismo y de nuestros instintos, no les preocupa nuestra muerte siempre que se produzca después de que hayamos dejado descendencia. Y esto es así porque los genes pueden disfrutar de la inmortalidad saltando desde un individuo a otro a través de las sucesivas generaciones, sin importarles el hecho de que los individuos sean mortales.
Consideremos el hecho de que los individuos homosexuales no pueden reproducirse como consecuencia de tener orientada su atracción sexual hacia su mismo sexo y que con ello hacen fracasar el objetivo fundamental que todo individuo tiene asignado: la perpetuación de la especie. Y puesto que los seres vivos son, en último término, cápsulas herméticas en las que los genes navegan a través del tiempo, de generación en generación, la homosexualidad sería un obstáculo insalvable que impediría a los genes saltar a la siguiente generación.
Pero, dicho esto, podemos plantearnos si, al margen de los intereses de la especie e incluso de los de los genes que la constituyen, el individuo humano, entendido como un microcosmos con sus propios intereses, planes y objetivos, puede considerar la homosexualidad como una opción equivalente a la heterosexualidad o bien como una anomalía, deficiencia, o enfermedad que le perjudica en todos los casos.
Es decir, la pregunta a la que trataremos de responder es si ser homosexual ocasiona al individuo humano problemas y dificultades que no sufriría si fuese heterosexual.
El hecho de que muchos homosexuales hayan sido y sigan siendo ajusticiados, perseguidos, agredidos por su entorno y hasta repudiados por su propia familia, ya anticipa una respuesta afirmativa. Pero aún prescindiendo de la consideración social y ateniéndonos al optimista argumento de que algún día la homosexualidad será vista y tratada en todo el mundo en igualdad de condiciones que la heterosexualidad, resulta evidente que persistirán los siguientes inconvenientes de orden práctico.
1 No pueden tener descendencia propia y la adopción, de permitirse, es una opción problemática en muchos sentidos. En el mejor de los casos posibles, las parejas homosexuales estarían en la misma situación que las parejas estériles.
2 Tienen una menor esperanza de vida debido a las lesiones que experimentan como consecuencia de sus prácticas sexuales y el mayor número de enfermedades de transmisión sexual que sufren.
3 A la hora de buscar pareja sexual tienen limitada la oferta de elección a un grupo mucho más restringido que los heterosexuales, resultando por ello más difícil buscar la pareja que mejor se adapte a sus expectativas.
4 En algunos casos se ven empujados a someterse a tratamientos hormonales de graves efectos secundarios y a complicadas operaciones quirúrgicas para conseguir un aspecto físico que se acerque a sus expectativas emocionales.
5 Al no atenerse al modelo fisiológico previsto por la Naturaleza, sus relaciones físicas son, en general, incompletas y frustrantes en comparación con las de los heterosexuales que están óptimamente configurados para ejercerlas en plenitud.
Evidentemente, y en base a los inconvenientes mencionados, poseer instintos sexuales que no se corresponden con la propia anatomía genera múltiples inconvenientes de orden práctico y de diferente gravedad según los casos y, una prueba de ello, son las operaciones de cambio de sexo que se prodigan cada vez con mayor frecuencia.
En los países socialmente más desarrollados se ha avanzado tanto en el reconocimiento de los derechos de ciertas minorías y especialmente en la representada por el colectivo gay que se ha llegado a formular la teoría de que la homosexualidad lejos de ser una anomalía o enfermedad psicológica es una elección sexual equivalente, en todo, a la heterosexualidad.
Es evidente y comprensible que el colectivo gay, como cualquier otro, esté interesado en ampliar sus derechos y prerrogativas hasta donde sea posible, así como en ampliar el número de homosexuales porque eso aumenta su base de elección y, además, les confiere un carácter de normalidad estadística. Cualquier característica minoritaria que alcance el 50% deja de ser una característica para convertirse en una opción mayoritaria. Si la característica es, además, intrínsecamente negativa, supone una ventaja adicional, al menos en concepto de autoestima.
Para ilustrar este hecho, consideremos por ejemplo el síndrome de Down. En un loable intento de apoyar a las familias de niños con esta enfermedad genética, se ha recurrido a la estrategia de eliminar la palabra “enfermedad” para conseguir una mayor aceptación social. Aunque desde un punto de vista social y humanistico puede ser un método válido, carecería de sentido que en el ámbito técnico de la medicina se eliminara esta anomalía de la lista de enfermedades genéticas, entre otras cosas, porque se dejaría de investigar su tratamiento y curación.
Sin embargo, descatalogar la homosexualidad de la lista de enfermedades psicológicas es lo que ha hecho el colectivo gay en su comprensible afán de incorporarse a la normalidad social. Pero en el caso de la homosexualidad, nos encontramos con una característica especial que puede tener consecuencias sociales indeseables debido a que se trata de una anomalía psicológica que puede generarse como resultado de la presión social, mientras que el síndrome de Down, por ejemplo, no puede producirse ni extenderse por presión social, al ser de naturaleza estrictamente genética.
Para entender este importante aspecto del problema tenemos que recordar que en la escala animal los instintos tienen diferente importancia. Mientras que en los organismos más simples y primitivos los instintos están completamente configurados como programas ya acabados, en los seres más evolucionados y complejos los instintos se terminan de reconfigurar a lo largo de la vida con el objetivo de hacerlos más efectivos y mejor adaptados al entorno cambiante.
El ser humano es el animal que posee mayor flexibilidad instintiva de todas las especies y eso le hace particularmente vulnerable a la reprogramación equivocada de sus instintos a lo largo de su vida. Por eso es tan importante asegurar un desarrollo normal de la sexualidad.
Se ha comprobado, por ejemplo, que en algunas tribus y culturas todos los jóvenes atraviesan una época de homosexualidad obligados por las normas sociales, aunque luego recuperen su heterosexualidad, presionado también por las mismas normas sociales.
Aunque no existen pruebas concluyentes, hoy día se considera que existen homosexuales genéticos basados en alguna anomalía en el desarrollo embrionario que ha cambiado su orientación sexual básica, mientras que en la mayoría de los casos, la orientación sexual se configura a través de las experiencias vitales.
Podemos imaginar, por tanto, que existe un amplio grupo de individuos que nacen sin una orientación claramente marcada que van a convertirse en homosexuales en función de las experiencias que tengan a lo largo de su desarrollo. En ellos será determinante la familia, los amigos, los profesores, las películas que vean, las conversaciones que oigan, los libros que lean y, en general, el tipo de creencias culturales sobre la sexualidad que predomine en el entorno social donde se desarrollen emocional e intelectualmente.
Y justamente es aquí donde la normalización de la homosexualidad puede desempeñar un papel negativo para el conjunto de la sociedad. En la medida que se acepte y se difunda la teoría de que la homosexualidad no es un serio problema sino una elección equivalente a la heterosexualidad, estaremos propiciando el incremento de homosexuales, es decir, de ciudadanos con problemas importantes.
Pero si, para complacer al poderoso y activo colectivo gay eliminamos la homosexualidad de la relación de enfermedades psicológicas y la convertimos en una opción sexual tan válida como la heterosexualidad, ¿cómo podemos negarnos a que se haga proselitismo de ella en las escuelas, en la televisión y en el medio social de una opción?
Para el colectivo gay, que ya sufre el problema, el hecho de que una cantidad cada vez mayor de la sociedad se vuelva homosexual es una ventaja, pero para el colectivo heterosexual, es decir, para los ciudadanos que disfrutan de una sexualidad sana y normal, se convierte en una clara e importante desventaja. Si caemos en la trampa de lo políticamente correcto acabaremos sufriendo los efectos de una decisión errónea, en nuestros propios hijos.
Por lo tanto, la actitud razonable sería aceptar y propiciar el respeto a los homosexuales, pero sobre la base de que se trata de una anomalía psicológica referida al comportamiento sexual que se debe evitar a toda costa. Y esa es la idea que debería trasladarse a la educación y a los medios de comunicación que tanto influyen en la conformación psicológica de los más jóvenes.
Por último mencionar el hecho curioso de que se considera que los homosexuales nunca pueden volver a ser heterosexuales sin grave daño para su personalidad, mientras que se acepta, como una evolución hacia formas superiores, el tránsito de la heterosexualidad a la homosexualidad.
Se sabe, sin embargo, que es posible en algunos casos, la recuperación de la normalidad sexual y, con ello, sus notables ventajas, y en los casos en que esto sea posible, deberían estimularse y subvencionarse los correspondientes tratamientos, de la misma forma que se subvencionan los cambios de sexo que representan un serio riesgo y una mutilación de órganos sanos y operativos, en beneficio de una anomalía psicológica.
En resumen, un sí rotundo al respeto hacia los homosexuales, pero desde la perspectiva de que se trata de un problema serio que hay que evitar a toda costa y por todos los medios posibles. Estos dos puntos deben ir inseparablemente unidos siempre que se hable de la homosexualidad, principalmente en las escuelas y en los medios de comunicación.

17 Comentarios Pulse aquí para comentar:
nunca, pero nunca nunca nunca lei TANTA IGNORANCIA JUNTA!}filosofia?? por dios, prejuicios de un resentido ignorante, estudie señor, es lo mejor que puede hacer por usted mismo, antes que pretender saberlo todo.
muy provechosas las instrucciones para dejar un mensaje en este, su templo de la ignorancia...
Amigo Anónimo, te agradezco tu intervención y deduzco de ella que la haces desde la sabiduría suprema cuando eres capaz de diagnosticar con tanta seguridad mi absoluta ignorancia. Te estaría muy agradecido si en lugar de insultos dejases algún razonamiento que me ayudara a salir del abismo de mi ignorancia.
Saludos.
Hacia tiempo que no leía una opinión tan ponderada sobre la homosexualidad, tan alejada de su exaltación en los medios de comunicación populares. Animo a gente como la que ha puesto el primer comentario a que aporten datos en vez de insultos.
Ya exiten estudios donde está comprobado que la homosexualidad causa mas muertes que el tabaco, el alcoholismo o la adiccion a las drogas.
Transmiten sífilis, Hepatitis A,B,C,D Y citomegavirus, traumatismos como incontinencia fecal, hemorroides, fisura anal, edema penil y SIDA.
Esto no es homofobia, son datos objetivos.
El gran problema: La cobardía política tanto de un bando como de otro, los votos son lo que cuentan.
Si existiese un colectivo unido y organizado de fumadores, el tabaco dejaría de ser un problema, seria una opción libre y bien vista.
La homosexualidad no es buena ni normal, pero decir esto es esperar que te llamen facista, inquisidor, homofobo...
Pues nada la verdad es una, si el tabaco mata como estamos hartos de ver en los anuncios la homosexualidad mas.
Con la dictadura del pensamiento que nos ha traído el progresismo y la añagaza de lo políticamente correcto, se ha impuesto la obligatoriedad de negar los datos que no encajan con las teorías progresistas. Los datos se niegan o se interpretan en términos éticos, confundiendo “lo que es” con “lo que ellos han decidido o les gustaría que fuese”.
Por ejemplo el dato que aportas sobre la mortalidad de los homosexuales es negado sin más y el que lo propone o defiende, perseguido y repudiado de por vida. Y aquí estamos, apresados ideológicamente entre los teoremas y axiomas demenciales emanados del lamentable Mayo del 68 en el que se dio a luz a la teoría social más absurda que jamás haya existido.
Que la homosexualidad es una anomalía se demuestra fácilmente imaginando qué ocurriría con la especie humana si todos nos volviésemos homosexuales. El hecho de que una anomalía adquiera cierto grado de incidencia no la vuelve normalidad, como el hecho de que cada vez haya más diabéticos no reduce la gravedad de la enfermedad.
El problema es que la homosexualidad ha pasado, en solo 40 años, de ser el peor estigma que podía imaginarse y el peor insulto que podía infringirse, a convertirse en una peculiaridad de la que alardear y ufanarse en carrozas que circulan por las calles más céntricas de la ciudad subvencionadas con dinero público.
Ni persecución y desprecio, como antes, ni exaltación como ahora, porque el problema principal de la actual exaltación rayana en la admiración hacia la homosexualidad es que estimula la homosexualidad en aquellas personas que no están claramente definidas y que podrían aspirar a una vida plena en el ámbito de la heterosexualidad.
En resumen, la sexualidad es una anomalía seria del instinto sexual que sufren algunas personas, a las que hay que respetar, como a cualquier otra persona que padece otro tipo de deficiencia, pero no por ello negar su anomalía y los inconvenientes que conlleva.
Enseñemos a los niños lo que es la homosexualidad para que la conozcan, pero presentémosla como lo que es, una anomalía que lleva incorporada severos problemas y limitaciones.
Añadiré que el hecho de que muchos homosexuales afirmen que su anomalía no es un problema y que no querrían volverse heterosexuales se debe a que su cerebro funciona como el del sexo opuesto y sólo pueden imaginar el placer sexual desde su actual posición mental.
No es fácil desligar el placer con la forma en que éste tiene lugar y esta circunstancia es la que provoca que los homosexuales estén apegados a su anomalía y la defiendan como parte irrenunciable de su identidad. Sería como si a alguien a quien le gustase los alimentos dulces le propusieran someterse a un tratamiento para que le gustara lo amargo. No podría imaginarse a sí mismo disfrutando con lo que ahora le repele y repudiando a lo que ahora desea y se negaría a la posibilidad del tránsito a un nuevo estado que se le antoja inimaginable. Con más razón un homosexual, cuya existencia y experiencia vital está condicionada por su anomalía sexual, estaría dispuesto a cambiar de tendencias sexuales y con ello perder el sentido asociado a buena parte de su vida pasada, presente y también futura en cuanto a expectativas emocionales, sociales, etc.
Pero tampoco es cosa de que los heterosexuales asuman como propios los deseos y expectativas de los homosexuales y les ayuden a llevarlas a cabo con grave daño para sus propios intereses.
Saludos.
(Escribo desde un teclado sin acentos). Sobre este tema hoy he leido que en Espana un homosexual a demandado a su jefe porque este dijo abiertamente que consideraba una anomalia su condicion... imagino que dada la situacion zerolil que padecemos, el homsexual sera presentado como un nuevo martir
Hola Plutarco, tu aportación me concita esta reflexión de propósito general.
Los seres humanos somos máquinas jerárquicas que no dejamos de luchar consciente e inconscientemente por ocupar el nivel superior y desde él someter y abusar de los que están por debajo.
Los homosexuales, por razón de su anomalía conductual, del peligro que representaba el contagio de esa anomalía para la sociedad y del hecho de conformar una minoría dispersa, fueron agredidos, maltratados y perseguidos durante milenios. Y aún siguen siéndolo en las culturas menos avanzadas.
Pero ahora, por efecto de los modelos éticos y buenistas de nuevo cuño que han proliferado en una sociedad tan opulenta que puede permitirse estos dispendios de energía, los homosexuales han escalado la jerarquía social con tal velocidad que se han pasado del punto cero y, sin solución de continuidad, han iniciado las primeras escaramuzas para establecerse como clase dominante y amenazadora. Afortunadamente, por ser una minoría sin posibilidad biológica de dejar de serlo, los heterosexuales pueden sentirse seguros de que no serán objeto de los mismos abusos que antaño ellos les infringieron. Pero están haciendo todo lo que pueden para ponerse por encima y al amparo de las nuevas leyes abusar de sus, a un tiempo enemigos y objetos de sus apetencias sexuales.
Sólo me queda decir que la razón de la presión sobre los homosexuales se debe a que las sociedades humanas (y no humanas) repudian y persiguen todo lo que es diferente, y más aún si es contagioso. Y lo hacen siguiendo un mandato instintivo grabado en sus genes que les dice que todo lo que es diferente a la media es potencialmente peligroso, ya sea porque representa un grupo de individuos con intenciones comunes y potencialmente dominadoras (racismo), ya sea porque degradará su valioso patrimonio genético al fundirse con el suyo (deformaciones físicas, minusvalías, fealdad, etc.).
Pero la biológica no tiene ética, porque solo busca la eficacia y permite, por ejemplo, acciones tan poco éticas como que los machos que toman el puesto de jefe del harén, aniquilen sistemáticamente a todos los cachorros que no son suyos. Es la ética de lo eficaz y sólo desde la opulencia inusitada de nuestra sociedad occidental se puede cuestionar, sin grave riesgo de desaparecer aniquilados por la competencia de los que sí se rigen por esas normas biológicas de brutal eficacia.
Todavía hay muchos pueblos que matan sistemáticamente a las hijas porque se exige una fuerte dote para casarlas. Y eso es la lógica de la naturaleza que sólo puede soslayarse desde la poderosa tecnología que ha desarrollado la civilización occidental y de la casi ilimitada abundancia de recursos que ha generado.
Saludos.
Efectivamente plutarco, son los nuevos mártires, ademas de que todo el que opine diferente se convierte en homófobo.
Es la punta del iceberg, pronto no se podrá hacer ni chistes de maricas, es la libertad de expresión que nos ofrece la izquierda, ya no podemos fumar,incluso en los parques públicos,no podemos comprar una cerveza a partir de las 10 de la noche, pero si podemos abortar con 16 años 0 32 da igual, los viejos molestan y la eutanasia es una opción "respetable" y a tener en cuenta para garantizar una "calidad de vida" a nuestros mayores..
Lo siento, me he ido del tema.
Veo que el problema es serio, yack dice en el anterior post que no hay que preocuparse, que ellos no podrán marginar a los heterosexuales por ser una minoría biológica, yo no estoy tan seguro, en las escuelas proponen la homosexualidad como una forma mas de relación en la sociedad, es decir pueden elegir chico y chica, chico y chico o chica y chica, todo es respetable y valido, y eso en chavales adolescentes donde precisamente "adolecen" de integridad es muy fácil desviarlos de su genética "original y genuina" luego ya se las arreglaran para reproducirse, pero el que nazca... ya sabe las opciones que le esperan, seguramente siempre habrá una oveja negra en la familia que salga heterosexual..
Vive, lo que quise decir con lo de “mayoría biológica” era que cuando nacemos ya venimos con el sexo psicológico puesto. Al nacer ya poseemos un cerebro de hombre o de mujer por razón de la influencia de las fuertes dosis de hormonas (testosterona, por ejemplo) que nos han afectado en el útero materno. Así que, por mucho proselitismo e ingenierita social que se haga en favor de los homosexuales, los heterosexuales seguirán siendo mayoría porque cuentan a su favor con la programación genética, que vela por la supervivencia de la especie.
No obstante, la influencia que se está generando desde el colectivo gay ampliará significativamente el porcentaje de heterosexuales en favor del de homosexuales, pero nunca hasta el punto de poner en peligro la supremacía numérica, que no ideológica, de los heterosexuales.
Claro que no hay que descartar que en un futuro no muy lejano se sometan a las embarazadas más progresistas a tratamientos hormonales para prevenir y combatir la injusticia discriminatoria que la Naturaleza aplica a los homosexuales. Y esta terapia hormonal preventiva, que en principio sería facultativa, podría convertirse en obligatoria como una ampliación de las leyes actuales de discriminación positiva que tanto gustan a los gobiernos progresistas.
Saludos.
Me parece bien lo que dices, solo que coincidirás conmigo que existen minorías que doblegan y someten a las mayorías.
Eso es lo que me preocupa, es mas te diré que incluso biológicamente podrán en un futuro modificar los genes y hacer terapias para "corregir" esa anomalía de la heterosexualidad...
Lo digo como lo pienso, y cuanto me gustaría que me dijerais que es un absurdo lo que "vaticino"
Aquí no puedo contradecirte Vive. No hay que descartar que los progresistas conciban algún día la teoría dialéctica de que la ingeniería genética es la solución final para arreglar de una vez por todas las injusticias de la Naturaleza que, según ellos, es claramente reaccionaria y de derechas.
Espero no estar vivo para verlo si tal cosa llegara a ocurrir.
La verdad yo no estoy de acuerdo y nunca lo estare con los maricones(perdonen el termino pero gay en ingles significa maricon)ya que, veanlo desde un punto de vista de la mujer,primero es una burla a las mujeres ya que su forma de hablar y moverse es como de una mujer exagerada,segundo cada 20 mujeres hay 7 hombres entonces si estos se convierten en "gay" entonces nosotras estamos obligadas a quedarnos solas,compartir marido o convertirnos en lesbianas y los sueños y creencias de cada una se veria afectada porque los señores se enamoran de otros señores,no digo que este mal pero tampoco digo que este bien ya que el amor es ciego..pero que se yo...creo que es una enfermedad incurable...es complicado de explicar...
Mi postura frente a la homosexualidad es que debe respetarse la configuración sexual de cada cual, pero teniendo en cuenta los siguientes puntos:
- La homosexualidad es una anomalía del instinto sexual, que se traduce en un problema físico, psicológico y social para su poseedor.
- El comportamiento homosexual tiene una base genética pero también un componente social contagioso.
- Por lo tanto, no debe hacerse apología de la homosexualidad, presentándola como una opción equivalente a la heterosexualidad.
Saludos.
Más de los dos tercios de los casos de pederastia dentro de la iglesia católica han sido con personas del mismo sexo. Incluso cuando han sido monjas las que han realizado esos abusos, en su gran mayoría ha sido con niñas. Aún así, el lobby gay se siente "indignado" porque alguien ha señalado la correlación entre homosexualidad y pederastia. Es curioso que ese mismo lobby gay consiguiera que se rebajará la edad de consentimiento sexual en España creo que a los 12 o 13 años. ¿Es la disonancia cognitiva también un efecto colateral de la homosexualidad?.
El caso que planteas se encuadra en este modelo: la realidad es tozuda, pero los progresistas más.
El progresismo parte de unas ideas generadas en algún rincón bienintencionado y cándido de su mente. Luego se entusiasman con esas grandes ideas (que ellos llaman ética) y dedican el resto de su vida y de su talento a adaptar la realidad a esas ideas.
Pero como la realidad se rige por sus propias leyes, los progresistas se ven obligados a negar evidencias, reescribir conceptos, redefinir palabras, prohibir opiniones, perseguir ideas que no encajan, hasta que, finalmente, consiguen fabricar una realidad alternativa donde todo está en su lugar, y entonces van y se instalan en ella para encontrar la paz espiritual.
El problema surge cuando llegan al poder e intentan imponernos esa realidad, ya sea en economía o en su concepción de la sexualidad igualitaria y simétrica.
Los científicos políticamente incorrectos, que aún no han sido expulsados de sus cargos por homofobia, sostienen que una de las razones de la homosexualidad es la inundación de hormonas de signo contrario durante fases tempranas del desarrollo fetal, lo que provoca un cataclismo cerebral en las regiones dedicadas a la sexualidad y a la propia identidad. En pocas palabras, se produce una inconsistencia severa entre el diseño corporal y las expectativas asociadas con el deseo sexual y con la propia identidad en relación con el entorno social.
Nadie tiene culpa de que, de vez en cuando, se produzca ese fenómeno biológico, pero resulta comprensible que se vean afectados comportamientos asociados al sexo, como la pederastia, ya que estamos hablando de un accidente hormonal y no de un proceso de desarrollo normal.
La actitud positiva es respetar la sexualidad de esas personas, pero sin caer en la promoción de su peculiar sexualidad como una forma tan sana y deseable como la sexualidad normal, posibilitando con ello que mentes poco definidas sexualmente opten por la homosexualidad bajo la influencia de ciertas personas o instituciones (la escuela, por ejemplo) de referencia en cuestión de costumbres y conductas.
Pero los progresistas, en su afán de igualarlo todo para alcanzar la justicia suprema, basada en la equidad absoluta, condenan las estadísticas que no resulten equilibradas y acordes con sus prejuicios. Ante ellas se tapan los ojos, o peor aún, persiguen a los disidentes que se atreven a cuestionar su visión “ética” y equilibrada del mundo.
Y no descansarán hasta anular las diferencias, aunque esto suponga sumergirnos en un mundo alucinatorio, en el que haya que transitar guiándose de la única brújula que funciona en su universo desquiciado e incoherente: el materialismo dialectico, una brújula que al no estar imantada, se puede orientar en la dirección que su dueño prefiera.
Saludos Plutarco.
¿cual es el porcentaje de gays que hay trabajando en los programas de televisión dedicados al "corazón? hay estudios al respecto? No lo sé. y cual el la razón? Tampoco lo sé
¿Cual es la mayor ilusión o motivo de felicidad de una señora que tiene un hijo/a en edad de procrear? Esta sí que la sé: ser abuela
Miquel no conozco esas estadísticas, aunque puedo suponer que a la hora de regodearse en las intimidades de los demás, algunos homosexuales parecen haber encontrado un filón.
A nadie le agrada que se haga escarnio público de sus andanzas sexuales, y por eso mismo, son pocos los que se atreven a airear estos asuntos en público por miedo a atraer las represalias de sus víctimas.
Pero dado que la homosexualidad, por obra y gracia del progresismo, se ha revestido de una coraza impenetrable de respetabilidad, algunos homosexuales han aprendido a servirse de esta bula para despellejar sin compasión, y con menor riesgo, a toda criatura viviente que se ponga a tiro.
Personalmente creo que vivir a costa de exponer en público las vergüenzas de los demás es un oficio lamentable, cualquiera que sea el tipo de sexualidad que se profese.
En cuanto a las abuelas, la razón es clara. La Naturaleza establece sus reglas y el ver los propios genes reproducidos en dos generaciones es algo que satisface porque representa la confirmación del éxito reproductivo. La homosexualidad, por muy respetable que sea, constituye un obstáculo que se opone a esa aspiración.
Saludos.
Publicar un comentario en la entrada